China enfrenta crisis laboral: migrantes rurales no regresan a las ciudades

Trabajador migrante chino con maleta y herramientas en estación de tren, simbolizando la crisis de empleo urbano

Alerta en Pekín: El gobierno chino teme una avalancha de desempleados en zonas rurales tras el Año Nuevo Lunar.

El Ministerio de Asuntos Rurales advirtió sobre un «problema a gran escala» de trabajadores que podrían «quedarse» en sus pueblos, una señal de alarma sin precedentes en el régimen.

El fenómeno no es nuevo: en 2008, la crisis financiera global devolvió a millones a sus hogares. Pero esta vez, la desaceleración económica parece permanente. El sector inmobiliario, que empleaba al 20% de los migrantes, se contrae sin visos de recuperación. Mientras, el campo ya no es refugio: el 40% de los hogares rurales alquiló sus tierras, frente al 10% de hace 15 años.

La migración que se frena

En la estación de tren de Henan, el Sr. Zhao, de 60 años, espera con una maleta y un cubo de herramientas. Trabajó colocando azulejos en Nanjing, pero este año adelantó su viaje: «No había más trabajo». Sus ingresos cayeron de 9.000 yuanes (US$1.290) a 5.000 yuanes mensuales. Aunque planea regresar, su caso refleja una tendencia: las fábricas costeras cierran antes y los salarios bajan.

En Zhoukou, una oficina gubernamental registra un aumento récord de retornos. La recepcionista explica: «Solo ofrecemos empleos temporales, como repartidores». Mientras, en Hubei, el gobierno promueve industrias locales para retener migrantes. Pero el Sr. Huang, de 40 años, regresó para estar con su hijo y encontró salarios un 30% menores que en Guangzhou. Su esposa sigue allí: «El sueldo aquí no alcanza».

El cambio generacional

La migración interprovincial cayó del 47% en 2014 al 38% en 2024. Los jóvenes priorizan calidad de vida sobre ingresos. He Gaoqiang, de 35 años, rechazó trabajos en ciudades grandes para criar a su hija en Zhoukou: «Estar con mi familia es lo mejor». Para Pekín, esto es un problema: los migrantes ya no son «mano de obra barata», sino ciudadanos que exigen derechos.

La pandemia de COVID-19 mostró el riesgo: migrantes atrapados en pueblos sin ingresos ni tierras. Ahora, con la economía en desaceleración estructural, el campo ya no es válvula de escape. El Año Nuevo Lunar, tradicionalmente época de reencuentros, podría convertirse en el inicio de una crisis social sin precedentes.

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