Regulación de IA en EE.UU.: La administración Trump enfrenta una crisis interna por una orden ejecutiva cancelada que buscaba controlar el avance de la inteligencia artificial.
Estados Unidos vive un conflicto interno sin precedentes mientras altos funcionarios intentan revivir la orden ejecutiva sobre regulación de IA que Donald Trump rechazó abruptamente en mayo. Según fuentes cercanas al proceso, las negociaciones posteriores han sido descritas como «caóticas» por líderes de Silicon Valley y miembros del gobierno. Ejecutivos de empresas como OpenAI y Anthropic admiten, en privado, que desconocen los requisitos de una posible nueva versión —o incluso si llegará a firmarse—.
El 21 de mayo, Trump canceló la ceremonia de firma programada horas antes de su realización. Su justificación pública: la regulación podría «frenar la competencia interna» y debilitar la ventaja de EE.UU. frente a China en la carrera tecnológica. La decisión tomó por sorpresa a asesores que llevaban meses trabajando en el borrador, según reveló WIRED.
El contenido polémico de la orden ejecutiva
El punto más controvertido del documento era un marco voluntario que obligaría a laboratorios como OpenAI, Anthropic y Google a dar acceso anticipado a la Casa Blanca a sus modelos de IA antes de su lanzamiento público. El objetivo: evaluar riesgos de ciberseguridad, especialmente en sistemas como Mythos (Anthropic) y GPT-5.5 (OpenAI), capaces de identificar vulnerabilidades en software heredado.
El borrador también proponía un plazo de 90 días previos al lanzamiento para que las empresas compartieran sus modelos. Sin embargo, ejecutivos del sector han advertido que «no están preparados» para cumplir con ese requisito. Aun así, algunos asesores confían en que se pueda salvar parte del texto, eliminando las cláusulas más resistidas.
La viabilidad de la orden depende ahora de la capacidad de la Casa Blanca para controlar a facciones rivales. La jefa de gabinete, Susie Wiles, lidera el grupo que presiona por su restablecimiento, respaldada por figuras clave como el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el director nacional de ciberseguridad, Sean Cairncross. Bessent, en particular, ha ganado influencia en la política de IA: en las últimas semanas, se reunió con el CEO de Anthropic, Dario Amodei, y otros líderes del sector para definir una hoja de ruta.
En el bando opuesto está David Sacks, exasesor de IA de Trump, quien convenció al presidente de que la orden era «demasiado onerosa». Sacks defendió su postura en X (antes Twitter) la semana pasada: «El presidente Trump entiende que la regulación innecesaria es la mayor amenaza para la innovación. Ganar la carrera de la IA significa vencer a China y superar los obstáculos burocráticos».

Mientras EE.UU. debate su estrategia, China avanza con modelos como el de SenseTime, optimizado para funcionar con chips locales y evitar restricciones tecnológicas estadounidenses.
Trump: el obstáculo final
El mayor escollo para reactivar la regulación podría ser el propio Trump. «Resolver las disputas internas solo importa si logramos que él dé el visto bueno», declaró un funcionario bajo anonimato. La portavoz de la Casa Blanca, Liz Huston, intentó suavizar las tensiones: «El equipo del presidente está unido para ejecutar su agenda y mantener el equilibrio crucial entre innovación y seguridad».
Otros actores clave, como el secretario de Comercio, Howard Lutnick, han mantenido distancia del proceso. Lutnick ya tiene acceso anticipado a modelos de IA a través del Center for AI Standards and Innovation, un programa que amplió su mandato al inicio del segundo gobierno de Trump. Este centro, aunque no impone requisitos formales, se ha convertido en el principal mecanismo de evaluación de modelos avanzados.
El Pentágono, por su parte, ha tenido un rol secundario. El subsecretario Emil Michael (exejecutivo de Uber) prioriza garantizar que el Departamento de Defensa tenga acceso prioritario a los modelos más innovadores, sin involucrarse en la redacción de la orden.
Un alto funcionario resumió el clima actual: «Estamos volviendo al punto de partida. Todo está aún por decidirse». Mientras tanto, la carrera global por la IA no se detiene: China acelera sus desarrollos, y Europa avanza con su Ley de IA. ¿Podrá EE.UU. permitirse quedarse atrás por disputas internas?
El precedente de la regulación tecnológica en EE.UU.: ¿Por qué la IA divide más que otros sectores?
La batalla interna por regular la inteligencia artificial no es la primera vez que Washington enfrenta tensiones entre innovación y control, pero sí la más polarizada. A diferencia de sectores como el farmacéutico —donde la FDA impone plazos rígidos pero predecibles— o el financiero —con marcos como la Ley Dodd-Frank tras la crisis de 2008—, la IA carece de un statu quo regulatorio. Esto se debe a tres factores: su velocidad de evolución, la ausencia de consensos técnicos globales y el peso geopolítico que la convierte en un arma en la rivalidad con China.
Históricamente, las regulaciones tecnológicas en EE.UU. han surgido reactivamente. La Sección 230 (1996) nació para proteger a las plataformas digitales de demandas por contenido de usuarios, pero hoy es criticada por permitir la desinformación. En el caso de la IA, el gobierno intenta actuar preventivamente, algo inédito. Según informes de la Information Technology and Innovation Foundation, esto explica por qué figuras como Trump —que eliminó 800 regulaciones en su primer mandato— ven la orden ejecutiva como un riesgo de sobreintervención. El sector privado, mientras, teme que la falta de reglas claras genere incertidumbre legal, como ocurrió con las criptomonedas tras el colapso de FTX.
La comparación con Europa es reveladora. La Ley de IA de la UE, aprobada en 2024, clasifica sistemas por riesgo (de «mínimo» a «inaceptable») y exige transparencia en modelos de «alto impacto». Pero su enfoque basado en derechos fundamentales choca con la prioridad estadounidense: la competencia estratégica. Mientras Bruselas multó a Meta con 1.200 millones por transferencias de datos en 2023, EE.UU. flexibilizó restricciones para que Nvidia vendiera chips de IA a Vietnam, aliado clave frente a Pekín.
- Diferencia clave 1: Europa regula ex post (sanciona después de lanzar); EE.UU. debate hacerlo ex ante (antes del lanzamiento), lo que genera resistencia en Silicon Valley.
- Diferencia clave 2: La UE prioriza protección de datos y derechos (RGPD); EE.UU. enfoca la IA como herramienta de poder militar y económico.
- Consecuencia económica: La incertidumbre regulatoria ya frenó inversiones. Según PitchBook, la financiación en startups de IA en EE.UU. cayó un 30% en el primer trimestre de 2024 frente al mismo período de 2023.
2025: ¿Hacia un modelo híbrido o más fragmentación?
El estancamiento actual podría derivar en un sistema de regulación por capas, donde el Departamento de Defensa supervise modelos con aplicaciones militares (como los de dual use en ciberguerra), mientras el sector civil opere bajo estándares voluntarios. Este enfoque, similar al usado en energía nuclear, permitiría a EE.UU. evitar el frenazo innovador que teme Trump, pero requeriría una coordinación inédita entre agencias. El riesgo es claro: si las disputas persisten, empresas como Anthropic o Mistral AI podrían trasladar sus centros de I+D a Singapur o Emiratos Árabes, donde ofrecen subvenciones sin exigencias de transparencia. La paradoja sería que, en nombre de ganar la carrera contra China, EE.UU. termine cediéndole ventaja.








