Irán en llamas: protestas masivas ponen contra las cuerdas al régimen de Khamenei

Manifestantes iraníes con teléfonos apagados durante un apagón digital impuesto por el régimen para silenciar protestas

Crisis sin precedentes: Irán enfrenta las mayores protestas desde 1979, con ataques a edificios oficiales y banderas pre-revolucionarias ondeando en las calles.

Las manifestaciones, que comenzaron el 28 de diciembre como focos aislados, se han extendido a las 31 provincias del país, sumando a mujeres, clase media y desempleados. En Teherán, cientos de miles corearon «muerte al dictador», mientras en Mashhad —bastión de los partidarios del régimen— multitudes colapsaron la ciudad. Donald Trump llegó a afirmar en redes sociales que el pueblo había tomado el control.

Khamenei, preocupado por su seguridad

Más de 40 muertos y 2.000 detenidos en 12 días de protestas, según grupos de derechos humanos. Las autoridades han restringido Internet, preludio de una represión más dura. Khamenei, de 86 años, tachó a los manifestantes de «títeres de Trump» y rechazó distinguir entre protestas legítimas y disturbios.

El régimen al borde del colapso

La economía iraní se desmorona: el rial se deprecia, los comerciantes acaparan productos y 15 millones de personas cayeron en la pobreza en 15 años. La inflación devora salarios y ahorros, mientras la escasez de alimentos, agua y electricidad paraliza las provincias. Incluso el presidente Masoud Pezeshkian admitió que el gobierno no puede frenar la crisis.

En el extranjero, la reputación del régimen está por los suelos. Los ataques israelíes han debilitado a sus aliados regionales, y Trump reactivó la política de «máxima presión», estrangulando las exportaciones de petróleo. Medios progubernamentales incluso alertaron sobre el despliegue de la 101.ª División Aerotransportada de EE.UU. en la frontera con Irán, aunque sin pruebas.

¿Un nuevo líder para Irán?

Por primera vez desde 2009, los iraníes se unen en torno a una figura opositora: Reza Pahlavi, hijo del último sha, exiliado en Washington. Su llamado a la acción masiva el 6 de enero desató multitudes históricas. «Sabemos que es un payaso, pero no hay otra opción», confesó un profesor de Teherán. Sin embargo, en zonas kurdas y azeríes, los manifestantes rechazan tanto a Khamenei como al sha.

Dentro del régimen, el silencio es ensordecedor. Rumores en foros cerrados sugieren que reformistas tienen «pistolas apuntándoles». En algunas ciudades, se filmó a fuerzas de seguridad retirándose. La pregunta clave: ¿cuánto tiempo obedecerán los aparatos de seguridad a un líder que prioriza su supervivencia sobre la del país?

Khamenei, escondido por seguridad, no muestra intención de dimitir. «Para ellos, la mejor muerte es el martirio», dijo un exconocido. Mientras, el pueblo iraní parece dispuesto a resistir hasta el final. El dilema del régimen es claro: no se puede combatir el hambre con balas.

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