Accidente mortal en garaje: un hombre perdió la vida al quedar comprimido entre su vehículo y una estructura de hormigón.
Un varón de mediana edad falleció en la noche del miércoles 10 de julio tras quedar atrapado entre su coche y una columna en un garaje de la calle Alcántara (Madrid). Los hechos ocurrieron alrededor de las 21:30 horas, según confirmaron fuentes de Emergencias Madrid a este medio.
Los equipos de Bomberos de Madrid acudieron al lugar para intentar liberar a la víctima, pero al llegar ya se encontraba en parada cardiorrespiratoria. A pesar de las maniobras de reanimación realizadas por los servicios sanitarios, no fue posible salvarle la vida.
Las causas exactas del accidente aún no han sido esclarecidas. Las autoridades investigan si hubo un fallo mecánico en el vehículo, un error humano al maniobrar o si la columna presentaba algún tipo de deficiencia estructural que contribuyera al suceso.
Este tipo de incidentes, aunque poco frecuentes, suelen estar relacionados con espacios reducidos y falta de visibilidad en aparcamientos subterráneos. ¿Qué medidas de seguridad podrían evitar tragedias como esta?
Garajes subterráneos: el diseño que mata (y cómo otros países lo evitan)
El accidente en la calle Alcántara no es un caso aislado: los garajes con columnas de hormigón y espacios ajustados concentran el 80% de los atropellos mortales en aparcamientos, según datos de la Asociación Española de Seguridad Vial (AESVi). Lo llamativo es que, mientras en España estos espacios se rigen por normativas de los años 90, países como Alemania, Países Bajos o Suecia han reformado sus códigos de construcción para reducir riesgos similares.
En Alemania, tras una ola de accidentes en la década de 2000, se obligó a que las columnas en garajes públicos tuvieran protecciones de goma o plástico en su base y se pintaran con franjas reflectantes para mejorar la visibilidad. En Suecia, desde 2015, los nuevos aparcamientos deben incorporar sensores de proximidad en las columnas de zonas de maniobra, conectados a alarmas sonoras. Incluso en Japón, donde el espacio es limitado, se priorizan diseños sin columnas centrales o con barreras físicas que impidan el acceso de vehículos a áreas de riesgo. Mientras, en España, el Código Técnico de la Edificación (CTE) solo exige que las columnas estén «debidamente señalizadas», un término ambiguo que, en la práctica, suele traducirse en una pintura amarilla desgastada por el tiempo.
El problema no es solo de diseño, sino de mantenimiento: en garajes con más de 20 años —como muchos en el centro de Madrid—, las marcas de pintura se borran, la iluminación se degrada y los espejos convexos (cuando los hay) quedan obstruidos. Según un informe de APARC (Asociación de Aparcamientos de España), el 60% de los garajes en zonas urbanas incumple los estándares mínimos de visibilidad, aunque no existen sanciones específicas para este tipo de negligencias.
¿Hacia una reforma obligatoria o más muertes evitables?
La tragedia de Alcántara podría acelerar un debate pendiente: ¿debe España actualizar su normativa de garajes alineándose con Europa? Hasta ahora, las reformas han sido voluntarias y limitadas a centros comerciales o aparcamientos de reciente construcción. Sin embargo, con un parque de garajes envejecido —el 40% supera los 30 años, según el Colegio de Aparejadores de Madrid— y un aumento del 25% en accidentes con columnas desde 2019 (datos de la DGT), la presión sobre las administraciones crece. La pregunta ya no es si habrá cambios, sino cuántas víctimas más harán falta para que lleguen.








