Guerra sin final claro: Ucrania avanza en el campo de batalla, pero enfrenta desafíos internos que amenazan su futuro.

En un campo militar de las afueras de Kiev, adolescentes de entre 14 y 18 años entrenan con disciplina paramilitar. «Nuestros hombres no son infinitos. Alguien debe reemplazarlos», declara Danylo, de 18 años, mientras ajusta su pasamontañas caqui. Su determinación contrasta con la realidad de Iván, 28 años, un desertor del servicio obligatorio que ahora vive recluido en un apartamento de la capital, pálido y desilusionado. «Ucrania independiente no tiene sentido», murmura, representando a los 300.000 hombres que evaden el reclutamiento. Dos visiones opuestas, un mismo código postal.
El país celebra avances tácticos: drones que destruyen refinerías rusas, una industria bélica en auge y el respaldo económico de Europa. Pero la pregunta persiste: ¿Puede Ucrania ganar la guerra sin perder su alma? La corrupción, la fatiga social y un sistema político bajo tensión amenazan con socavar lo construido.
Ucrania gana terreno, pero a qué costo
Contra todo pronóstico, Ucrania resiste a un enemigo con 4,5 veces su población, 28 veces su territorio y una economía 12 veces mayor. La clave: innovación. Los drones de largo alcance —95% fabricados en Ucrania— han paralizado la logística rusa. Según el general Pavlo Palisa, asesor presidencial, «Rusia lanza cadáveres al frente, pero nosotros ganamos en tecnología, moral y velocidad«.
Las cifras respaldan su optimismo:
- Ucrania elimina a 35.000 soldados rusos al mes (meta: 50.000, límite de reemplazo del Kremlin).
- La ofensiva rusa en Donbás lleva dos años de retraso.
- EE.UU. y la UE liberarán 90.000 millones de euros en ayuda, tras el bloqueo de Orbán.
Sin embargo, el comandante Yevhen Karas advierte: «La guerra no es un camino de rosas. Pero para Rusia, será peor». Su regimiento atacó en marzo la fábrica Silicon El, proveedora de microchips para misiles balísticos rusos. «Para otoño, su defensa aérea colapsará», vaticina.
La retaguardia se resquebraja
Mientras el frente avanza, las ciudades ucranianas se desmoronan. El ataque del 23 de mayo en Kiev dejó 40 objetivos impactados por misiles y drones. En Kherson, Kharkiv y Zaporizhia, los drones con visión en primera persona han convertido la vida civil en un infierno. «Este invierno, un ataque coordinado casi colapsa la red eléctrica», confiesa un trabajador de emergencias. El PIB crecerá solo 1,5% en 2026, 2,5 puntos menos por los apagones.
El activista Taras Chmut alerta: «El mayor riesgo no es el frente, sino la energía y la moral«. Una encuesta inédita revela tres grupos:
- 46%: patriotas inquebrantables.
- 36%: moderados escépticos.
- 18%: desmotivados, principalmente por la corrupción.
El reclutamiento forzoso agrava las tensiones. Ivan, el desertor, pagó US$10.000 para evitar el servicio. «Me metieron en una furgoneta a golpes», recuerda. En Odesa y Dnipro, el 30% de los reclutas huye durante el entrenamiento. El ministro Mykhailo Fedorov promete mejoras: salarios más altos para los soldados en primera línea y reclutamiento internacional.
La política interna es un polvorín. Escándalos como el desvío de US$100 millones por allegados a Zelensky han revivido protestas. En noviembre, renunció Andriy Yermak, su mano derecha, ahora investigado. «Zelensky no tolera a los fuertes», denuncia un alto funcionario. Su gobierno controla medios y usa cuentas anónimas para atacar disidentes.
¿Victoria pírrica?
Las negociaciones de paz, mediadas por EE.UU., se estrellaron en mayo. Rusia, con su economía salvada por el conflicto con Irán y US$60.000 millones extra en 2026 por el petróleo, no cede. «Nos parecemos a Alemania en 1918: ¿quién colapsará primero?», pregunta un diplomático. Zelensky prepara al país para 2 o 3 años más de guerra.
El futuro de Ucrania pende de un hilo: podría emerger como una democracia herida pero funcional, o quedar atrapada en un ciclo de militarismo y corrupción. «¿Por qué luchamos si terminamos como Rusia?», cuestiona Iván. Pero otros, como un alto oficial de inteligencia, mantienen la fe: «Dios ama a Ucrania. Lo lograremos».
El dilema demográfico: ¿Cómo reconstruir un país sin jóvenes?
Mientras Ucrania librará batallas en el frente, su mayor derrota podría gestarse en silencio: la hemorragia demográfica. El país ya perdía población antes de 2022 —6,5 millones menos desde 1991—, pero la guerra aceleró el colapso. Según datos del Banco Mundial, la combinación de muertos en combate, refugiados y emigración económica ha reducido la fuerza laboral en un 20% desde 2021. El problema no es solo cuántos quedan, sino quiénes se van: el 63% de los que huyen a la UE son mujeres en edad reproductiva y profesionales cualificados, según un informe de la OIM. Esto deja un vacío generacional que ni la victoria militar ni la ayuda externa podrán llenar.
El reclutamiento masivo agrava la crisis. Ucrania movilizó a 500.000 soldados en 2023, pero las bajas y las deserciones —como la de Iván— obligan a rascar el fondo del barril: ahora se entrena a adolescentes y se recluta a hombres de hasta 60 años. En comparación, durante la Segunda Guerra Mundial, la URSS perdió el 13% de su población, pero tenía una tasa de natalidad del 40‰ (hoy Ucrania ronda el 7‰). Sin un plan de repoblación urgente, el país podría quedar atrapado en un círculo vicioso: menos trabajadores para reconstruir, menos impuestos para sostener el Estado, y menos soldados para defenderlo. Políticas como los bonos por nacimiento (hasta US$10.000 por tercer hijo en algunas regiones) han fracasado: en 2023, los nacimientos cayeron un 28% respecto a 2021.
- Fuga de cerebros: Más de 100.000 profesionales de TI (un sector clave para la economía) han emigrado, según la Asociación IT Ukraine.
- Envejecimiento acelerado: La edad media subió de 41 a 43 años en solo dos años, una velocidad sin precedentes en Europa.
- Despoblación rural: El 70% de los municipios fuera de las grandes ciudades reportan escuelas cerradas por falta de alumnos.
La bomba de tiempo posguerra
Incluso si Ucrania lograra expulsar a Rusia mañana, heredaría un territorio con ciudades fantasmales, una economía dependiente de la ayuda externa y una sociedad fracturada. Países como Corea del Sur o Vietnam tardaron décadas en recuperarse de conflictos similares, pero contaban con dos ventajas que Ucrania no tiene: estabilidad demográfica y un enemigo derrotado. Aquí, Moscú seguirá acechando. La solución podría estar en atraer a los 6 millones de refugiados con incentivos fiscales y laborales, pero el riesgo es claro: sin un cambio radical, Ucrania podría ganar la guerra y perder el futuro. La pregunta ya no es solo cómo derrotar a Rusia, sino cómo evitar que el país se convierta en un museos de glorias pasadas.








