Francia redefine su cultura: el Salón del Vino de París abraza la abstemia con opciones sin alcohol que desafían décadas de tradición.
En un país donde el vino es sinónimo de identidad, la abstemia gana terreno. Justine Bobin, abstemia francesa, confirma que ya no es necesario beber alcohol para disfrutar. «La gente está descubriendo que la diversión no depende de una copa», afirma tras explorar la feria Wine Paris, donde las bebidas sin alcohol comparten espacio con los clásicos.
Los productores apuestan por lemas como «sin alcohol, sin remordimientos» para atraer a consumidores, especialmente adultos jóvenes, más conscientes de los daños del alcohol. La tendencia no es local: en Estados Unidos el consumo cae, y el gobierno francés incluso indemniza a vinicultores que reducen viñedos ante la menor demanda.
La industria cervecera se reinventa: despidos y crecimiento sin alcohol
Heineken, gigante holandés, eliminará 6.000 empleos para 2028 tras la caída en ventas de cerveza. Sin embargo, su línea de bebidas sin alcohol creció en dos dígitos en 18 mercados. «Es un cambio de paradigma», señala Bobin, quien probó opciones en Wine Paris para vender en su tienda de Borgoña.
La inclusión es clave: estas bebidas unen a quienes beben y a quienes no, rompiendo barreras sociales. «Ya no hay excusas para dejar a alguien fuera», comenta Bobin.
Salud y elegancia: ¿una tendencia irreversible?
El consumo de alcohol en Francia ha caído a la mitad en 50 años. Los jóvenes beben menos y distinto que sus padres. Katja Bernegger, productora austriaca de vinos sin alcohol, lo ve claro: «No es una moda, es un estilo de vida».
Bernegger comenzó su proyecto al quedar embarazada y dejar el alcohol. Hoy, sus vinos sofisticados sin alcohol ofrecen la experiencia del vino sin resaca. «La gente quiere disfrutar sin pagar el precio al día siguiente», explica.








