Recursos estratégicos: Groenlandia, territorio autónomo danés, concentra el 25% de las reservas globales de tierras raras, clave para tecnologías verdes y defensa.
Donald Trump reactivó su ambición por anexionar la isla al nombrar a Jeff Landry, gobernador de Luisiana y aliado del movimiento MAGA, como enviado especial. La medida reavivó tensiones con Dinamarca, que rechazó cualquier intento de compra o anexión.
«Necesitamos tenerla», declaró Trump a la BBC, argumentando razones de «protección nacional».
El gobierno danés exigió respeto a su soberanía, mientras analistas vinculan el interés de EE.UU. con el mapeo reciente de los recursos minerales de la isla.
Una obsesión histórica
No es la primera vez que Trump muestra interés en Groenlandia. En 2019, durante su primer mandato, lo describió como «un gran negocio inmobiliario», aunque aclaró que no era prioritario.
Larry Kudlow, entonces asesor económico de la Casa Blanca, destacó que la isla era «un lugar estratégico con minerales valiosos». Las negociaciones con Dinamarca fracasaron, pero el tema resurgió con fuerza en su segundo mandato.
La insistencia de Trump coincide con el descubrimiento de depósitos de tierras raras, esenciales para la transición energética y la industria militar.
El tesoro bajo el hielo
Groenlandia, con 2 millones de km² y solo 56.000 habitantes, alberga 38 minerales críticos, según un informe del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (2023). Entre ellos, cobre, grafito, niobio y tierras raras como el neodimio y el praseodimio.
Estos elementos son vitales para motores de vehículos eléctricos y turbinas eólicas. Adam Simon, geólogo de la Universidad de Michigan, estima que la isla podría contener 1,5 millones de toneladas, equivalentes al 25% de las reservas mundiales.
La Base Espacial Pituffik, operada por EE.UU. desde la Guerra Fría, refuerza la importancia estratégica de la isla para vigilancia militar y control del Ártico.
La guerra por el control
China domina el mercado de tierras raras, con el 60% de la extracción y el 85% del procesamiento. Su influencia en Groenlandia, a través de proyectos como la Ruta de la Seda Polar, encendió alarmas en Washington.
Empresas chinas intentaron construir aeropuertos en la isla, pero fueron desplazadas por firmas danesas, presuntamente con apoyo de EE.UU. Trump incluyó las tierras raras en la lista de materiales críticos para la seguridad nacional durante su primer mandato.
«Para 2024, usamos un 4.500% más de tierras raras que en 1960″, advirtió Simon. La demanda supera la oferta, y Groenlandia emerge como una solución clave.
Elon Musk y el expansionismo estadounidense
El interés de Trump también podría estar ligado a Elon Musk, CEO de Tesla. La empresa depende de tierras raras para sus vehículos eléctricos, y Musk ha presionado por acceso a estos recursos.
«Es razonable pensar en un conflicto de intereses», señaló Simon, aunque aclaró que la minería en Groenlandia tardaría al menos una década en ser viable.
El transporte de minerales en una región con icebergs y condiciones extremas añade otro desafío. Aun así, Trump parece decidido a revivir la doctrina del Destino Manifiesto, que justificó la expansión territorial de EE.UU. en el siglo XIX.
James P. Pinkerton, editor de *The American Conservative*, vinculó la estrategia de Trump con esta ideología, que promueve la adquisición de territorios para garantizar recursos y seguridad.
El presidente incluso colgó un retrato de Andrew Jackson, símbolo del expansionismo, en la Oficina Oval. Ahora, Groenlandia podría ser su próximo objetivo.
La designación de Landry como enviado especial sugiere que la presión sobre Dinamarca continuará, mientras el mundo observa cómo se redefine el mapa geopolítico del Ártico.
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