Guerra fría en el Golfo: por qué Arabia Saudí y Emiratos Árabes se enfrentan

Mapa del Golfo Pérsico con banderas de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos enfrentadas, destacando rutas petroleras y zonas de conflicto en Yemen y Sudán

Tensión diplomática: Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, aliados históricos, libran una guerra de narrativas con consecuencias globales.

El conflicto entre las dos potencias del Golfo escaló en diciembre, cuando Riad bombardeó un cargamento de armas emiratí en Yemen y acusó a Abu Dabi de «amenazar su seguridad nacional». Lo que comenzó como un desacuerdo en Yemen se ha extendido a Sudán, Somalia y hasta Siria, reconfigurando alianzas regionales.

El origen del distanciamiento

Durante décadas, ambos países fueron pilares del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y de la OPEP. Compartieron trincheras en Yemen contra los hutíes, respaldados por Irán, y mantuvieron un comercio bilateral de US$31.000 millones anuales. Sin embargo, sus intereses comenzaron a divergir en 2018, cuando los Emiratos apoyaron a separatistas en Yemen, y en 2021, cuando una disputa por cuotas petroleras paralizó a la OPEP.

El punto de quiebre llegó en 2023 con la guerra civil en Sudán. Mientras Arabia Saudí respaldó al ejército sudanés, los Emiratos financiaron a las Fuerzas de Apoyo Rápido, una milicia acusada de genocidio. Riad interpretó esto como una «intromisión peligrosa» a solo 200 km del Mar Rojo. Abu Dabi, por su parte, justificó su apoyo argumentando que el ejército sudanés estaba dominado por islamistas.

Choque de visiones: política, religión y poder

Las diferencias van más allá de la geopolítica. Arabia Saudí, con 20 millones de ciudadanos y sede de los lugares sagrados del islam, se considera el «primus inter pares» del Golfo. Los Emiratos, con solo 1 millón de ciudadanos, pero con una economía más diversificada y un ejército más eficiente, rechazan seguir el liderazgo saudí.

Los desacuerdos incluyen:

  • Islam político: Riad tolera a grupos islamistas; Abu Dabi los desprecia.
  • Israel: Los Emiratos reconocieron al Estado judío en 2020; Arabia Saudí aún no lo ha hecho.
  • Rebeldes regionales: Abu Dabi apoya a separatistas en Yemen, Somalia y Sudán, lo que Riad ve como una amenaza a la estabilidad.

Un comentarista cercano a la corte saudí describió a los Emiratos como un «hermano menor rebelde», un discurso que irrita a Abu Dabi. La respuesta no se hizo esperar: propagandistas emiratíes acusan al príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, de caer en las «garras de los islamistas».

Guerra económica y narrativas tóxicas

La disputa ha trascendido lo diplomático. Empresas emiratíes enfrentan obstáculos burocráticos en Arabia Saudí: camiones retenidos en la frontera, visas de negocios denegadas y retiros de ferias comerciales. Mientras, cuentas vinculadas a Riad difunden rumores sobre la salud del jeque Mohammed bin Zayed, presidente de los Emiratos, en un intento por dividir a la federación.

Los negocios bilaterales, que incluyen la séptima ruta aérea más transitada del mundo (Dubái-Riad), están en riesgo. Aunque pocos esperan un embargo como el de Qatar en 2017, los ejecutivos ya preparan planes de contingencia.

¿Quién mediará en la crisis?

Catar, antiguo bloqueado por ambos países, intenta mediar. Su emir se reunió con el ministro de Defensa saudí, Khalid bin Salman, y luego con bin Zayed. Baréin, Egipto y Turquía también buscan soluciones, pero hasta ahora sin avances.

Estados Unidos, tradicional árbitro en la región, se mantiene al margen. Donald Trump afirmó que podría «resolver la crisis fácilmente», pero diplomáticos señalan que Washington evita inmiscuirse en una disputa entre aliados clave. Mientras, los Emiratos refuerzan su cabildeo en Washington, donde su alineamiento con Israel les granjea apoyo.

El senador republicano Lindsey Graham resumió el sentir en EE.UU.: «¡Basta ya, Arabia Saudita!», exigió en febrero.

Consecuencias globales

La rivalidad entre Riad y Abu Dabi podría exacerbar conflictos en el Cuerno de África, donde Etiopía (aliado emiratí) y Eritrea (socio saudí) están al borde de la guerra. También complica la situación en Siria, donde los Emiratos desconfían del nuevo líder, Ahmed al-Sharaa, un exyihadista.

Arabia Saudí exige que los Emiratos dejen de apoyar a rebeldes regionales. Abu Dabi, sin embargo, no parece dispuesto a ceder. Mientras tanto, la crisis —que se gestó durante años— no da señales de terminar. ¿Logrará el Golfo superar esta división o asistiremos a una nueva era de inestabilidad?

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