Populistas pro-Rusia ganan fuerza en Europa: ¿Bulgaria y Rumanía, los nuevos ‘rebeldes’ de la UE?

Mapa de Europa con Bulgaria y Rumanía destacadas en rojo, simbolizando el avance de líderes populistas pro-Rusia en 2024

Europa en alerta: La inflación y la corrupción impulsan a líderes euroescépticos en el sureste del continente.

Populistas pro-Rusia ganan fuerza en Europa: ¿Bulgaria y Rumanía, los nuevos ‘rebeldes’ de la UE?

El 8 de mayo de 2024, Rumen Radev, un populista con vínculos cercanos a Rusia, asumió como primer ministro de Bulgaria tras arrasar en las elecciones de abril. Solo tres días antes, en Rumanía, una alianza inesperada entre la centroizquierda y la ultraderecha nacionalista había derrocado al gobierno liberal. Mientras la Unión Europea (UE) celebraba la caída de Viktor Orbán en Hungría, dos nuevos focos de inestabilidad surgían en su flanco oriental, alimentados por el descontento económico y el hartazgo ciudadano.

El cóctel explosivo: inflación récord y corrupción crónica

En 2023, los precios se dispararon un 3,5% en Bulgaria y un 6,8% en Rumanía, muy por encima del promedio del 2,5% en la UE. Mientras el crecimiento búlgaro se mantiene sólido, el PIB rumano caía un 1,7% en el primer trimestre de 2024 respecto al año anterior. Estos números, combinados con escándalos de corrupción —Bulgaria es el país más corrupto de la UE, según Transparencia Internacional—, han llevado a los votantes a abrazar discursos populistas que prometen «justicia social» y «soberanía nacional».

Radev, excomandante de la fuerza aérea y presidente de Bulgaria desde 2017 (un cargo principalmente simbólico), capitalizó este malestar. Su partido, Bulgaria Progresista, obtuvo casi el 45% de los votos en abril, logrando algo inédito en décadas: mayoría absoluta en el Parlamento. «El cansancio por la falta de una alternativa clara» fue clave, explica Daniel Smilov, del Centro de Estrategias Liberales. Los búlgaros, hartos tras ocho elecciones en cinco años, buscaban un líder que rompiera el estancamiento.

Populismo económico: ¿solución o riesgo?

A solo tres días de asumir, el gobierno de Radev anunció precios de referencia «justos» para bienes de consumo. Los minoristas que no justifiquen alzas de precios enfrentarán multas. Pero su enfoque más polémico es hacia Rusia: Radev argumenta que las sanciones a Moscú «dañan por igual a Rusia y a la UE» y aboga por aumentar las importaciones de gas ruso —justo cuando el bloque busca eliminarlas para 2027. Además, pide detener el envío de armas a Ucrania y negociar un «acuerdo de paz rápido». El Kremlin, a través de su portavoz Dmitry Peskov, no ocultó su satisfacción: está «impresionado«.

En Rumanía, la situación no es menos turbulenta. El presidente Nicusor Dan, un liberal anticorrupción, derrotó en 2023 a George Simion, líder de la Alianza para la Unión de Rumanos (AUR), un partido nacionalista. Pero su gobierno, sin mayoría parlamentaria, colapsó en mayo tras intentar imponer medidas de austeridad para reducir el mayor déficit presupuestario de la UE. La centroizquierda (Partido Socialdemócrata, PSD) y la AUR se unieron para tumbarlo. «Los supuestos proeuropeos solo trajeron impuestos, guerra y pobreza«, declaró Simion, cuyo partido ahora lidera las encuestas con 33% de apoyo (10 puntos por encima del PSD).

¿Un nuevo eje Orbán en la UE?

Simion, aunque menos prorruso que Radev, comparte su escepticismo hacia Ucrania. Asegura que el país «maltrata a la minoría rumana» y amenaza con bloquear dos iniciativas clave:

  • La fabricación de drones para Ucrania en territorio rumano.
  • El entrenamiento de pilotos ucranianos en bases rumanas.

También critica el SAFE, un programa de préstamos de defensa de la UE, por «favorecer a fabricantes franceses y alemanes». Sin embargo, elecciones anticipadas parecen improbables: Dan busca formar una nueva coalición, posiblemente con un primer ministro tecnócrata.

Paradójicamente, Radev podría ser menos disruptivo de lo que su retórica sugiere. Bulgaria se ha convertido en un hub de armas para Ucrania: sus empresas venden municiones de estilo soviético, y la alemana Rheinmetall invertirá 1.000 millones de euros en una fábrica de proyectiles en el país, financiada parcialmente por el SAFE. «Bulgaria ve a la UE como su familia natural, pero reserva el derecho a tener sus propias posiciones», matiza Ivo Hristov, viceprimer ministro. En la lucha anticorrupción, Radev ha dado pasos simbólicos: destituyó al subdirector de la agencia de seguridad nacional por «injerencia política» y prometió reformas judiciales. Pero, como advierten los expertos, «una victoria electoral no elimina décadas de clientelismo».

La sombra de Trump y el giro transatlántico

Lo que más inquieta a Bruselas es la sintonía de Radev con EE.UU. Graduado de un programa de pilotos de la Fuerza Aérea estadounidense, presume de sus conexiones con Washington. Sin embargo, su postura —fin a la guerra en Ucrania, reanudar el comercio con Rusia— coincide con la línea «America First» de Donald Trump. Su vicepresidente, JD Vance, ya ha elogiado enfoques similares. «No es exactamente «Rusia en la sala», como decía Tusk», explica un diplomático europeo. «Pero es una señal de que el aislacionismo de Trump resuena más allá de EE.UU.«.

Mientras la UE debate cómo contener a estos nuevos alborotadores, una pregunta flota: ¿Podrán Bulgaria y Rumanía convertirse en el próximo frente de resistencia dentro del bloque? La respuesta dependerá de si Bruselas logra ofrecer alternativas al descontento que hoy alimenta a Radev y Simion —o si, por el contrario, su ascenso consolida un nuevo eje de países «rebeldes» en el corazón de Europa.

El sureste europeo: ¿un laboratorio de la nueva geopolítica energética?

Mientras Bulgaria y Rumanía desafían el consenso europeo sobre Rusia, su posición geográfica las convierte en piezas clave de un tablero energético en reconfiguración. Ambos países son nodos críticos para el gas que fluye desde el Mar Negro y el Cáucaso, pero sus estrategias divergen radicalmente de la hoja de ruta de la UE. La apuesta de Radev por reabrir el grifo ruso no es solo retórica: Bulgaria ya ha congelado su participación en proyectos como el corredor vertical de gas (que conectaría Grecia con Europa Central sin depender de Moscú), pese a que Bruselas lo financia con 230 millones de euros desde 2022. Rumanía, en cambio, avanza en su plan para explotar los yacimientos del Mar Negro (con reservas estimadas en 200.000 millones de metros cúbicos), pero la inestabilidad política frena inversiones clave, como la ampliación del gasoducto BRUA hacia Hungría.

El riesgo no es solo energético. Según informes de la Agencia Internacional de Energía (IEA), la región podría convertirse en un ‘colchón de amortiguación’ para el gas ruso si la UE no acelera alternativas. Bulgaria ya importó un 40% más de gas de Azerbaiyán en 2023 (vía el gasoducto TANAP), pero su capacidad es limitada. Mientras, Rumanía exporta electricidad a Ucrania desde 2022, pero su red está al límite: el 50% de su generación depende de centrales hidroeléctricas y nucleares envejecidas. La paradoja es clara: dos países con potencial para ser independientes energéticamente —Bulgaria tiene la única refinería de la UE que procesa crudo ruso sin sanciones— optan por la dependencia como arma política.

  • Bulgaria: Único miembro de la UE que no ha ratificado el mecanismo de compra conjunta de gas (agreed by 25 states in 2023). Su refinería Lukoil Neftechim (controlada por la rusa Lukoil) opera con exención hasta 2024.
  • Rumanía: Bloqueó en 2023 un acuerdo para duplicar la capacidad del gasoducto con Moldavia, clave para reducir la influencia de Gazprom en la región.
  • Ambos: Reciben fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (Bulgaria: €6.3bn; Rumanía: €29.2bn), pero incumplen plazos en reformas energéticas vinculadas a esos fondos.

La UE entre el palo y la zanahoria

Bruselas enfrenta un dilema: castigar la desobediencia (con herramientas como el Estado de derecho condicionado, que ya congeló €1.5bn a Bulgaria en 2022) o negociar flexibilidades para evitar que ambos países se acerquen a Moscú. El precedente húngaro muestra los límites de ambas estrategias: Orbán vetó paquetes de sanciones pero también aceptó excepciones para recibir fondos. La diferencia ahora es el factor Trump. Si el republicano gana en noviembre, su promesa de «terminar la guerra en 24 horas» podría dar oxígeno a Radev y Simion, legitimando su discurso de «paz a cualquier precio». La UE, mientras, juega contra reloj: el gasto militar rumano (2% del PIB en 2024) y las exportaciones búlgaras de armas (que crecieron un 300% desde 2022) son su único as bajo la manga para mantener a ambos en el redil. El sureste europeo ya no es solo un problema de corrupción; es el termómetro de hasta dónde puede doblarse Europa.

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