Crisis en Japón: El mercado de bonos del gobierno japonés (JGB) registró su mayor sacudida en 25 años, reflejando un enfrentamiento sin precedentes entre política fiscal y monetaria.
El 20 de enero, los bonos a 30 años sufrieron una liquidación histórica: su rendimiento subió 0,25 puntos porcentuales, la mayor alza diaria desde al menos 1999, según Société Générale. Los bonos a 40 años superaron el 4% por primera vez, mientras los inversores anticipan un choque entre el Banco de Japón (BdJ) y el gobierno de Takaichi Sanae.
La raíz del conflicto: expansión fiscal vs. ajuste monetario
La primera ministra, Takaichi Sanae, convocó elecciones para el 8 de febrero con un plan de expansión fiscal «responsable y proactiva». Sus promesas incluyen:
- Suspensión de dos años del impuesto al consumo del 8% en alimentos, con un costo anual de 5 billones de yenes (32.000 millones de dólares).
- Aumento del gasto en defensa y política industrial.
Aunque Takaichi asegura que financiará los recortes sin deuda adicional, los mercados desconfían. Su predecesor, Ishiba Shigeru, era un halcón fiscal, pero hoy pocos en la política japonesa abogan por la moderación.
¿Por qué los bonos japoneses son tan vulnerables?
El mercado de JGB depende cada vez más de inversores extranjeros. En 2025, estos representaron el 53% de la demanda de bonos a largo plazo, frente al 22% prepandemia. La razón: los compradores tradicionales —como aseguradoras y el BdJ— han reducido su participación, priorizando objetivos distintos a la rentabilidad.
La inflación añade presión. Los precios al consumidor superan el 2% (meta del BdJ) desde hace casi cuatro años. El gobernador Ueda Kazuo advirtió en diciembre: «La inflación subyacente se acerca al 2%», citando beneficios récord, escasez de mano de obra y subidas salariales históricas.
El dilema del Banco de Japón
Con tipos reales negativos, el BdJ debe subir tasas hacia un nivel «neutral» (entre 1% y 2,5%, según Goldman Sachs). El rendimiento de los bonos a 10 años ya refleja esta expectativa, pasando del 0,6% hace dos años al 2,3% actual.
El conflicto es claro: Ueda busca encarecer el crédito para controlar la inflación y fortalecer el yen, mientras Takaichi impulsa gasto público y recortes impositivos. La deuda neta de Japón ya alcanza el 130% del PIB, y la primera ministra tachó las subidas de tipos de «estúpidas». Su mentor, Abe Shinzo, resolvió un conflicto similar en 2013 sometiendo al BdJ.
Riesgos y advertencias
La estrategia de Takaichi podría prolongar la inflación, erosionando el poder adquisitivo y devaluando los JGB. Aunque Japón no enfrenta un «momento Liz Truss» (como el pánico fiscal de Reino Unido en 2022), los inversores ven señales de alerta. La economía nipona no necesita estímulos: su «brecha de producción» está cerca de cero.
«Los inversores tienen razón en ser cautelosos», concluyó un analista de Société Générale. La pregunta es si el choque entre política y mercado escalará antes de las elecciones.








