Crisis energética en Colombia: El presidente Gustavo Petro acusó de «alta traición» a su ministro de Minas por resultados de una subasta que favoreció plantas térmicas a gas sobre energías renovables.
El conflicto estalló el 24 de mayo de 2024, cuando la analista energética Daniela Mercado reveló en X los resultados de la subasta de Obligaciones de Energía Firme (OEF), mecanismo clave para garantizar electricidad durante sequías. De los 4.069,7 MW asignados para el periodo diciembre 2029–noviembre 2030, las plantas térmicas a gas obtuvieron 2.276,8 MW (56%), mientras que la solar y eólica sumaron 1.793 MW (44%). Mercado cerró su publicación con una pregunta reveladora: «¿Qué notan?».
La reacción del presidente no se hizo esperar. Petro respondió directamente al trino, acusando al ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, de traicionar los principios de su gobierno.
«Eso es una traición a la humanidad»: la explosiva respuesta de Petro
El mandatario calificó los resultados como «una alta traición al corazón del programa del gobierno» y sugirió la existencia de intereses ocultos: «Alguien recibió un pago para autorizar una nueva gasificadora precisamente donde está la línea negra», en referencia al área protegida que él mismo decretó para salvaguardar lo que denomina «el corazón del mundo».
Petro fue contundente en su crítica al modelo energético: «No necesitamos más gas, sino disminuir el gas en nuestra economía». Para él, la solución a la sequía no está en los combustibles fósiles, sino en la energía solar: «El complemento de energía a la sequía es precisamente el sol sin nubes». Su argumento se basa en un dato científico alarmante: «La ciencia ya predijo que en el año 2070 Colombia será desierto», lo que agravaría las migraciones climáticas.
En un mensaje dirigido al presidente francés, Emmanuel Macron, Petro pidió apoyo tecnológico: «Francia, en lugar de venderme moléculas de gas, véndame concentradores de radiación solar». Su postura refleja una apuesta radical por transitar hacia energías limpias, incluso en medio de advertencias sobre posibles desabastecimientos.
El mandatario profundizó su crítica en otro trino: «La sequía no se asume con gas sino con el sol, porque si es gas agravamos la causa del superniño, que no es más que el calentamiento global. Vendrán sequías más fuertes aún, porque la ciencia ya predijo que en el año 2070 Colombia será desierto y la población tendrá que ir al norte o a la Antártica». La mención a José Antonio Kast, presidente de Chile, como obstáculo para una eventual migración hacia el sur, añadió un tono geopolítico al debate.
Edwin Palma contraataca: «Yo respondo políticamente»
El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, asumió la responsabilidad política pero defendió los resultados con datos técnicos. Primero, recordó un vacío histórico: «Entre 2011 y 2019 no hubo ni una sola subasta de este tipo», lo que dejó al país sin proyectos ni reservas energéticas. «A nosotros en el pasado nos dejaron sin proyectos y sin energía», escribió.
Palma aclaró que el Ministerio no autoriza ni aprueba proyectos en las subastas, y calificó los datos difundidos por Mercado como «inexactos, imprecisos y antitécnicos». Su réplica incluyó una corrección clave: el proyecto térmico cuestionado tiene una capacidad máxima de 2.200 MW, pero en la subasta solo se asignaron 288 MW. De los 15 proyectos nuevos, 14 eran solares o eólicos (1.800 MW), mientras que solo 1 era térmico a gas. «¿Qué tal si hacemos énfasis en eso?», preguntó retóricamente al embajador en Brasil, Alfredo Saade, quien había tildado la subasta de «barbaridad».
El ministro subrayó que la proporción real es de 6,25 veces más capacidad renovable que a gas en los nuevos proyectos, un dato que contrasta con la narrativa inicial.
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Los datos ocultos de la subasta que cambiaron el debate
La subasta del 22 de mayo involucró 85 plantas de generación, de las cuales 77 recibieron asignación. El desglose por tecnología revela una matriz diversificada:
- 24 plantas hidráulicas (columna vertebral del sistema).
- 22 plantas térmicas (36,4% de la energía firme).
- 29 plantas solares (7,7% de la energía firme).
- 2 plantas eólicas (0,1% de la energía firme).
Del total de energía firme comprometida (143.011.373 kWh/día), la generación hidráulica lidera con 55,8%, seguida por la térmica (36,4%), solar (7,7%) y eólica (0,1%). Los precios de cierre oscilaron entre 16,4 y 22 dólares por MWh, según los costos variables de cada planta. La auditoría externa estuvo a cargo de RSM Colombia.
Un dato clave para entender el cronograma: las empresas seleccionadas deben presentar contratos de combustible o garantías de cumplimiento antes del 6 de agosto de 2026, mientras que los certificados de OEF se emitirán el 14 de septiembre del mismo año.
¿Gas vs. sol? El dilema que divide al gobierno colombiano
El debate expone dos visiones opuestas sobre la transición energética:
La postura de Petro se centra en un argumento climático: «Construir capacidad térmica a gas para responder a El Niño refuerza el consumo de combustibles fósiles, que agravan los fenómenos climáticos que se pretende mitigar». Su apuesta por la energía solar en regiones como La Guajira y la altillanura tiene respaldo técnico: Colombia registra una de las mayores tasas de irradiación solar del mundo, con potencial para generar hasta 50.000 MW en estas zonas. «El programa del gobierno que votó el pueblo es claro: la matriz de generación eléctrica debe abandonar cuánto antes los hidrocarburos. Es cuestión de vida o muerte», insistió.
La defensa de Palma, en cambio, prioriza la seguridad energética. El ministro advierte que el sistema eléctrico colombiano depende en más de 60% de la generación hidráulica, vulnerable durante sequías extremas como las provocadas por El Niño. Sin respaldo térmico, el riesgo de apagonazos masivos aumenta. «Sin capacidad de respaldo firme, un Niño muy fuerte puede dejar el país sin luz», alertó, recordando crisis pasadas como la de 1992, cuando Colombia enfrentó racionamientos de hasta 12 horas diarias.
¿Qué pasará si Colombia apuesta todo por el sol sin garantizar respaldo en años secos? El tiempo —y el clima— lo dirán.
El precedente latinoamericano: ¿Qué pasó cuando otros países apostaron solo por renovables?
El conflicto entre Petro y MinMinas no es un caso aislado en la región. Países como Chile y México enfrentaron crisis similares al priorizar energías limpias sin garantizar respaldo térmico, con resultados dispares. Mientras Chile logró estabilizar su matriz con un mix equilibrado, México pagó un alto costo por su transición acelerada.
En 2017, Chile experimentó un apagón masivo que dejó sin electricidad a 9 millones de personas (50% de la población) tras una falla en su sistema de transmisión, entonces dependiente en un 40% de energías renovables variables (solar y eólica). El incidente obligó al gobierno a reactivar centrales a gas como respaldo, demostrando que incluso con alto potencial solar —similar al de La Guajira—, la intermitencia climática exige soluciones híbridas. Hoy, Chile combina renovables (60%) con gas natural (20%) y hidroeléctricas (15%), evitando nuevos colapsos. En contraste, México redujo drásticamente su capacidad de respaldo térmico entre 2018 y 2022, bajo la política de «autosuficiencia energética» del presidente López Obrador. El resultado: en 2021, durante una ola de frío, el país enfrentó cortes programados de hasta 4 horas diarias en 27 estados, afectando a 43 millones de usuarios. La lección fue clara: sin almacenamiento masivo (baterías) o respaldo firme, las renovables no pueden cubrir picos de demanda extremos.
Colombia, con un 60% de dependencia hidráulica, enfrenta un riesgo aún mayor. Según informes de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), los países con matrices dominadas por hidroeléctricas —como Brasil (65%) o Costa Rica (75%)— han requerido entre un 15% y 20% de respaldo térmico para evitar racionamientos durante sequías. La diferencia clave: Brasil diversificó con biomasa y gas, mientras Costa Rica invirtió en geotermia, reduciendo su vulnerabilidad.
- Chile (2017): Apagón por 40% renovables + falta de respaldo → Reactivación de gas.
- México (2021): Reducción de térmicas + ola de frío → Cortes a 43 millones.
- Brasil/Costa Rica: Hidroeléctricas (65-75%) + respaldo del 15-20% (biomasa/geotermia) = Estabilidad.
La paradoja colombiana: Urgencia climática vs. realidad operativa
El dilema de Petro refleja una tensión global: ¿Cómo acelerar la descarbonización sin comprometer la seguridad energética? Europa resolvió parte del problema con interconexiones regionales (ej: España-Francia) y almacenamiento en baterías a gran escala, pero América Latina carece de esa infraestructura. Colombia, además, enfrenta un desafío único: su potencial solar en La Guajira (uno de los mayores del mundo) choca con la falta de líneas de transmisión para llevar esa energía a los centros de consumo. Sin inversiones en redes —estimadas en $2.500 millones según la UPME—, incluso los proyectos solares más ambiciosos quedarían aislados. La pregunta no es solo *qué* tecnología priorizar, sino *cómo* integrarla sin repetir los errores de México o Chile.








