Europa asume el liderazgo en Ucrania: ¿bastará con la supervivencia?

Bandera de Ucrania ondeando sobre escombros en Kiev tras ataque ruso, con soldados europeos en segundo plano coordinando ayuda militar

Guerra en Europa: La retirada de EE.UU. obliga al continente a redefinir su papel en el conflicto ucraniano.

Europa asume el liderazgo en Ucrania: ¿bastará con la supervivencia?

El 24 de mayo de 2026, Kiev amaneció bajo escombros tras un nuevo ataque ruso con misiles y drones. Esta imagen, repetida desde 2022, marca un punto de inflexión: Europa ya no puede delegar su seguridad en Washington. «Este es un momento crucial para Europa«, advirtió Ursula von der Leyen al inicio de la invasión. Hoy, esa frase resuena con urgencia.

Europa toma el relevo: ¿con qué estrategia?

La UE y sus aliados (incluido el Reino Unido) ahora financian casi el 100% de la ayuda a Ucrania. El desembolso de 90.000 millones de euros —aprobado este mes— y el avance en integración militar demuestran un compromiso sin precedentes. Incluso Francia y Reino Unido han lanzado una iniciativa para supervisar un posible alto el fuego. «Seremos parte de la solución«, declaró Emmanuel Macron en febrero, pero ¿qué solución?

Los recientes avances ucranianos en el frente han reavivado esperanzas diplomáticas. Sin embargo, los funcionarios europeos admiten en privado que su influencia tiene límites: Putin no muestra señales de ceder. «No nos oponemos a negociar, pero aún no hay nada de qué hablar«, resume Margus Tsahkna, canciller estonio. La pregunta clave: ¿Europa negocia desde la fuerza o desde el miedo?

El 28 de mayo, Kaja Kallas (coordinadora de política exterior de la UE) desmintió rumores sobre un enviado especial para dialogar con Putin. Entre los nombres barajados figuraban Angela Merkel y Mario Draghi, pero no hay consenso sobre qué ofrecerle al Kremlin. Las opciones sobre la mesa:

  • Reducción gradual de sanciones (a cambio de concesiones territoriales).
  • Mediación mediante terceros (como Turquía), para evitar un enfrentamiento directo.
  • Presión militar: acelerar el envío de armas, como los aviones de combate suecos adquiridos la semana pasada.

El riesgo: que países como Polonia vean en estas iniciativas un «reinicio encubierto» con Rusia, dejando a Ucrania en una posición de debilidad. «Necesitamos ambas cosas: diálogo y firmeza«, admite un ministro de Exteriores europeo bajo anonimato.

La trampa de la adhesión a la UE: ¿promesa o espejismo?

Ucrania anhela unirse a la UE desde la revolución del Maidán (2014). En 2023, se habló de una posible incorporación para 2027, pero los funcionarios europeos lo tachan de «totalmente inverosímil«. Las razones:

  • Corrupción: Aunque ha mejorado, sigue siendo un obstáculo.
  • Economía: Su PIB per cápita es un tercio del de Bulgaria (el país más pobre de la UE).
  • Reformas pendientes: El paquete de 90.000 millones está condicionado a avances en el Estado de derecho para 2027.

Ante este escenario, Friedrich Merz (canciller alemán) propuso una «membresía asociada» con derechos limitados. La respuesta de Zelensky fue contundente: «Injusta«. «Es una espera interminable«, critica Alexander Gabuev, del Centro Carnegie. Mientras, el escepticismo crece: el 75% de los ucranianos aún apoya la adhesión, pero el descenso es más rápido entre los jóvenes.

«Veo un cambio profundo en la identidad ucraniana«, analiza Jana Kobzova, experta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. «Antes veían a la UE como salvadora; ahora dicen: ´Nosotros los protegemos´«. Ucrania ya fabrica sus propios drones y armas, y exige reconocimiento por ello. Sin embargo, Europa sigue sin proporcionar misiles Patriot para defender sus ciudades.

El reloj corre: elecciones, invierno y la sombra de Trump

Tres factores apremian:

  1. Elecciones en Europa: En 2025, la mayoría de los grandes países (incluida Francia) irán a las urnas. La victoria de la Agrupación Nacional (ultraderecha) podría frenar los fondos a Ucrania y bloquear su candidatura a la UE.
  2. El invierno: Rusia ya ataca infraestructuras críticas. Sin protección antiaérea, el próximo invierno podría ser «más duro que el anterior«, advierten analistas.
  3. Trump: Zelensky le escribió la semana pasada pidiendo interceptores Patriot. Si el exmandatario regresa a la Casa Blanca, Europa quedaría sola frente a Putin.

«Los agricultores franceses aún no se han dado cuenta«, señala Fabrice Pothier (ex-OTAN). «Lo más difícil está por llegar«.

¿Hacia una paz europea o una guerra prolongada?

Europa ha asumido el liderazgo en Ucrania, pero su plan depende de tres suposiciones frágiles:

  1. Que la determinación ucraniana no flaquee.
  2. Que Trump no sabotee el apoyo transatlántico.
  3. Que Putin acepte negociar (algo que, por ahora, descarta).

«Esta es claramente la guerra de Europa ahora«, sentencia Pothier. «La pregunta es si puede ser también su paz«. Mientras, en Kiev, los escombros del 24 de mayo recuerdan que el tiempo —y las bombas— no esperan.

El precedente histórico que Europa ignora: de Yugoslavia a Ucrania

La actual estrategia europea hacia Ucrania repite errores de los 90, cuando la UE subestimó el costo de contener un conflicto en su periferia. Tras la desintegración de Yugoslavia, Europa actuó tarde, dividida y con soluciones improvisadas: los Acuerdos de Dayton (1995) congelaron el conflicto en Bosnia, pero no lo resolvieron. Hoy, 30 años después, la región sigue dependiendo de tropas internacionales y una frágil gobernanza étnica. El paralelo con Ucrania es inquietante: si Europa prioriza ahora un alto el fuego rápido sobre una solución estructural, podría heredar una guerra latente con Rusia, pero sin el paraguas estadounidense.

Los costos de la no decisión ya son visibles. Según informes de la industria de defensa, el gasto militar europeo ha crecido un 40% desde 2022, pero sigue fragmentado: mientras Polonia destina el 4% de su PIB a defensa (superando a EE.UU.), otros como España o Bélgica apenas rozan el 1,5%. Esta disparidad debilita la disuasión. Además, la dependencia de armas estadounidenses —como los sistemas Patriot que Ucrania reclama— expone una verdad incómoda: Europa fabrica el 20% de los misiles que consume, según datos de la Agencia Europea de Defensa. Sin autonomía estratégica, cualquier negociación con Putin partirá de una posición de debilidad.

  • Lección no aprendida 1: En los Balcanes, la UE delegó en EE.UU. el liderazgo militar (OTAN) y luego asumió el costo político de la reconstrucción. Hoy, Ucrania exige lo contrario: armas primero, reconstrucción después.
  • Lección no aprendida 2: Las sanciones a Serbia en los 90 fueron selectivas y tardías. Con Rusia, Europa repite el patrón: mientras embarga tecnología de doble uso, sigue comprando gas licuado ruso a través de terceros (como India), según un informe de Global Witness.
  • Lección no aprendida 3: La expansión de la UE a los Balcanes se estancó por fatiga de ampliación. Con Ucrania, el riesgo es mayor: su economía, devastada, requeriría un fondo de cohesión equivalente al presupuesto anual de la UE.

2027: ¿El año en que Europa elige entre ser potencia o protectorado?

El verdadero test no será si Europa puede sostener a Ucrania en 2026, sino qué hará cuando el conflicto entre en su quinto año sin una victoria clara. Los analistas del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) señalan un escenario probable: si la guerra se estanca, Rusia podría proponer un congelamiento del frente a cambio de levantar sanciones sectoriales (como las del acero o los fertilizantes). Europa enfrentaría entonces una disyuntiva: aceptar una paz injusta que premie la agresión o arriesgarse a una escalada sin el respaldo de EE.UU. La historia sugiere que, sin un plan B creíble —como una defensa europea integrada con capacidad de proyección—, optará por lo primero. El reloj no solo corre para Ucrania: también para un continente que, en 2027, deberá decidir si su soberanía es negociable.

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