Transición en duda: Venezuela vive un momento clave tras la caída de Maduro, pero el camino a la democracia sigue incierto.
Un obrero de la construcción en Caracas susurra: «Parece que se ha destapado un desagüe». La posible extradición de Nicolás Maduro a Nueva York genera satisfacción, pero el régimen chavista, ahora liderado por Delcy Rodríguez con apoyo de Donald Trump, mantiene el control. Cuatro de cada cinco venezolanos creen que la situación política mejorará en un año, impulsados por medidas económicas y la confianza en Trump.
María Corina Machado, líder opositora y Nobel de la Paz, afirmó tras reunirse con Trump que Venezuela avanza en un camino «irreversible» hacia la democracia. Sin embargo, cualquier transición requerirá evaluar la seriedad de la administración estadounidense y la vulnerabilidad del nuevo gobierno venezolano, que enfrenta presiones internas de sectores intransigentes.
Reformas económicas: ¿Avance o distracción?
Desde la captura de Maduro, 300 millones de dólares ingresaron al sistema bancario venezolano como parte de un acuerdo petrolero con EE.UU., que comercializa entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano. La brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo se redujo al 20%, aliviando temores de hiperinflación. Rodríguez prometió «agilizar trámites estatales» y un entorno más favorable al mercado.
El 22 de enero, la Asamblea Nacional, controlada por el régimen, aprobó cambios a la ley de hidrocarburos. Las reformas otorgan mayor control a empresas privadas en producción y venta de petróleo, reducen regalías y permiten arbitraje independiente. Trump prioriza estos cambios, aunque Maduro mantiene el control del sector. Próximamente, se revisará la ley minera para atraer inversión extranjera.
Antonio Ecarri Angola, congresista opositor, argumenta que la liberalización económica genera democracia, pero ejemplos como China y Vietnam muestran que un régimen puede fortalecerse con reformas económicas sin ceder poder político. El chavismo podría estar apostando a que una economía más estable frene las demandas de cambio.
Liberaciones simbólicas y represión persistente
El régimen liberó a 260 presos políticos, incluyendo a Rafael Tudares, yerno de Edmundo González, ganador de las elecciones robadas en 2024. Rodríguez prometió un «diálogo verdadero» con movimientos «consensuados y divergentes», mientras su hermano, presidente de la Asamblea Nacional, sugirió reformas para fomentar participación política. Sin embargo, estas medidas contrastan con décadas de represión.
Rodríguez reformó su gabinete y la cúpula militar, pero figuras clave como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino permanecen en sus cargos. Álex Saab, exministro de Industria y exconvicto en EE.UU. por lavado de dinero, fue destituido tras quejas de ejecutivos petroleros. Aunque el miedo disminuye y algunos opositores salen de sus escondites, la moderación es principalmente simbólica.
Según Foro Penal, 670 presos políticos siguen encarcelados, incluyendo aliados de Machado. La mayoría de las liberaciones son condicionales, permitiendo al régimen volver a detenerlos. Anunciar un diálogo es una táctica clásica del chavismo para ganar tiempo sin ceder poder real. Rodríguez ignora la Constitución, que exige elecciones rápidas ante la ausencia del presidente.
¿Qué señales confirmarían una transición real?
El régimen gana tiempo esperando que la presión estadounidense disminuya. Andrés Izarra, exministro de Maduro en el exilio, advierte: «Esperen retrasos, ambigüedad y renegociación de términos». Rodríguez ocasionalmente critica a EE.UU. para consolidar su base, pero las fricciones se manejan con «obstruccionismo burocrático».
Las señales reales de transición incluirían:
- El regreso de exiliados políticos, como Machado, y libertad para operar.
- Reformas genuinas en la autoridad electoral y la Corte Suprema, controladas por leales que permitieron el fraude electoral de 2024.
- Presión sostenida de EE.UU., aunque hasta ahora los gestos de Trump hacia la democracia son vagos.
Scott Bessent, secretario del Tesoro, declaró que habrá «elecciones libres y justas» cuando EE.UU. lo considere oportuno. Trump expresó interés en involucrar a Machado, pero por ahora prefiere a Rodríguez en el poder. Marco Rubio, secretario de Estado, presentó un plan de tres etapas (estabilización, recuperación y transición) sin plazos claros. El 28 de enero comparecerá ante el Senado para discutirlo.
Transformar Venezuela en democracia antes de que Trump deje el cargo sería una hazaña histórica sin precedentes. La falta de tropas estadounidenses en el país y la resistencia del régimen lo hacen improbable. Machado insiste en que el chavismo se ve obligado a «desmantelarse», pero las evidencias apuntan a una estrategia de supervivencia más que a un cambio real.
Manifestantes en la Plaza Bolívar piden la liberación de detenidos en Venezuela, en una concentración que refleja la tensión entre esperanza y represión.







