Fuego en Doñana: El incendio forestal que arrasó parte del Parque Nacional desde el domingo ha sido estabilizado a las 22:15h, pero los equipos siguen en alerta máxima.
El fuego cede, pero el riesgo persiste
El consejero de Emergencias de Andalucía, Antonio Sanz, confirmó este martes por la noche que el incendio en el paraje Rincón del Membrillo (Almonte, Huelva) —dentro del corazón de Doñana— ya no avanza, aunque los brigadistas trabajan contra relojes para consolidar su control. En un mensaje difundido en X (antes Twitter), Sanz destacó que, pese a la gravedad, «una parte de la zona afectada no se ha quemado», lo que abre una ventana de esperanza para la recuperación del ecosistema.
El fuego, que se declaró el domingo 25 de junio, ha dejado un rastro de destrucción desigual. Según el consejero, los primeros análisis de severidad del incendio sugieren que «una gran parte de las áreas dañadas podría regenerarse de forma natural», gracias a que las llamas no arrasaron con igual intensidad todos los sectores. Sanz subrayó un dato clave: dentro del perímetro calcinado han sobrevivido «islas de vegetación» intactas, que actuarán como «semilleros» para la recuperación.
Doñana, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera, ya había sufrido incendios graves en 2017 (Moguer) y 2022 (Losacio). ¿Podrá este parque, crítico para la biodiversidad ibérica, resistir otro golpe?
Operativo récord: 400 profesionales y 30 medios aéreos
El dispositivo desplegado para sofocar las llamas ha sido uno de los más grandes de los últimos años en Andalucía:
- Más de 400 efectivos en tierra, incluyendo brigadas forestales y unidades de emergencia.
- 19 autobombas y 4 tractores con grada para cortafuegos.
- 30 medios aéreos en su punto álgido, con helicópteros pesados y aviones anfibios.
Este martes, el refuerzo aéreo incluyó 10 aeronaves adicionales: cinco helicópteros (tres pesados y dos semipesados), cuatro aviones anfibios y un avión de coordinación (ACO) del Ministerio para la Transición Ecológica. Sin embargo, al caer la noche, los 10 medios del Plan Infoca se retiraron por seguridad, dejando en tierra a 125 brigadistas y siete autobombas que siguen trabajando en turnos rotativos.
Sanz no dudó en felicitar al operativo, pero advirtió: «El control total aún requiere horas de trabajo». Las altas temperaturas —Huelva registró 38°C este martes— y los vientos variables mantienen el riesgo de reactivación.
¿Qué pasa ahora? Claves para los próximos días
Con el fuego estabilizado, las prioridades son:
- Evaluación de daños: Equipos científicos medirán el impacto en especies protegidas como el lince ibérico o el águila imperial.
- Regeneración natural: Las «islas de vegetación» no quemadas serán clave para repoblar las zonas arrasadas.
- Investigación de causas: Aún no se ha confirmado si el origen fue intencionado, negligente o natural.
El incendio de Doñana no es un caso aislado: España lleva tres veces más hectáreas quemadas en 2023 que la media de la última década, según datos del MITERD. ¿Estamos ante una nueva normalidad de megaincendios?
Doñana en la encrucijada: ¿Un ecosistema al límite de su resiliencia?
Mientras los equipos luchan por consolidar el control del incendio, el verdadero desafío para Doñana comienza ahora: su capacidad para absorber golpes repetidos sin colapsar. Este parque, que alberga el 20% de las especies de aves acuáticas de Europa y es el último refugio del lince ibérico, ya acumulaba estrés por sequías prolongadas, intrusión humana y anteriores incendios. La pregunta que pocos se atreven a formular es si, tras décadas de presión, el umbral de recuperación natural está cerca de agotarse.
Los incendios de 2017 (Moguer) y 2022 (Losacio) dejaron lecciones amargas. En el primero, según informes de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), el 30% de las zonas quemadas no se regeneró como se esperaba, especialmente en áreas de matorral seco donde el fuego superó los 800°C. Este nuevo incendio, aunque con «islas de vegetación» intactas, afecta a una zona crítica: el Rincón del Membrillo, humedal clave para aves migratorias. La diferencia esta vez es el contexto: 2023 es el año más seco en Andalucía desde que hay registros (1961), con embalses al 25% de su capacidad. La combinación de sequía extrema y incendios recurrentes podría acelerar la desertificación de áreas antes resilientes.
Otro factor silenciado es el coste económico oculto. Más allá de los gastos directos en extinción (que en casos como el de Sierra Bermellón en 2021 superaron los 10 millones de euros), Doñana genera 60 millones anuales en turismo de naturaleza y empleos locales, según datos de la Junta. Cada incendio reduce su atractivo a medio plazo, especialmente para el turismo científico, que representa el 40% de las visitas. Además, la UE podría revisar los fondos de conservación si se demuestra que los planes de prevención —como los cortafuegos naturales con ganado— no se aplicaron con rigor.
- Efecto dominó en especies: El lince ibérico, aunque no en peligro inmediato, podría ver reducido su territorio un 15% si las zonas quemadas no se recuperan en 3-5 años, según patrones observados en incendios anteriores.
- Riesgo de invasión biológica: Las áreas arrasadas son vulnerables a especies exóticas como el nicotiana glauca (tabaco moruno), que ya ocupa el 12% de Doñana y compite con la vegetación autóctona.
- Presión legal: Ecologistas en Acción ha anunciado que estudiará acciones judiciales si se confirma que el incendio pudo evitarse con una gestión más activa de la vegetación seca, como exigía el Plan Director de la Red de Parques Nacionales (2020).
El futuro: ¿Gestionar el fuego o gestionar el fracaso?
Doñana no necesita más planes de emergencia; necesita un cambio de paradigma. Países como Portugal ya aplican quemas controladas preventivas en el 8% de sus áreas forestales, reduciendo un 60% los grandes incendios. En España, sin embargo, la burocracia y el miedo al riesgo frenan estas prácticas. La próxima década dirá si optamos por adaptarnos al fuego —usándolo como herramienta ecológica— o por seguir apagando síntomas mientras el ecosistema se degrada. Lo cierto es que, con el clima actual, la pregunta ya no es *si* habrá otro incendio en Doñana, sino *cuándo* —y si para entonces quedará algo que salvar.








