Fallo histórico: La Corte Suprema de EE.UU. declaró ilegales los aranceles de Trump, pero el presidente ya prepara su contraataque.
El 20 de febrero de 2026 marcó un hito en la política comercial estadounidense. La Corte Suprema, en un fallo sin precedentes, anuló la mayoría de los aranceles impuestos por Donald Trump bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Seis de los nueve jueces, incluido el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, rechazaron la interpretación de Trump, quien argumentaba que la ley le permitía eludir al Congreso para fijar gravámenes a su discreción. Roberts fue contundente: la Constitución otorga exclusivamente al Congreso la facultad de imponer aranceles en tiempos de paz.
Trump, visiblemente molesto, calificó el fallo como «profundamente decepcionante» y criticó a los jueces que votaron en su contra. En una conferencia de prensa, prometió nuevas barreras comerciales, incluso más estrictas que las anteriores. Sus argumentos para justificar los aranceles —una supuesta «crisis de salud pública» por drogas ilegales y déficits comerciales persistentes— fueron desestimados por la corte, que consideró que la IEEPA no otorga al presidente poderes ilimitados para gravar importaciones.

El fallo elimina gravámenes que representaban cerca del 50% de la tasa arancelaria efectiva de EE.UU., según el Laboratorio de Presupuesto de la Universidad de Yale. Sin embargo, Trump ya activó la Sección 122, una disposición de los años 70 que le permite imponer un arancel global del 10% por 150 días. Esta medida, nunca antes utilizada, podría generar disputas legales, ya que requiere demostrar déficits «grandes y graves» en la balanza de pagos.
El plan B de Trump: aranceles sectoriales y batallas legales
Para reconstruir su muro arancelario, Trump explora dos vías. La primera, impulsar gravámenes en el Congreso, parece inviable debido a las escasas mayorías y las elecciones intermedias de 2026. La segunda, más arriesgada, es la Sección 338 de la Ley Smoot-Hawley de 1930, que permite aranceles elevados si un país «discrimina» el comercio estadounidense. Esta opción, nunca invocada, podría desencadenar una guerra comercial global.
La alternativa más viable son los aranceles por sector y país, amparados en las Secciones 232 y 301. Estas normas, ya en vigor, tienen una base jurídica más sólida, pero requieren investigaciones formales antes de su aplicación. Trump ha prometido iniciar varias, aunque se queja del «proceso más largo» que implican. Esto limitará su estilo de amenazas improvisadas y negociaciones apresuradas, pero no frenará su objetivo: alcanzar los tipos arancelarios más altos en más de medio siglo.
Incertidumbre económica y reembolsos millonarios
El impacto inmediato del fallo es la incertidumbre. Empresas estadounidenses llevan un año quejándose de la política comercial cambiante, que dificulta la contratación y la inversión. Los mercados reaccionaron con cautela: los rendimientos de los bonos subieron ligeramente, y el dólar se depreció, aunque sin grandes movimientos.
Un tema clave es el destino de los más de 100.000 millones de dólares pagados por importadores en gravámenes. La Corte Suprema no aclaró si estos fondos deben reembolsarse, pero el juez Brett Kavanaugh advirtió en su disidencia que el proceso podría ser un «desastre». Si se aprueban los reembolsos, podrían inyectar liquidez a la economía antes de las elecciones, beneficiando paradójicamente a Trump.
La decisión también refleja un cambio en la Corte Suprema. Durante su segundo mandato, Trump había evitado confrontaciones directas con el tribunal, logrando victorias en temas como contratación presidencial o políticas migratorias. Sin embargo, en casos con informes completos y argumentos orales, como este, sus perspectivas son menos favorables. Su intento de destituir a Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, por presuntas irregularidades hipotecarias, también parece condenado al fracaso.
La reprimenda judicial a Trump por su política comercial podría ofrecer un respiro a la Reserva Federal, cuya independencia se vería amenazada si el presidente logra acumular votos en su junta de gobernadores. Mientras tanto, el mundo observa cómo EE.UU. reconfigura su estrategia comercial, con Trump decidido a reconstruir su muro arancelario, aunque sea ladrillo por ladrillo.
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