Guerra sin fin: Cuatro años de conflicto en Ucrania han dejado un saldo claro: nadie gana, pero Putin no puede retroceder.
Vladimir Putin se encuentra en una encrucijada que él mismo diseñó. Sus tropas en Ucrania no logran avances significativos, y cada día que pasa, la posibilidad de una victoria rusa se desvanece. Las negociaciones de paz en Ginebra, que muchos ven como una salida, en realidad podrían ser una trampa. Un acuerdo no solo sería difícil de alcanzar, sino que, de firmarse, podría desatar una crisis interna en Rusia, amenazando el legado de Putin como uno de los líderes más poderosos de la historia.
El frente de batalla: un avance insignificante
En la Gran Guerra Patria, el Ejército Rojo avanzó 1.600 km desde Moscú hasta Berlín. En Ucrania, después de más de cuatro años, las fuerzas rusas apenas han ganado 60 km en Donetsk, su principal objetivo. Esa distancia equivale al trayecto entre Washington y Baltimore, un avance mínimo en comparación con el esfuerzo bélico desplegado.
Rusia no ha logrado concentrar suficiente potencia de fuego para romper las líneas ucranianas. En la llamada «zona de muerte», un área de 10 a 30 km a lo largo del frente, drones y operadores de inteligencia hacen imposible que soldados y equipos se agrupen sin ser detectados. Incluso si lograran un avance, explotar esa brecha sería casi imposible.
La situación se agrava con el tiempo. Durante los primeros tres años, Rusia logró reforzar sus filas, pero desde finales de 2024, las bajas superan a los nuevos reclutas. Los nuevos contingentes llegan con poco entrenamiento, baja moral y un aumento en las deserciones. Starlink bloqueó el acceso a terminales de contrabando usados para guiar ataques, y el gobierno ruso suspendió Telegram, la plataforma clave para las comunicaciones en el frente.
El costo humano y económico: una guerra insostenible
Reclutar soldados se ha vuelto cada vez más difícil y costoso. Rusia depende del dinero, no del patriotismo, para llenar sus filas. La alta probabilidad de muerte o lesiones graves, junto con el abandono de veteranos y la negativa del Estado a pagar compensaciones a las familias de los caídos, han encarecido el reclutamiento. Desde junio de 2025, la prima media de alistamiento aumentó a 2,43 millones de rublos (32.000 dólares), según el grupo Re: Rusia.
El gasto militar representa un lastre para la economía rusa. La cuenta anual de 5,1 billones de rublos equivale al 90% del déficit federal. Mientras el resto de la economía se contrae y los pagos de deuda aumentan, las perspectivas para los ingresos petroleros son sombrías. Putin puede seguir bombardeando ciudades e infraestructuras ucranianas para debilitar la moral, pero estos ataques no bastan para forzar una capitulación.
Su mayor apuesta es que Ucrania, con escasez de hombres y material, sufra una crisis política antes que Rusia. Hasta ahora, esa estrategia ha fracasado durante cuatro años, y las probabilidades no mejoran.
¿Por qué Putin no acepta la paz?
Si Putin pudiera consolidar sus ganancias y reagruparse, siempre tendría la opción de reanudar la ofensiva más adelante. Sin embargo, cualquier plan de paz que satisfaga a Moscú parece lejano. Las negociaciones actuales tienen un aire de fachada, como lo demuestra la promesa de un dividendo de 12 billones de dólares, gran parte del cual se repartiría entre Rusia y Estados Unidos.
Además, es poco probable que se le conceda a Putin el territorio que no ha podido conquistar por la fuerza. Ucrania no puede permitirse ceder sus regiones mejor defendidas, ya que sería un desastre estratégico. Aunque Donald Trump aún tiene influencia, su capacidad para persuadir a Volodimir Zelensky de aceptar un mal acuerdo ha disminuido. Estados Unidos sigue vendiendo armamento a Europa, que luego se transfiere a Ucrania, pero Washington ha recortado la financiación bélica en un 99%.
Un acuerdo de paz que incluya garantías de seguridad de EE.UU. para Ucrania requeriría la ratificación del Senado, lo que protegería contra un pacto unilateral. Pero incluso si se lograra, la paz podría desencadenar una crisis en Rusia.
La paz: un riesgo mayor que la guerra
Rusia ha desviado tantos recursos a la defensa —que ya representa el 8% del PIB— que el resto de la economía está en crisis. La anarquía del régimen y la perspectiva de nuevas hostilidades disuaden a los inversores. Reasignar recursos de la guerra a la paz, incluyendo la reintegración de soldados, podría provocar una recesión profunda.
El panorama político tampoco es alentador. Veteranos descontentos han desestabilizado regímenes en el pasado, como ocurrió antes de la Revolución de 1917 o tras la guerra de Afganistán en los ochenta. Las encuestas muestran que, al principio, los rusos celebrarían el fin de los combates, pero pronto surgirían preguntas incómodas: ¿Por qué fracasó la campaña? ¿Cuántas vidas y recursos se desperdiciaron? ¿Por qué dependen de China para apoyo financiero y militar?
Estas preguntas podrían limitar la capacidad de Putin para reabrir la guerra o incluso poner en riesgo su poder. No puede abandonar la contienda, pero el costo de prolongarla sigue aumentando. Si intenta reforzar el ejército, podría debilitar aún más a Rusia. Si no lo hace, ambas naciones quedarán atrapadas en un conflicto sin fin.
¿Hay una salida?
Perseguir la flota paralela rusa y activar un plan del Senado para sancionar a compradores de petróleo podría reducir los ingresos por exportación. Desmentir la propaganda que afirma que EE.UU. y Europa quieren destruir Rusia ayudaría, al igual que mostrar que una victoria rusa no es inevitable. Nadie, ni siquiera Trump, quiere respaldar a un perdedor.
Forzar a un dictador a actuar es complicado. Al final, la disposición de Putin a seguir combatiendo depende del dolor que esté dispuesto a infligir. Pero cuanto más dolor cause, más evidente será para los rusos que los está empobreciendo. ¿Hasta cuándo podrá mantener esta guerra sin que su propio pueblo le pase factura?







