Adiós al mito: Warren Buffett, el legendario inversor de 95 años, dejará la dirección de Berkshire Hathaway el 31 de diciembre. Su salida marca el fin de una era para el gigante financiero, valorado en US$700.000 millones.
La primera vez que Buffett anunció su retiro fue en 1956, a los 25 años. Tras cerrar su fondo de inversión, regresó rápidamente para fundar su propia sociedad. En 1969, se retiró por segunda vez, argumentando que el mercado no se ajustaba a su estrategia. Desde entonces, se enfocó en Berkshire Hathaway, una empresa textil en crisis que transformó en un imperio.
El legado de un coloso financiero
Berkshire Hathaway es hoy la novena empresa más valiosa de EE.UU., con un modelo único. Controla 200 compañías, desde el ferrocarril BNSF hasta marcas como Brooks y See»s Candies. Además, es la segunda aseguradora más grande del país, con activos que incluyen US$65.000 millones en acciones de Apple y US$28.000 millones en Coca-Cola.
Su éxito se basa en la filosofía de los «fosos»: ventajas competitivas que permiten a las empresas generar rendimientos superiores. Buffett los identificó en gigantes como Apple, Coca-Cola y American Express, donde Berkshire posee participaciones millonarias.
Pero su mayor innovación fue el uso del «float» de seguros. Al recaudar primas antes de pagar reclamaciones, Berkshire invierte ese capital en acciones, no en bonos como la mayoría. Esto financió adquisiciones clave, como BNSF y una cuarta parte de Occidental Petroleum.
El desafío de la sucesión
Gregory Abel, actual director de operaciones no aseguradoras, asumirá el cargo. A diferencia de Buffett, no es un experto en selección de acciones, lo que preocupa tras la salida de Todd Combs, su asesor financiero, a JPMorgan Chase.
El historial de Berkshire como operador es irregular. BNSF, adquirida en 2010, ha tenido márgenes decepcionantes. La fusión de Kraft y Heinz, en alianza con 3G Capital, fue un fracaso. Sin Buffett, ¿podrá Abel mantener el ritmo?
Con US$380.000 millones en efectivo, Berkshire podría comprar otra aseguradora como Chubb o invertir en servicios públicos. También podría aprovechar una caída del mercado, aunque su influencia se reduciría sin el «Rolodex» de Buffett, clave en crisis como la de 2008.
¿Un futuro más convencional?
Abel podría devolver capital a los accionistas, algo que Buffett evitó. Berkshire no paga dividendos desde 1967 y sus recompras de acciones son limitadas. Además, la empresa podría volverse más transparente: las cartas anuales de Buffett eran filosóficas, pero escasas en datos financieros.
El cambio será gradual. Buffett seguirá como presidente del consejo, pero la creciente participación institucional en las acciones «clase B» acelerará la transición hacia una gobernanza tradicional. Como dijo Brian Meredith, de UBS: «Lo que van a perder es su Rolodex».








