Premio Princesa de Asturias 2024: los científicos que revolucionaron la secuenciación de ADN

Científicos en laboratorio analizando datos de secuenciación ADN ultrarrápida con equipos modernos y gráficos de genoma humano en pantallas

Revolución en la genética: Tres científicos transformaron para siempre la medicina con una tecnología que hizo accesible el mapeo del genoma humano.

Los químicos británicos David Klenerman y Shankar Balasubramanian, junto al biofísico francés Pascal Mayer, recibieron este miércoles el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2024 por desarrollar técnicas de secuenciación ultrarrápida de ADN. Sus avances, según el jurado, «han impulsado el diagnóstico clínico, la biomedicina, la medicina forense y la ecología a niveles sin precedentes».

Antes de sus contribuciones, descifrar un genoma humano completo era un proceso lento y costoso: requería meses de trabajo y millones de euros. Hoy, gracias a su tecnología, el mismo procedimiento se realiza en menos de 24 horas y con un costo miles de veces menor. Este salto cualitativo permitió, por ejemplo, secuenciar el virus SARS-CoV-2 en tiempo récord durante la pandemia, acelerando el desarrollo de vacunas contra la COVID-19.

La tecnología detrás del premio: de Solexa a Illumina

Klenerman y Balasubramanian fundaron en 1998 la empresa Solexa (adquirida luego por Illumina), donde perfeccionaron un método comercial de secuenciación rápido, económico y masivo. Su sistema se basó en los estudios previos de Mayer sobre la amplificación superficial del ADN, una técnica que permite copiar material genético en superficies sólidas, facilitando análisis a gran escala.

La Fundación Princesa de Asturias destacó que este método no solo optimizó la investigación científica, sino que también democratizó el acceso a pruebas genéticas, antes reservadas a centros de élite. Hoy, hospitales, laboratorios forenses y proyectos de conservación ambiental en todo el mundo dependen de esta tecnología.

Trayectoria de un premio histórico

El Premio Princesa de Asturias de Investigación —dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró— es el tercero en anunciarse en esta edición 2024. En años anteriores, el galardón reconoció figuras como la genetista Mary-Claire King (2023), pionera en usar la genética para prevenir cáncer de mama, o a los científicos del ARN mensajero, clave en las vacunas contra la COVID-19.

Este año, los premios ya distinguieron a la leyenda del rock Patti Smith (Artes) y al estudio de animación Studio Ghibli (Comunicación y Humanidades), cofundado por Hayao Miyazaki. Los ocho galardones, creados en 1981, son considerados los más prestigiosos del ámbito iberoamericano.

Los ganadores recibirán su premio en una ceremonia oficial en Oviedo (España) el próximo otoño, en un evento presidido por los reyes Felipe VI y Letizia.

¿Qué otros avances médicos, antes impensables, podrían volverse rutina gracias a esta tecnología?

El ADN como commodity: cómo la secuenciación masiva transformó economías y éticas globales

Mientras el premio celebra el impacto científico de la secuenciación ultrarrápida, su verdadero legado podría estar en haber convertido el genoma humano en un bien transable. Antes de 2007 —cuando Illumina lanzó su primer secuenciador comercial—, el mercado de pruebas genéticas era un nicho dominado por gobiernos y multinacionales farmacéuticas. Hoy, empresas como 23andMe, AncestryDNA o Veritas Genetics venden kits directos al consumidor por menos de 100 dólares, creando una industria que, según informes de Grand View Research, superará los 25.000 millones de dólares anuales en 2027. Pero este boom esconde tensiones: desde brechas legales en propiedad de datos hasta el uso de perfiles genéticos por aseguradoras o empleadores.

La tecnología también redefinió sectores ajenos a la salud. En agroindustria, compañías como Syngenta o Bayer usan secuenciación masiva para desarrollar cultivos resistentes a plagas, reduciendo tiempos de I+D de una década a menos de dos años. En arqueología, proyectos como el Atlas del Genoma Humano Antiguo —que mapeó ADN de restos de 5.000 años— dependen de estos métodos. Incluso en seguridad nacional, agencias como el FBI emplean bases de datos genéticas (como CODIS) para resolver casos fríos, aunque esto plantea debates sobre vigilancia masiva mediante biomarcadores.

  • Dilema ético: Más de 26 millones de personas han compartido su ADN con empresas privadas (datos de MIT Technology Review), pero solo el 12% de los países tiene leyes claras sobre su uso secundario.
  • Paradoja económica: Aunque el costo por genoma cayó de 100 millones de dólares en 2001 a menos de 600 hoy, el 80% de la capacidad global de secuenciación está en manos de tres corporaciones (Illumina, Thermo Fisher y BGI).
  • Frontera legal: Casos como el de la patente del gen BRCA1 (anulada en EE.UU. en 2013) muestran cómo la propiedad intelectual sobre secuencias genéticas sigue siendo un campo minado.

Hacia un futuro de genomas «on demand»

El próximo salto no será técnico, sino logístico: proyectos como el Earth BioGenome Project —que busca secuenciar el ADN de todas las especies eucariotas del planeta— o iniciativas para crear «pasaportes genéticos» en sistemas de salud públicos (como el UK Biobank) exigirán marcos regulatorios ágiles. La pregunta ya no es si podremos descifrar un genoma en minutos, sino quién controlará esa información y cómo se monetizará. La secuenciación ultrarrápida no solo cambió la ciencia; hizo del ADN la nueva moneda de intercambio del siglo XXI.

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