Colombia en alerta: campos de gas en declive amenazan su seguridad energética

Gráfico comparativo del declive en producción de gas en Cusiana, Clarinete y Cupiagua, los 3 yacimientos más críticos de Colombia

Crisis energética en Colombia: Tres de los yacimientos más importantes del país registraron caídas históricas en su producción.

El envejecimiento de los campos de gas en Colombia ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que está afectando la oferta energética nacional. **Solo 12 yacimientos concentran el 80% de la producción total**, y tres de los más estratégicos —Cusiana, Clarinete y Cupiagua— experimentaron reducciones drásticas en su rendimiento durante el último año. Cusiana lidera la caída con un desplome del 32%, seguido de Clarinete (30,8%) y Cupiagua (23,7%). Este declive simultáneo confirma un patrón preocupante: el país está agotando sus reservas sin que nuevas inversiones o descubrimientos logren compensar la pérdida.

La producción de gas toca mínimos históricos

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En comparación con el mismo período de 2025, la producción nacional de gas cayó un 10,2% (132,2 millones de pies cúbicos diarios menos). Las regiones más afectadas fueron Sucre (-43%), Boyacá (-30,1%) y Atlántico (-59,1%), mientras que Casanare registró una disminución del 6,1%. Frente a enero de 2026, la reducción fue del 2,4%, impulsada por caídas en Casanare (2%), Córdoba (14,5%) y Boyacá (15,4%), aunque Meta mostró un repunte del 23%.

El ocaso de los campos de gas en Colombia: envejecimiento de Cusiana, Clarinete y Cupiagua golpea la oferta local

La menor producción ha disparado la dependencia de las importaciones. Entre enero y febrero de 2026, Colombia importó un promedio de 183,2 MPCD, un aumento anual del 13,3%, lo que representa el 21% del gas comercializado en el país. Paralelamente, la producción destinada al mercado interno cayó un 16,2% en términos interanuales, profundizando la crisis de suministro.

Campos en declive: ¿qué pasa con las reservas?

El problema no es coyuntural, sino estructural. De los 11 campos con mayor potencial productivo, seis reducirán su capacidad a menos del 50% para 2030, y cuatro caerán por debajo del 30%. Según Julio César Vera, presidente de Xua Energy, los yacimientos tradicionales —como Cusiana y Cupiagua, descubiertos en los años 90— han entrado en una fase irreversible de agotamiento.

«El gas es un recurso no renovable cuya explotación declina naturalmente con el tiempo», explicó Vera. «Inicialmente, en estos campos se priorizó la extracción de crudo, y solo en la última década se impulsó el balance hacia el gas. Pero el país no ha logrado reemplazar las reservas agotadas con nuevos descubrimientos o proyectos de recobro, lo que acelera la caída en la producción».

El exministro de Minas y Energía Amylkar Acosta fue más contundente: «Son yacimientos antiguos que ya no dan más. Se están exprimiendo con técnicas de recobro mejorado para evitar un colapso mayor, pero no hay margen de maniobra«. Acosta advirtió que Colombia perdió su autosuficiencia en gas desde diciembre de 2024 y ahora enfrenta un riesgo creciente para su soberanía energética, agravado por la caída en las reservas de crudo, que son «sumamente precarias».

¿Qué debe hacer Colombia para evitar el colapso?

Ante este escenario, los expertos coinciden en que el país debe actuar con urgencia. Vera propuso incentivar la exploración en regiones clave, como el Piedemonte llanero, el Valle Inferior del Magdalena, el Caribe offshore, Sinú-San Jacinto y Cesar-Ranchería, además de impulsar proyectos en yacimientos no convencionales. «Debemos retomar la asignación de nuevas áreas, agilizar los permisos ambientales y garantizar condiciones estables para atraer inversión», señaló. De lo contrario, Colombia enfrentará mayores costos por importaciones y una dependencia energética insostenible.

Por su parte, Acosta abogó por levantar la moratoria a nuevos contratos de exploración y permitir el uso de fracking, una medida controvertida pero que, según él, podría reactivar la producción. «Si no actuamos ahora, el país se convertirá en un importador neto de gas, con graves consecuencias económicas y geopolíticas», advirtió.

A pesar del panorama sombrío, los analistas ven potencial en nuevos hallazgos, aunque probablemente de menor escala. «La suma de yacimientos medianos y pequeños podría aportar volúmenes relevantes si se acelera la exploración en nuevas fronteras y se estabilizan las condiciones operativas», concluyeron. Sin embargo, el tiempo apremia: sin inversiones inmediatas, Colombia podría quedar a merced de los vaivenes del mercado internacional, con costos más altos y menos autonomía energética.

¿Logrará el país revertir esta tendencia antes de que sea demasiado tarde?

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