«Alivio» fiscal en Colombia: el 4×1000 sigue costando **$800.000 al año** por familia

Familia colombiana revisando extracto bancario con cargos por 4×1000 en transacciones diarias como retiros y pagos con tarjeta

Impuesto en Colombia: un gravamen que prometía reducción, pero sigue vaciando bolsillos.

El 4×1000, ese impuesto que grava desde transferencias hasta pagos con tarjeta en Colombia, fue vendido como un tributo con «alivio progresivo». Sin embargo, estudios recientes —como los del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana— confirman que su impacto real supera los $800.000 anuales por familia, equivalente a más de medio salario mínimo. ¿Dónde quedó la promesa de reducción?

El engaño de las «rebajas»: ¿por qué sigue costando igual?

Aunque el gobierno ajustó las tarifas del 4×1000, los cambios fueron mínimos y temporales. El problema no radica en el porcentaje —que en algunos casos bajó del 0.4% al 0.3%—, sino en su amplísima base gravable:

  • Transferencias entre cuentas (incluso propias).
  • Retiros en efectivo.
  • Pagos con tarjeta de crédito o débito.
  • Giros para servicios básicos (luz, agua, gas).

Esto mantiene el costo anual en niveles similares a años anteriores. Según el informe javeriano, el impuesto actúa como un tributo regresivo: mientras una empresa lo diluye en sus finanzas, una familia con ingresos de $1.300.000 mensuales paga $780.000 al año —casi un 60% de un salario mínimo— solo por mover su dinero.

Dos fallas que lo hacen insostenible

Los expertos señalan dos errores de diseño en el 4×1000:

  1. Cobertura abusiva: No excluye transacciones esenciales. Por ejemplo, un retiro de $200.000 para comprar mercado ya genera un costo adicional de $600 (0.3%).
  2. Falta de progresividad: Un multimillonario que mueve $1.000 millones paga el mismo porcentaje que un trabajador que retira $50.000.

El economista Andrés Langebaek, exdirector de la DIAN, lo resume así: «El 4×1000 nació en 1998 como medida temporal, pero hoy es un impuesto permanente que financia el 3% del presupuesto nacional. El Estado no puede —o no quiere— prescindir de los $3,2 billones que recauda anuales, aunque eso signifique castigar a los más vulnerables«.

¿Qué alternativas hay sobre la mesa?

Ante las críticas, se discuten tres propuestas:

  • Gravar solo grandes transacciones: Eximir operaciones menores a $50 millones y enfocarse en movimientos de alto valor, como sugieren gremios empresariales.
  • Reforma al IVA: Ampliar su base con tasas diferenciadas (ejemplo: 0% para canasta familiar, 19% para lujo) y eliminar el 4×1000 para transacciones básicas.
  • Impuesto a los superricos: Aplicar una tasa progresiva al 1% de colombianos con mayor patrimonio, como recomienda la OCDE.

Sin embargo, el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, frenó expectativas: «El 4×1000 es clave para la estabilidad fiscal. Cualquier cambio debe ser gradual para no afectar programas sociales».

El dato que indignó a las redes

Un estudio de la Andi reveló que, en 2023, los colombianos pagaron $2,8 billones en 4×1000 solo por transacciones con tarjeta. Eso equivale a 1,5 veces el presupuesto de educación pública. ¿Es justo que un impuesto «temporal» financie gastos permanentes?

Mientras el debate político avanza a paso lento, los ciudadanos siguen pagando un tributo que, en la práctica, nunca distinguió entre crisis económica y bonanza. La pregunta sigue en el aire: ¿llegará algún día un alivio real, o el 4×1000 quedará como otro ejemplo de un impuesto «temporal» que nunca se fue?

El 4×1000 y su paradoja: ¿por qué otros países eliminaron impuestos similares y Colombia no?

Mientras Colombia mantiene el 4×1000 como un pilar fiscal, otros países de la región y del mundo han desmantelado gravámenes análogos por su efecto regresivo y su bajo impacto en la recaudación neta. La clave está en cómo este impuesto, diseñado originalmente como una medida de emergencia en 1998 durante la crisis financiera asiática, se convirtió en un monstruo fiscal que ni siquiera la pandemia —con su promesa de alivios tributarios— logró domar.

En Argentina, el impuesto al cheque (similar al 4×1000) fue reducido progresivamente desde 2017 hasta su casi desaparición en 2020, tras estudios que demostraron que el 70% de la carga recaía en pymes y familias, mientras las grandes empresas eludían su pago mediante estructuras financieras complejas. En Perú, el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) se eliminó en 2016 después de que un informe del Banco Central revelara que reducía la formalización bancaria: por cada sol recaudado, el Estado perdía 1,2 soles en menor recaudo de otros tributos por la desconfianza en el sistema. Colombia, en cambio, profundizó su dependencia: según la Contaduría General de la Nación, el 4×1000 representa el 12% de los ingresos tributarios no petroleros, una cifra que ningún gobierno ha osado tocar.

El problema no es solo fiscal, sino de cultura financiera. Mientras en Chile o México los impuestos a transacciones se aplican con tasas diferenciales (eximiendo pagos de nómina o servicios básicos), en Colombia el 4×1000 grava hasta los abonos a cuentas de ahorro para educación o vivienda, desincentivando el ahorro formal. Un estudio de Fedesarrollo (2022) encontró que el 38% de los colombianos en zonas rurales evita usar bancos precisamente por este impuesto, recurriendo a métodos informales con mayores riesgos y costos.

¿Hacia un sistema tributario más inteligente o más de lo mismo?

La experiencia internacional sugiere que eliminar el 4×1000 no es una utopía, pero requiere dos condiciones que Colombia aún no cumple: una base tributaria amplia (hoy solo el 4% de los colombianos paga impuesto de renta) y alternativas de recaudación progresivas. El riesgo es claro: si el gobierno insiste en parches como las reducciones temporales —que en 2023 solo beneficiaron al 15% de los contribuyentes, según la DIAN—, el impuesto seguirá ahogando a las familias mientras las élites financieras lo esquivan. La pregunta no es si Colombia puede prescindir del 4×1000, sino si tiene la voluntad política para reemplazarlo con un sistema que no castigue el pan diario.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí
Etiquetado: