Lucha contra el fuego: Los equipos del Plan Infoca redoblan esfuerzos en tres frentes abiertos.
El Plan Infoca mantiene activos sus dispositivos terrestres para controlar los incendios forestales en Huelva y Almería y lograr la extinción total del fuego en Málaga, donde la situación comienza a estabilizarse tras horas de trabajo ininterrumpido. Las brigadas especializadas, apoyadas por medios aéreos cuando las condiciones meteorológicas lo permiten, centran sus operaciones en cortafuegos estratégicos y refrescar las zonas ya quemadas para evitar rebrotes.
En Huelva, el incendio —que ha arrasado ya más de 500 hectáreas de monte bajo y pinar— presenta un perímetro activo en su flanco norte, donde los vientos variables y la orografía complican las labores. Las autoridades han decretado el desalojo preventivo de dos cortijos en las inmediaciones, aunque por ahora no se reportan daños en infraestructuras.
Mientras, en Almería, el fuego avanza con menor intensidad gracias a la actuación nocturna de los equipos, pero persiste el riesgo en zonas de difícil acceso. Aquí, el humo denso ha obligado a cortar temporalmente la carretera A-349, principal vía de conexión entre pueblos de la comarca. Los técnicos del Infoca advierten de que las altas temperaturas (superiores a 38°C) y la baja humedad (inferior al 20%) podrían reactivar las llamas en las próximas horas.
El frente de Málaga, aunque dado por «casi extinguido» según fuentes del operativo, sigue bajo vigilancia extrema. Los bomberos forestales trabajan en la eliminación de puntos calientes y en la evaluación de los daños, que preliminarmente superan las 300 hectáreas afectadas, incluyendo áreas de alto valor ecológico dentro del Parque Natural de los Montes de Málaga.
Desde el Centro de Operaciones Regional (COR) del Infoca se coordina el despliegue de más de 200 efectivos, entre brigadas terrestres, técnicos y pilotos, además de 12 aeronaves —helicópteros y aviones anfibios— que operan en turnos rotativos. La Consejería de Sostenibilidad de la Junta de Andalucía ha activado el nivel 1 de alerta por riesgo extremo de incendios en toda la comunidad, instando a la población a extremar las precauciones y evitar actividades que puedan generar chispas.
¿Podrá el Infoca contener los tres frentes antes de que el cambio de viento previsto para mañana complique aún más las labores?
Incendios en Andalucía: ¿Por qué el monte bajo y el pinar arden más rápido (y qué pierde la región)
Mientras los equipos del Infoca combaten los frentes activos en Huelva, Almería y Málaga, un dato pasa desapercibido: más del 70% de la superficie quemada corresponde a monte bajo y pinares, ecosistemas que, paradójicamente, son tanto víctimas como aceleradores del fuego. Estos terrenos, dominados por especies como el Pinus halepensis (pino carrasco) o arbustos como la Quercus coccifera (coscoja), acumulan una carga de biomasa seca —hojarasca, ramas y acículas— que actúa como combustible perfecto en condiciones de sequía extrema. Según informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), las masas forestales mediterráneas con gestión abandonada o escasa arden hasta un 40% más rápido que las sometidas a tratamientos selvícolas periódicos.
La pérdida no es solo ambiental. En Andalucía, estos ecosistemas sostienen tres industrias clave: la apicultura (el 60% de la miel andaluza proviene de zonas de monte bajo), la resina de pino (con una producción anual que supera las 2.000 toneladas, según datos de Aserradero), y el turismo rural, que en comarcas como la Serranía de Ronda o los Montes de Málaga genera más de 15.000 empleos directos e indirectos. Un incendio como el de Málaga, que ha afectado a áreas del Parque Natural, puede dejar fuera del mercado a colmenas enteras —la exposición al humo contamina la miel— y reducir la capacidad de carga ganadera en pastos que tardan entre 10 y 15 años en recuperarse. Además, la carbonización del suelo incrementa el riesgo de inundaciones repentinas: sin vegetación, la tierra pierde su capacidad de absorción, como ocurrió en las riadas post-incendio de 2021 en la Sierra Bermeja, donde las lluvias arrastraron cenizas y lodos hasta núcleos urbanos.
- Monte bajo en llamas: Pierde diversidad de arbustos (tomillo, romero, jaras), esenciales para polinizadores como las abejas. Su regeneración natural es lenta y costosa.
- Pinares jóvenes: Los ejemplares de menos de 20 años —los más inflamables— tardan décadas en recuperar su valor económico (madera, resina) y ecológico (fijación de CO₂).
- Suelo forestal: Las altas temperaturas del fuego (superiores a 500°C en algunos puntos) esterilizan la capa superficial, eliminando microorganismos clave para la fertilidad.
El costo oculto: ¿Quién paga la factura a largo plazo?
Beyond las hectáreas calcinadas, los incendios de esta semana dejarán una deuda ecológica y económica difusa. La Junta de Andalucía destina anualmente unos 80 millones de euros al Infoca, pero los fondos para restauración post-incendio dependen de programas europeos como LIFE o del Ministerio para la Transición Ecológica, cuyos plazos burocráticos pueden superar los dos años. Mientras, los ayuntamientos afectados —muchos con menos de 5.000 habitantes— asumen costes inmediatos: limpieza de cunetas, reparación de infraestructuras dañadas por maquinaria pesada o la caída de turismo en temporada alta. El verdadero test llegará en otoño, cuando las lluvias revelen si los suelos quemados resisten la erosión o, por el contrario, se convierten en zonas de alto riesgo de corrimientos, como ya ocurrió en Doñana tras los incendios de 2017.








