Alerta financiera: El yen y el dólar pierden fuerza, encendiendo alarmas en los mercados globales.
Durante décadas, Japón acumuló inversiones extranjeras por más de US$10 billones, el doble de su PIB anual, gracias a tasas de interés internas históricamente bajas. Sin embargo, el escenario cambió: las tasas subieron y los efectos se propagaron. El secretario del Tesoro de EE.UU. vinculó las fluctuaciones en los bonos del Tesoro a largo plazo con los movimientos en Japón. Tras caer el yen a su nivel más bajo frente al dólar desde 1990, ambos gobiernos evalúan intervenir para estabilizarlo, aunque los expertos advierten que esto no frenará los riesgos de turbulencia financiera.
La mera posibilidad de compras oficiales impulsó un repunte del yen desde el 23 de enero, contribuyendo a una caída generalizada del dólar. El 27 de enero, el expresidente Donald Trump celebró esta depreciación, argumentando que ayudaría a reducir el déficit comercial. Sin embargo, la tendencia ya venía en marcha: desde su mandato, sus políticas arancelarias, ataques a la Reserva Federal y aumento de la deuda generaron desconfianza en los inversores, llevando al dólar a caer un 7% en 2025.
¿Por qué el yen sigue débil pese a la caída del dólar?
La debilidad del yen es llamativa, especialmente porque la brecha entre las tasas de interés de Japón y EE.UU. se redujo en casi un tercio. En teoría, esta convergencia debería haber fortalecido la moneda japonesa, pero no fue así. Una explicación clave es la inflación: en la década de 2020, Japón registró un promedio anual del 2%, frente al 0,6% de los años 2010. Sorprendentemente, la inflación japonesa superó a la de sus socios comerciales, lo que suele debilitar una moneda al erosionar su poder adquisitivo.
Pero el panorama es más complejo. Según el índice Big Mac, que compara precios de hamburguesas entre países, el yen está infravalorado en un 50%. Esto sugiere que su debilidad no solo responde a factores económicos, sino también a la desconfianza de los inversores en la credibilidad fiscal y monetaria de Japón.
Deuda récord y políticas arriesgadas
La inflación ayudó a reducir temporalmente la deuda japonesa, que sigue siendo la más alta del mundo desarrollado: 130% del PIB. Los rendimientos de los bonos a 30 años alcanzaron máximos históricos este mes, mientras el primer ministro, Takaichi Sanae, convoca elecciones para el 8 de febrero con promesas de flexibilización fiscal. Entre sus propuestas: suspender impuestos al consumo de alimentos por dos años y aumentar el gasto en defensa, sin planes claros para financiarlo.
Un peatón frente a un tablero electrónico que muestra el tipo de cambio yen-dólar en Tokio, el 23 de enero de 2026.
Japón tiene activos en divisas para intervenir, pero comprar yenes no eliminará el riesgo de crisis. Los países con libre movimiento de capitales no pueden controlar simultáneamente sus tipos de interés y de cambio. El yen debería verse como un termómetro de la salud económica y la credibilidad del gobierno, no como un objetivo de política.
EE.UU.: ¿un dólar débil beneficia o perjudica?
Si Washington interviene para manipular el tipo de cambio, la gestión económica de Trump se percibiría como aún más errática. Un dólar débil encarece el capital para empresas y ciudadanos, algo que históricamente el gobierno ha evitado. Abandonar esta postura por temor al déficit comercial sería un error estratégico.
La fragilidad del yen y el dólar refleja problemas estructurales: en Japón, una deuda insostenible y políticas fiscales cuestionables; en EE.UU., la desconfianza en su manejo económico. Ambos casos son un recordatorio de que, en un mundo interconectado, las decisiones de un país pueden desencadenar ondas expansivas globales.
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