Fusión sin precedentes: Elon Musk une SpaceX y xAI en un gigante valuado en 1,25 billones de dólares, pero las cifras no cuadran.
El fundador de Tesla y SpaceX anunció el 2 de febrero la fusión de su empresa aeroespacial con xAI, su laboratorio de inteligencia artificial, bajo una promesa ambiciosa: «extender la luz de la conciencia a las estrellas». La operación otorga a los inversores de SpaceX el 80% de la nueva entidad, mientras Musk —dueño mayoritario de ambas— retiene el control. El objetivo declarado es lanzar centros de datos al espacio para impulsar a xAI en la carrera por modelos de IA avanzados, aunque los números revelan una realidad más compleja.
SpaceX, la joya del imperio, cerró 2025 con 16.000 millones de dólares en ingresos y 8.000 millones en beneficios operativos. Su servicio Starlink, con 9 millones de suscriptores, triplicó su base en dos años, y sus contratos gubernamentales refuerzan su rentabilidad. En contraste, xAI generó apenas 500 millones en ingresos el año pasado —frente a los 13.000 millones de OpenAI—, y pierde 1.000 millones mensuales por inversiones en infraestructura. La fusión, sin embargo, podría acelerar una salida a bolsa este verano, con una meta de 50.000 millones de dólares en capital fresco.
Deudas, multas y obstáculos legales
El panorama financiero de xAI es turbulento. La empresa arrastra 5.000 millones en préstamos para centros de datos, más 3.500 millones en deuda fuera de balance para chips de IA. La compra de X (ex-Twitter) le sumó otros 12.000 millones, mientras SpaceX asumió 2.000 millones en intereses por un acuerdo con EchoStar. Estas obligaciones pesan sobre un negocio que aún no es rentable, justo cuando SpaceX invierte en su cohete Starship, con retrasos acumulados.
Los problemas legales agravan la situación. X enfrenta investigaciones en la UE y el Reino Unido por violaciones de datos y el lanzamiento de un generador de imágenes usado para crear deepfakes de menores. Musk niega irregularidades, pero las multas podrían alcanzar el 6% de los ingresos globales en Europa o el 10% en Reino Unido. El 3 de febrero, autoridades francesas allanaron sus oficinas en París.
Centros de datos en el espacio: ¿ciencia ficción o realidad?
Musk apuesta por una ventaja competitiva única: centros de datos orbitales. El 30 de enero, SpaceX solicitó a la FCC permiso para lanzar una constelación de satélites con capacidad de cómputo, argumentando que en 2-3 años la energía solar en el espacio será más barata que en la Tierra. Sin embargo, expertos como Peter Beck (Rocket Lab) cuestionan si el coste de lanzamiento superará el de la electricidad terrestre. Un estudio de Google concluyó que la paridad de precios no llegará antes de una década.
Los desafíos técnicos son igualmente formidables. Los centros de datos en órbita requerirán radiadores gigantes para refrigeración, y los rayos cósmicos podrían dañar los equipos. Chris Kemp (Astra) advierte que los chips de IA se vuelven obsoletos rápidamente: «Tendremos que renovar satélites cada pocos años», lo que encarecería el modelo.
Tesla: la apuesta paralela por la «IA física»
Mientras SpaceX y xAI se fusionan, Tesla redobla su apuesta por la inteligencia artificial aplicada. Musk anunció el fin de la producción del Model S y el Model X —que representaban solo el 2% de su volumen en 2025— para reasignar recursos a Optimus, su robot humanoide, y al Cybercab, un taxi autónomo biplaza. El objetivo es producir 1 millón de robots anuales y cubrir con taxis autónomos la mitad de EE.UU. para fin de año.
Pero el negocio principal de Tesla se debilita. Las ventas cayeron un 9% en 2025 —el segundo año consecutivo de descenso—, con un desplome del 25% en Europa. La competencia de fabricantes chinos y tradicionales erosiona su liderazgo, mientras las inversiones en IA desvían fondos de su gama de vehículos eléctricos. Musk, sin embargo, insiste en que la «IA física» —robots y taxis autónomos— salvará a la compañía.
Una jugada personal contra OpenAI
La rivalidad con Sam Altman, CEO de OpenAI, añade un componente emocional a la estrategia. Musk demanda a su exempresa por abandonar su modelo sin fines de lucro, y ve en la fusión SpaceX-xAI una forma de adelantarse. Altman, por su parte, explora alianzas espaciales para competir, mientras Google planea lanzar un satélite con chips de IA en 2027.
«Musk nunca se ha jugado tanto», advierten analistas. Su imperio —valorado en 1,5 billones— depende ahora de que la IA cumpla sus promesas. Si falla, las pérdidas podrían arrastrar a Tesla, SpaceX y xAI en una espiral sin precedentes.







