«No hay acuerdo»: EE.UU. e Irán cierran 21 horas de negociaciones en tensión y sin fecha para reanudar

JD Vance y Esmaeil Baqaei en rueda de prensa tras 21 horas de negociaciones fallidas entre EE.UU. e Irán sobre uranio y estrecho de Ormuz

Diplomacia en jaque: 21 horas de negociaciones entre EE.UU. e Irán terminaron sin acuerdo, pero el alto el fuego vigente deja una ventana abierta.

Las maratonianas conversaciones en Islamabad, que se extendieron desde el sábado por la tarde hasta el amanecer del domingo (casi 21 horas), culminaron con un balance desolador: ningún acuerdo y una rueda de prensa de apenas tres minutos del vicepresidente estadounidense, JD Vance. «No hemos llegado a un acuerdo. Hemos dejado muy claras nuestras líneas rojas… y ellos han optado por no aceptar nuestros términos», declaró Vance, visiblemente cansado tras la sesión.

Desde Teherán, el tono no fue más alentador. Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, describió las conversaciones como un escenario de «desconfianza y recelo«, mientras que los medios estatales iraníes atribuyeron el bloqueo a las «exigencias excesivas» de Washington. Lo más preocupante: ninguna de las delegaciones fijó una fecha para reanudar el diálogo.

Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán

El portavoz iraní Esmaeil Baqaei durante una declaración oficial tras el fracaso de las negociaciones.

A pesar del fracaso, la diplomacia no está muerta. El alto el fuego anunciado el 8 de abril —vigente por dos semanas y prorrogable por mutuo acuerdo— ofrece un margen de tiempo. Sin embargo, la táctica de Vance de presentar una «oferta final» y retirarse refleja la rigidez de ambas posturas. El problema de fondo persiste: dos países convencidos de que están ganando la guerra tienen pocos incentivos para ceder.

¿Por qué había esperanzas antes de la cumbre?

Estas fueron las negociaciones de más alto nivel entre EE.UU. e Irán desde la revolución islámica de 1979. Irán vio con buenos ojos que Vance —un escéptico declarado de las guerras en Medio Oriente y aspirante a la presidencia— liderara la delegación estadounidense. Su contraparte, Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, es una figura clave: uno de los hombres más poderosos del régimen, con influencia directa en el líder supremo, Alí Jamenei.

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, durante una rueda de prensa con el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, en Beirut, Líbano (REUTERS/Amr Abdallah Dalsh/Archivo)

Mohammad Baqer Qalibaf, durante una reunión con su homólogo libanés en Beirut. Su papel en las negociaciones fue crucial.

Los diplomáticos destacaron que, a diferencia de rondas anteriores —donde el enviado de Trump, Steve Witkoff, intentaba resolver temas nucleares con «artimañas»—, esta vez hubo equipos de expertos discutiendo detalles técnicos. Además, Irán había amenazado con boicotear las conversaciones si el alto el fuego no frenaba también la guerra en Líbano, pero al final este punto quedó relegado.

Sin embargo, el verdadero obstáculo fue el triple nudo que dominó la agenda: dinero, barcos y uranio.

Los tres puntos que hundieron el acuerdo

1. El uranio: la línea roja de EE.UU.

Vance fue categórico: «Necesitamos ver un compromiso firme de que no buscarán un arma nuclear ni las herramientas para obtenerla rápidamente«. El problema es que, en rondas previas, Washington exigió a Irán renunciar a sus 400 kg de uranio altamente enriquecido y a su derecho a enriquecer cualquier cantidad. Teherán ha rechazado esto una y otra vez.

Irán acumula cada vez más uranio enriquecido, cercano al uso militar, advierte la ONU (EFE)

Irán acumula uranio enriquecido cercano al grado militar, según advertencias recientes de la ONU.

Para Irán, el uranio es su as bajo la manga: lo considera valioso para negociar un acuerdo integral, no uno temporal. EE.UU., en cambio, quiere resolverlo ya, evitando que Teherán lo use como palanca durante meses. ¿El dato clave? El último acuerdo nuclear (2015) tomó dos años de negociaciones. Pretender resolverlo en dos semanas era, según analistas, «una fantasía«.

2. El estrecho de Ormuz: el cuello de botella del petróleo

Irán tendría que ceder el control de esta ruta crítica, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. A cambio, EE.UU. ofrecería beneficios económicos, como descongelar miles de millones en ingresos petroleros iraníes bloqueados por sanciones. Pero hay un problema: el orden de las concesiones. Irán quiere garantías antes de mover ficha; EE.UU. exige acciones previas.

3. El dinero: sanciones vs. alivio económico

Teherán necesita liquidez. EE.UU. podría liberar fondos, pero no sin contrapartidas. El dilema es que, mientras Irán exporta más petróleo que antes de la guerra (y a precios récord), su economía sufre por las sanciones. Para EE.UU., el riesgo es que cualquier alivio financiero fortalezca al régimen sin garantías nucleares.

¿Quién tiene la ventaja?

Ambos bandos creen que el tiempo juega a su favor, pero con lecturas opuestas:

  • Irán confía en su resistencia: ha soportado seis semanas de bombardeos y golpeado la economía global con el alza de precios energéticos. Además, ven a Trump desesperado por evitar que la guerra dañe al Partido Republicano en las elecciones de noviembre.
  • EE.UU. apuesta por el desgaste: aunque no ha logrado sus objetivos principales, ha debilitado al liderazgo iraní, sus fuerzas armadas y su economía. La próxima ronda de ataques —si no hay acuerdo— sería «más dolorosa«, según fuentes del Pentágono.

Trump busca cerrar el acuerdo cuanto antes para evitar que la suba de los precios de la energía se convierta en un problema electoral (EFE)

Trump busca cerrar un acuerdo antes de que la subida de precios energéticos afecte las elecciones de noviembre.

El riesgo ahora es la mala interpretación: Irán podría subestimar la disposición de Trump para escalar, y EE.UU. podría creer que Teherán no resistirá otra ronda. Un diplomático árabe lo resume: «Hay mucha arrogancia en Irán en este momento». Pero las señales de Washington son igual de duras: el Pentágono ha desplegado miles de infantes de marina en la región, y un tercer portaaviones se dirige al Atlántico.

El sábado, dos destructores estadounidenses cruzaron el estrecho de Ormuz por primera vez desde el inicio de la guerra, en lo que el Pentágono llamó el inicio de una operación para «desminar» la zona. Irán, pese a prometer abrir el estrecho durante el alto el fuego, sigue bloqueándolo: solo tres petroleros lograron pasar el sábado; al día siguiente, la Guardia Revolucionaria expulsó a otros dos.

Trump, por su parte, ordenó a la Armada imponer un bloqueo propio y interceptar cualquier barco en aguas internacionales que pague peajes a Irán. «El juego de la gallina ha comenzado«, advierte un analista de The Economist.

El presidente Donald Trump llega desde el Salón Azul para hablar sobre la guerra con Irán desde el Salón de la Cruz de la Casa Blanca (REUTERS/Foto de archivo)

Trump anuncia desde la Casa Blanca medidas para bloquear el estrecho de Ormuz y presionar a Irán económicamente.

Irónicamente, Irán exporta más petróleo que antes —y a precios más altos—. Algunos aliados del Golfo ya pidieron a Trump interceptar buques iraníes. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿Están ambos lados dispuestos a pagar el precio de una guerra prolongada? O, como pregunta un negociador europeo: «¿Quién parpadeará primero?«.

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