Rodalies recupera su circulación en Barcelona tras sabotaje en Montmeló

Agente policial examinando un artefacto similar a un lanzagranadas incautado en Badajoz tras una persecución nocturna

Incidente en Rodalies: Un acto vandálico paralizó cuatro líneas clave en Barcelona.

Los trenes de las líneas R2, R2 Nord, R8 y R11 de Rodalies de Catalunya volvieron a circular este jueves alrededor de las 22:00 horas entre Mollet del Vallès y Granollers, tras una interrupción provocada por un sabotaje en la estación de Montmeló. El corte afectó al sistema de electrificación, dejando sin servicio a miles de usuarios durante horas.

Según informó Adif a través de su cuenta oficial en X (antes Twitter), los trenes comenzaron a recuperar sus frecuencias habituales de forma progresiva una vez solucionada la incidencia. Paralelamente, Protecció Civil de Catalunya desactivó la prealerta del plan Ferrocat, diseñado para emergencias en el transporte ferroviario.

El incidente, calificado como «acto vandálico» por las autoridades, ocurrió en plena tarde, uno de los tramos horarios con mayor afluencia de pasajeros. Aunque no se han reportado heridos, la paralización afectó a conexiones críticas entre el Vallès Oriental y Barcelona, incluyendo trayectos habituales de trabajadores y estudiantes.

Este tipo de sabotajes, aunque infrecuentes, generan retrasos en cadena que pueden extenderse más allá de la resolución técnica. ¿Cómo compensarán las operadoras a los usuarios afectados? Hasta el momento, ni Renfe ni Adif han detallado medidas específicas.

Sabotajes ferroviarios: un patrón con costes ocultos más allá de los retrasos

El ataque a la infraestructura de Rodalies en Montmeló no es un caso aislado: responde a un fenómeno recurrente en redes ferroviarias europeas, donde los actos vandálicos contra sistemas eléctricos o de señalización representan el 12% de las interrupciones no climáticas, según datos agregados de la Agencia Ferroviaria de la UE (ERA). Lo singular en este caso es su impacto en un nodo como Barcelona, donde la densidad de tráfico supera los 1.200 trenes diarios solo en la red de cercanías, multiplicando el efecto dominó sobre la economía local.

El coste de estos incidentes va más allá de las horas perdidas. En Cataluña, cada hora de paralización en líneas troncales como la R2 —que conecta con el puerto y la Zona Franca— puede traducirse en pérdidas logísticas de hasta seis cifras para empresas de transporte, según estimaciones de la Asociación de Operadores Logísticos (AECOC). Además, los sabotajes repetidos elevan las primas de los seguros de infraestructuras: tras los ataques a la red francesa en 2022, SNCF reportó un aumento del 18% en sus costes de cobertura. En España, Adif aún no ha cuantificado este sobrecoste, pero fuentes del sector señalan que podría rastrearse en los próximos pliegos de licitación para mantenimiento.

La vulnerabilidad de los sistemas eléctricos —objetivo en el 78% de los sabotajes ferroviarios en Europa, según la ERA— obliga a replantear inversiones. Mientras países como Alemania o Países Bajos han blindado subestaciones con sensores de intrusión y cámaras térmicas, en España solo el 30% de los puntos críticos cuenta con vigilancia avanzada, según un informe de 2023 de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. La diferencia radica en que, en esos países, los ataques se concentran en vías secundarias, no en arterias como la R2, donde el coste por minuto de inactividad es exponencial.

El riesgo de normalizar lo excepcional

La repetición de incidentes como el de Montmeló —el tercero en Cataluña en menos de dos años— podría llevar a una tolerancia operativa peligrosa: usuarios y empresas empezando a internalizar los sabotajes como «costes colaterales» del sistema. Esto ya ocurre en regiones como Bélgica o Italia, donde el time buffer (margen de retraso aceptable) en horarios comerciales se ha ampliado un 25% desde 2020 para absorber imprevistos. La pregunta no es si Rodalies compensará a los afectados esta vez, sino cómo evitar que la resiliencia se convierta en resignación —y que Barcelona, con su red saturada, termine pagando el precio de una seguridad reactiva, no preventiva.

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