Récord histórico petrolero: Venezuela exportó 1,25 millones de barriles diarios en mayo, su mayor cifra desde las sanciones de 2019.
Los datos de transporte marítimo, revelados este 1 de junio y analizados por Reuters, confirman que el país sudamericano encadena tres meses consecutivos de crecimiento en sus ventas de crudo. Este repunte marca un hito: es la primera vez en cinco años que las exportaciones superan el millón de barriles diarios de manera sostenida, un umbral que parecía inalcanzable tras el colapso provocado por las restricciones estadounidenses.
Mayo 2026: el mes en que Venezuela duplicó sus exportaciones petroleras en un año
El volumen de mayo 2026 representa un aumento del 61% respecto al mismo mes de 2025, lo que en la práctica significa que Venezuela está vendiendo casi el doble de petróleo que hace doce meses. En total, 67 cargamentos zarparon desde sus puertos, una cifra que refleja la reactivación de su infraestructura portuaria y logística.
Aunque el crecimiento respecto a abril de 2026 fue modesto (0,7%), este dato no es negativo: señala una estabilización tras meses de expansión acelerada. Según expertos, este ritmo más pausado podría indicar que el mercado está absorbiendo la oferta venezolana sin saturar los precios, un equilibrio clave para la sostenibilidad del repunte.
El motor detrás de este salto es político y económico. Tras años de asfixia, el gobierno de Delcy Rodríguez —reconocido por Washington como autoridad interina— logró que EE.UU. flexibilizara las sanciones al sector petrolero. Esta apertura permitió que empresas extranjeras reiniciaran proyectos en el país, miembro fundador de la OPEP con las mayores reservas probadas de crudo del mundo (303.000 millones de barriles, según datos de 2023).
El Ministerio de Petróleo de Venezuela ha fijado una meta ambiciosa: alcanzar 1,37 millones de barriles diarios para finales de 2026. De lograrse, sería un salto del 22% frente a los 1,12 millones registrados a finales de 2025, una cifra no vista desde antes de las primeras sanciones. Este objetivo, sin embargo, dependerá de la capacidad del país para superar cuellos de botella como la falta de inversión en mantenimiento y la escasez de diluyentes para su crudo extrapesado.
EE.UU., el paradojal mayor comprador del petróleo venezolano
El giro más sorprendente del informe es el destino del crudo: Estados Unidos, el mismo país que impuso las sanciones, es hoy su principal cliente. En mayo, compró 558.000 barriles diarios, seguido por India (427.000 barriles) y Europa (169.000 barriles). Los tres mercados aumentaron sus importaciones respecto a abril, pero el caso estadounidense es el más simbólico: pasa de ser el arquitecto del bloqueo a el socio comercial clave.
Venezuela también retomó ventas a países a los que no exportaba desde hacía años, como Malasia y algunas naciones del Caribe, señal de que su rehabilitación comercial avanza. Otro dato revelador: las exportaciones a terminales de almacenamiento en el Caribe cayeron de 187.000 barriles diarios en abril a solo 58.000 en mayo. Lejos de ser malo, esto refleja que el crudo ya no se acumula en bodegas, sino que se vende directamente a refinerías, especialmente las especializadas en procesar crudo pesado y combustible residual.
Este cambio responde a una demanda global: las refinerías asiáticas y europeas, diseñadas para crudos pesados como los venezolanos, encuentran en el Orinoco un suministro más barato que alternativas como el crudo canadiense o el ruso, afectado por sanciones y logística compleja.
Chevron retrocede, los traders globales toman el control
El mapa de actores que mueven el petróleo venezolano también se transformó. Chevron, la petrolera estadounidense y socio histórico de PDVSA en proyectos conjuntos, redujo sus exportaciones desde Venezuela: pasó de 308.000 barriles diarios en abril a 269.000 en mayo. Este descenso contrasta con el avance de los grandes traders globales, como Vitol y Trafigura, que incrementaron sus envíos de 691.000 a 787.000 barriles diarios en el mismo periodo.
Estas empresas no solo compran crudo a PDVSA, sino que también adquieren cargamentos de intermediarios como la propia Chevron, lo que les permite diversificar riesgos y aprovechar su capacidad logística global. Además de petróleo, Venezuela exportó en mayo unas 288.000 toneladas métricas de productos petroquímicos y subproductos, aunque esta cifra es inferior a las 359.000 toneladas de abril.
Para mantener este ritmo, el país depende de importaciones clave: en mayo compró 93.000 barriles diarios de nafta pesada, un insumo esencial para diluir su crudo extrapesado del Orinoco (con densidades similares al asfalto) y hacerlo transportable por oleoductos y buques. Sin este componente, gran parte de las reservas venezolanas —estimadas en 120.000 millones de barriles solo en la Faja— quedarían varadas.
Petróleo en alza, pero la economía venezolana sigue en terreno frágil
El repunte petrolero llega en un contexto económico ambivalente. En el primer trimestre de 2026, el PIB venezolano creció solo un 2,51% anual, una desaceleración preocupante. Más llamativo aún: el sector petrolero, motor histórico de la economía, retrocedió un 2,12% en ese periodo, a pesar del aumento en exportaciones. Las actividades no petroleras tampoco despuntaron: avanzaron apenas un 3,11%.
Según la Cámara Colombo-Venezolana, los cambios políticos recientes —como el reconocimiento internacional al gobierno de Rodríguez y las nuevas licencias del Banco Central de Venezuela— han reducido riesgos para inversores. Estas medidas permiten herramientas financieras antes impensables: cartas de crédito, garantías bancarias y mecanismos de cobertura cambiaria. «Venezuela sigue liderando la capacidad energética no solo en Sudamérica, sino a nivel global, con las mayores reservas de petróleo y gas del mundo«, destacó el gremio.
No obstante, la cámara advierte: «Nos mantenemos a la espera de que la banca privada de ambos países [Colombia y Venezuela] presente instrumentos concretos para mejorar las condiciones de inversión y comercio». Este paso sería clave para normalizar las relaciones bilaterales, hoy limitadas por restricciones financieras heredadas.
Los analistas proyectan un crecimiento del 8% para el PIB venezolano en 2026, con perspectivas de doble dígito en los próximos años. El optimismo se basa en la reactivación de sectores estratégicos: «El gobierno está enfocado en revivir los negocios en energía, minería e industrias básicas, pilares tradicionales de su economía», explican. Sin embargo, el desafío será traducir los ingresos petroleros en desarrollo sostenible, en un país donde la hiperinflación y la fuga de capitales han erosionado la capacidad adquisitiva de su población.
¿Podrá Venezuela sostener este ritmo exportador sin caer en los errores del pasado, como la dependencia excesiva del crudo o la falta de diversificación económica?
La Faja del Orinoco: el activo que redefine el poder geopolítico de Venezuela
El repunte exportador de Venezuela no es solo una recuperación de cifras, sino un cambio en el tablero energético global. La clave está en la Faja Petrolífera del Orinoco, una formación geológica con crudo extrapesado (API 8-16°) que, según la OPEP, contiene más petróleo que todas las reservas de Arabia Saudita. Pero su explotación tiene un costo oculto: requiere diluyentes costosos (como la nafta importada) y tecnología especializada, lo que explica por qué, pese a su potencial, su producción nunca ha superado los 1,5 millones de barriles diarios de manera sostenida.
Históricamente, la Faja ha sido un imán para controversias. En los 2000, proyectos como Petrozuata (con ExxonMobil) o Cerro Negro (con Total y BP) prometieron revolucionar la industria, pero chocaron con nacionalizaciones y sanciones. Hoy, con la flexibilización de EE.UU., empresas como Repsol y Eni retoman operaciones, pero bajo un modelo híbrido: PDVSA mantiene el control accionario, mientras los socios extranjeros aportan capital y know-how. Este esquema, similar al usado en Irak o Kazajistán, busca evitar los errores del pasado, cuando la estatización ahuyentó a los inversores.
Sin embargo, hay un riesgo latente: la competencia con el crudo de Guyana, cuyo offshore —con costos de extracción más bajos y menor huella de carbono— atrae a las mismas refinerías que hoy compran a Venezuela. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), para 2030, Guyana podría superar los 1,2 millones de barriles diarios, justo el nicho que Venezuela intenta recuperar.
- Ventaja venezolana: Infraestructura existente (oleoductos, puertos) y crudo compatible con refinerías diseñadas para procesar heavy oil (como las de la costa del Golfo de EE.UU.).
- Desventaja: Costos operativos más altos por la necesidad de diluyentes y mantenimiento de campos maduros, algunos con más de 70 años de explotación.
- Factor clave: La capacidad de PDVSA para negociar contratos a largo plazo con traders globales, evitando la volatilidad de los mercados spot.
El dilema de 2027: ¿Inversión extranjera o control estatal?
El verdadero test llegará el próximo año, cuando venzan las licencias temporales otorgadas por EE.UU. a empresas como Chevron. Si Washington las renueva, Venezuela podría atraer hasta $20.000 millones en inversión directa (estimación de Wood Mackenzie), pero a cambio de ceder participación en proyectos clave. Si no, el país enfrentaría un escenario conocido: producción estancada y dependencia de intermediarios como Vitol, que compran crudo a descuento. La paradoja es que, incluso en el mejor escenario, Venezuela seguirá compitiendo con sus propios socios: Rusia (que vende crudo Urals a Asia con descuentos agresivos) y Irán, que también ha recuperado cuota de mercado tras el levantamiento parcial de sanciones. La diferencia esta vez es que, a diferencia de 2019, el mundo ya no tiene un excedente de oferta: la demanda por crudos pesados crecerá un 1,8% anual hasta 2030, según la IEA. La pregunta no es si Venezuela puede vender más petróleo, sino a qué precio y bajo qué condiciones.








