Bloqueo petrolero: La confiscación de un superpetrolero venezolano por fuerzas estadounidenses marca un giro en la estrategia de presión contra Nicolás Maduro.
El 10 de diciembre, comandos de EE.UU. descendieron desde helicópteros Black Hawk sobre el Skipper, un petrolero cargado con crudo venezolano e iraní valorado en US$80 millones. La operación, sin resistencia, fue justificada por Donald Trump: «Fue confiscado por una muy buena razón». El presidente añadió que planeaba «quedarse con él».
La fiscal general Pam Bondi confirmó que el buque violaba sanciones internacionales al transportar petróleo desde Venezuela e Irán. Este operativo no fue aislado: al día siguiente, EE.UU. sancionó a seis superpetroleros vinculados a Venezuela y anunció más interceptaciones en las «próximas semanas».
Una flota fantasma al servicio de Maduro
El Skipper pertenece a una red de «buques fantasma» que el régimen venezolano usa para evadir sanciones desde 2019. Estos barcos, con nombres cambiantes y transpondedores apagados, operan entre Irán, Rusia y Venezuela —los tres mayores productores de petróleo sancionados— y clientes en Asia. Registrado bajo una empresa en las Islas Marshall, el Skipper enarbolaba falsamente la bandera de Guyana, según autoridades guyanesas.
Francisco Monaldi, experto en política energética de la Universidad Rice, advierte: «No hay precedentes de una fuerza extranjera capturando buques sancionados en alta mar». La estrategia, aunque legalmente cuestionable, busca cortar el flujo de ingresos que sostiene al régimen de Maduro.
El costo oculto: tarifas por las nubes
La incautación ya disparó los costos logísticos para Venezuela. Los intermediarios que operan estos buques fantasma cobran primas exorbitantes: «Tres viajes de ida y vuelta y has pagado por el barco», explica un empresario cercano al gobierno venezolano. Ahora, con el riesgo de confiscación, las tarifas se dispararán aún más, reduciendo los márgenes de PDVSA, la petrolera estatal.
PDVSA exige pagos por adelantado a sus compradores, pero pocos transportistas aceptarán ese riesgo en el futuro. «Esto va a restringir seriamente la capacidad del gobierno para mover su petróleo», señala el empresario.
¿Por qué ahora?
EE.UU. evitó antes esta táctica por temor a represalias, como incautaciones en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, el exceso global de petróleo —que neutraliza el impacto de bloquear el crudo venezolano— y la impunidad de Trump explican el cambio. Monaldi apunta: «No habrá movimiento en los precios globales, así que pueden correr el riesgo».
La operación coincidió con el viaje de María Corina Machado, líder opositora, a Noruega para recibir el Nobel de la Paz por su lucha contra Maduro.
¿Bastará para derrocar a Maduro?
En 12 años, Maduro ha resistido colapsos económicos, sanciones y fraudes electorales. Pero el empresario cercano al régimen advierte: «Si bloqueas la vía de escape y molestas a los poderosos que se benefician de ella, las cosas podrían ponerse interesantes».








