«Pérdida de control en Sant Antoni: furgoneta arrolla a mujer tras desmayo del conductor»

Furgoneta blanca fuera de control tras desmayo del conductor en calle peatonal de Sant Antoni, Ibiza

Accidente en Ibiza: un conductor se desmayó al volante y atropelló a una mujer en pleno centro de Sant Antoni.

Una furgoneta fuera de control impactó este martes a una mujer en la calle París de Sant Antoni de Portmany, cerca de la estación de autobuses. El incidente, ocurrido hacia las 13:30 horas, se desencadenó cuando el conductor sufrió un desvanecimiento repentino mientras circulaba, según confirmó la Policía Local.

El vehículo, sin control, embistió a la víctima —que acababa de bajar de su coche para acceder a un aparcamiento— y luego colisionó contra su turismo. La fuerza del impacto desplazó el coche 30 metros, sacándolo de la calzada y precipitándolo a una cuneta cercana.

Agentes de la Policía Local rescataron al conductor inconsciente de la furgoneta y le aplicaron maniobras de RCP hasta que recuperó las constantes vitales. La mujer atropellada fue atendida por los servicios de emergencia, aunque las autoridades no han detallado aún la gravedad de sus lesiones.

El suceso ha reabierto el debate sobre la seguridad vial en zonas urbanas y la necesidad de protocolos para conductores con antecedentes médicos. ¿Podría un sistema de frenado automático haber evitado este accidente?

Accidentes por desvanecimiento: un riesgo infravalorado en la conducción urbana

El incidente en Sant Antoni no es un caso aislado: los siniestros provocados por pérdida de conciencia al volante representan entre el 1% y el 3% de los accidentes graves en España, según datos de la DGT. Sin embargo, su impacto en zonas turísticas —como Ibiza— suele agravarse por la alta densidad peatonal y la mezcla de tráfico local con vehículos de alquiler, donde los conductores desconocen las rutas o circulan bajo estrés.

Estudios europeos señalan que el 70% de estos episodios están vinculados a patologías previas no declaradas (diabetes, epilepsia, arritmias) o a efectos secundarios de medicamentos. A diferencia de otros países como Alemania o Reino Unido, España no exige screenings médicos periódicos para renovar el carnet de conducir en la mayoría de los casos, salvo para profesionales del transporte. La Asociación Española de Médicos de Tráfico lleva años advirtiendo de esta laguna: en 2022, solo el 15% de los conductores mayores de 65 años se sometió a revisiones voluntarias, pese a ser el grupo de mayor riesgo.

El coste económico de estos accidentes también es relevante. En casos similares, los gastos por hospitalización, reparación de vías públicas y litigios han superado los 200.000 euros por siniestro, sin contar las indemnizaciones por responsabilidad civil. Las aseguradoras ya han empezado a incluir cláusulas específicas para «eventos médicos imprevisibles», elevando las primas en zonas con alta siniestralidad turística.

¿Hacia una conducción monitorizada?

La tecnología podría mitigar estos riesgos, pero su adopción es lenta. Sistemas como el frenado autónomo de emergencia (AEB) —obligatorio en la UE para nuevos modelos desde 2022— reducen un 40% los atropellos, pero no actúan si el conductor pierde el conocimiento antes de pisar el acelerador. Empresas como Bosch y Continental desarrollan sensores de actividad biométrica (ritmo cardíaco, sudoración) para vehículos, aunque su implementación masiva choca con barreras legales: ¿quién asume la responsabilidad si el sistema falla? Mientras, en Ibiza —donde el turismo multiplica la exposición al riesgo— las autoridades estudian limitar el acceso de furgonetas a calles peatonales en temporada alta, una medida ya aplicada en ciudades como Barcelona o Ámsterdam.

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