Estrategia en jaque: Vladimir Putin redefine sus alianzas tras el ataque de EE.UU. e Israel a Irán, priorizando un posible acuerdo con Trump sobre su frágil pacto con Teherán.
El presidente ruso, Vladimir Putin, enfrenta ahora las consecuencias de su cálculo geopolítico. En 2022, justificó la invasión a Ucrania como una «guerra para terminar», pero hoy su silencio ante el ataque occidental a Irán —tras el asesinato del ayatolá Alí Khameneinegociar con Donald Trump aunque eso implique distanciarse de Teherán. El 2 de marzo, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, declaró: *»No empezamos esta guerra, pero con el presidente Trump, la estamos terminando»*. Rusia respondió con una ambigüedad calculada.
Putin se limitó a enviar un telegrama de condolencias por la muerte de Khamenei, tachando el hecho de *»cínica violación de la moral humana y el derecho internacional»*, sin mencionar a los responsables. Su portavoz, Dmitry Peskov, fue más explícito: *»Esta no es nuestra guerra. Debemos hacer lo que corresponda a nuestros intereses… por cínico que suene»*. El mensaje es claro: Moscú no está dispuesto a arriesgar su relación con Washington por Teherán.
Fracaso militar: los sistemas rusos destruidos en Irán
La supuesta «alianza estratégica» entre Rusia e Irán ha quedado al descubierto como un pacto simbólico y asimétrico. Aunque Moscú compartió inteligencia para ataques con drones y misiles —incluyendo datos sobre buques y aeronaves estadounidenses—, el equipo suministrado ha sido ineficaz:
- Los sistemas de defensa aérea S-300, vendidos a Irán en la década de 2010, fueron destruidos en los recientes bombardeos.
- Un avión de entrenamiento Yak-130 ruso fue derribado por un F-35 israelí el 4 de marzo.
- El acuerdo de diciembre de 2024 —500 misiles Verba y 2.500 misiles por 500 millones de euros (US$580 millones)— no se ha materializado.
A cambio, Irán ha apoyado a Rusia en Ucrania con drones Shahed, munición y tecnología de represión, pero sin un compromiso de defensa mutua. La relación es, en realidad, una transacción sin lealtad.
Petróleo a US$72: el «respiro» económico que esconde una crisis
El conflicto en Irán ha disparado los precios del petróleo ruso, que saltaron de menos de US$50 en diciembre a US$72 esta semana. Este aumento —impulsado por el cierre del estrecho de Ormuz y la especulación de una guerra prolongada— alivia temporalmente la presión sobre el presupuesto ruso, que arrastra un déficit crónico.
Sin embargo, la bonanza es engañosa:
- Los ingresos por petróleo y gas en enero de 2025 fueron un 50% menores que en 2024.
- El ataque iraní a la infraestructura de gas de Qatar no resolverá los problemas estructurales de la economía rusa, dependiente de las exportaciones energéticas.
- La inflación interna sigue en dos dígitos, y las sanciones occidentales limitan el acceso a tecnología crítica.
Putin gana tiempo, pero no estabilidad.
Irán: aliado prescindible en el tablero de Putin
Para el Kremlin, Teherán es un socio de conveniencia, no un aliado estratégico. La guerra en Irán beneficia a Rusia al desgastar los suministros militares estadounidenses, reduciendo su capacidad para apoyar a Ucrania. Pero también expone una verdad incómoda: Moscú no puede proteger a sus socios.
El 6 de marzo, Putin instó al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, a «poner fin a las hostilidades». Horas después, Irán se disculpó con sus vecinos y prometió detener los ataques con misiles y drones. El mensaje fue claro: Teherán está solo.
Históricamente, Rusia e Irán han sido rivales regionales, pero su confrontación común con Occidente los unió. Hoy, Moscú imita el modelo iraní de represión interna y control de internet, mientras la propaganda rusa presenta a Irán como un «espejo» de su posible futuro. Un diputado de la Duma llegó a sugerir que Putin debería evitar viajar al extranjero: *»Necesitamos establecer un liderazgo colectivo«*, una admisión velada de vulnerabilidad.
Trump, el factor que inclina la balanza
Putin ha usado a Irán como moneda de cambio en sus negociaciones con Estados Unidos. En enero de 2025, se negó a venderle a Teherán los avanzados sistemas S-400, un gesto dirigido directamente a Trump. Sin embargo, tras el aumento de tensiones en octubre, Rusia anunció su disposición a construir una central nuclear en Irán e insinuó la venta de aviones Su-35.
La amenaza de Trump de suministrar misiles Tomahawk a Ucrania llevó a Putin a retroceder. El 5 de marzo, el exmandatario vinculó ambos conflictos, advirtiendo al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que tras el ataque a Irán, Ucrania tenía *»aún menos cartas»* y debería *»llegar a un acuerdo»* con Rusia.
Para Putin, la supervivencia del régimen iraní es crucial: si Teherán cae, perderá su principal socio en Oriente Medio y su influencia en las negociaciones con Occidente. Pero, ¿hasta dónde está dispuesto a arriesgarse por un aliado que, en el fondo, es solo un peón en su juego con Washington?
La pregunta que ahora define su estrategia es: ¿Sacrificar a Irán para ganar tiempo con Trump, o arriesgarse a quedar aislado si Teherán colapsa?








