Desinformación 2.0: La inteligencia artificial redefine las campañas de manipulación con enjambres autónomos.
En 2016, la Agencia de Investigación de Internet (IRA) rusa empleaba cientos de personas en San Petersburgo para difundir desinformación manualmente en redes sociales. Aunque su impacto fue limitado, el escándalo reveló los riesgos de la manipulación digital. Una década después, un estudio publicado en Science advierte sobre un salto cualitativo: una sola persona podría controlar miles de cuentas de IA, capaces de evolucionar en tiempo real sin supervisión humana constante.
Un riesgo global para la democracia
El informe, elaborado por 22 expertos en IA, ciberseguridad y ciencias sociales, alerta sobre consecuencias catastróficas. «Los avances en inteligencia artificial permiten manipular creencias a escala poblacional», amenazando los cimientos democráticos. Lukasz Olejnik, investigador del King»s College de Londres, lo resume: «Tenemos un gran problema».
Barry O»Sullivan, profesor del University College Cork, coincide: «Las campañas de influencia con IA ya son técnicamente viables», pero su gobernanza es un desafío sin precedentes. Mientras empresas como OpenAI desarrollan agentes autónomos, los autores del estudio señalan que la misma tecnología podría usarse para difundir propaganda a una escala nunca vista.
¿Qué son los «enjambres de desinformación»?
Estos sistemas consistirían en agentes de IA con identidades persistentes y memoria, capaces de simular usuarios reales. Coordinados entre sí, adaptarían sus mensajes en tiempo real según las reacciones de las plataformas y los humanos. Jonas Kunst, coautor del informe, advierte: «Hemos entrado en una nueva fase de la guerra informativa», donde los bots tradicionales quedan obsoletos.
Nina Jankowicz, exasesora de desinformación de Biden, compara el escenario con «granjas de trolls rusos con esteroides». La detección sería casi imposible: «Carecemos de acceso a las redes sociales para rastrearlos», explica Kunst. Aunque aún no hay evidencia de su uso masivo, los expertos creen que se probarán en las elecciones de 2028.
Además de imitar humanos, los enjambres podrían mapear redes sociales para dirigir mensajes a comunidades específicas, maximizando su impacto. «Adaptarían los discursos a creencias culturales», escriben los investigadores, logrando una precisión inédita.
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Omar Florez, líder de LatamGPT, destaca cómo la IA en Latinoamérica enfrenta desafíos únicos, desde la escasez de datos hasta la necesidad de modelos culturalmente relevantes.
Automejora: la amenaza que se perfecciona sola
Los enjambres no solo generarían contenido, sino que optimizarían sus estrategias mediante retroalimentación. «Ejecutarían millones de pruebas A/B en segundos», propagando las variantes más efectivas a velocidad de máquina. Esta capacidad de automejora los haría exponencialmente más peligrosos que las campañas tradicionales.
Para contrarrestarlos, los expertos proponen un «Observatorio de la Influencia de la IA», integrado por académicos y ONGs. Sin embargo, descartan la participación de plataformas como Meta o X, cuyos incentivos económicos priorizan el engagement sobre la transparencia. Kunst lo explica sin rodeos: «Para una red social, es mejor ocultar los enjambres».
La falta de voluntad política agrava el problema. Jankowicz sentencia: «No hay interés en abordar los daños de la IA». Mientras tanto, Olejnik advierte que el panorama geopolítico actual no es propicio para iniciativas de vigilancia global.
El futuro que describe el informe no es ciencia ficción: es una advertencia. Como concluye Kunst, «los enjambres de IA podrían ser una realidad en 2028». La pregunta es si la sociedad estará preparada.








