Tensión institucional: El Banco de la República y el Gobierno colombiano chocan por políticas monetarias.
El conflicto entre el Gobierno de Gustavo Petro y el Banco de la República alcanzó esta semana un nivel crítico, reviviendo el fantasma de crisis económicas como las de Turquía, Argentina y Venezuela. El detonante fue la salida del ministro de Hacienda, Germán Ávila, de la junta directiva del Emisor tras el aumento de la tasa de interés al 11,25%, una medida que el funcionario calificó como una «brecha significativa» con la política económica del Ejecutivo.
El presidente Gustavo Petro respaldó la decisión de su ministro y criticó la postura del banco central, afirmando que «no somos partícipes de una posición de oposición suicida». Desde el oficialismo se insistió en que el Banrep actúa en favor de «intereses particulares», mientras la entidad defendió su autonomía técnica y su mandato constitucional de controlar la inflación, actualmente en 5,3% (con un núcleo del 6,1% y servicios en 7%).
El gerente del Emisor, Leonardo Villar, aclaró que las decisiones se tomaron «por mayoría y con criterios técnicos» para proteger el poder adquisitivo del peso. Subrayó que, excepto el ministro Ávila, todos los miembros de la junta actúan con independencia.
Turquía: el precedente que asusta a Colombia
El caso turco es el ejemplo más citado de los riesgos de intervenir un banco central. Bajo el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan, la política de «Erdoganomics» —recortar tasas para reducir la inflación— contradijo la teoría económica ortodoxa y desató una crisis sin precedentes.
Las destituciones masivas de gobernadores del banco central destruyeron la credibilidad ante los mercados. Entre 2015 y 2019, Turquía priorizó el crecimiento con estímulos crediticios, pero la estrategia terminó en devaluación masiva de la lira (caída del 90% en una década) e inflación récord del 85% en 2022.
Según el OSW, en 2021 la lira pasó de 10 a 17 por dólar en un mes, mientras la inflación saltó del 21% al 36%. Aunque en 2026 se proyecta una reducción al 25%, los daños persisten: mayor costo de endeudamiento y mora crediticia.
Andrés García, decano de Economía de la Universidad del Rosario, advirtió: «Forzar tasas bajas en contextos inflacionarios genera devaluaciones y espirales difíciles de contener». Aunque Colombia tiene un marco institucional más sólido, episodios como el del 31 de marzo incrementan los riesgos.
América Latina: autonomía vs. inflación
Un estudio del FMI con 17 países en 100 años confirma que mayor independencia del banco central reduce la inflación. Entre 1940 y 1990, la región usó a estos organismos para financiar gasto público, sembrando hiperinflaciones en los 70 y 80.
El cambio llegó en los 90, cuando se blindó la autonomía de los bancos centrales y se les asignó el mandato de controlar precios. Las reformas prohibieron el financiamiento del déficit, y la inflación cayó de forma sostenida. El FMI estima que un aumento significativo en autonomía puede reducir la inflación en 10 puntos en cinco años.
Argentina y Venezuela: los casos extremos
En Argentina, durante el gobierno de Cristina Fernández, el BCRA perdió autonomía para financiar al Tesoro. La inflación pasó de 20-25% a 30% anual en 2015. Hoy, Javier Milei busca limitar la emisión monetaria para evitar nuevos desequilibrios.
Venezuela lleva el récord: el BCV, bajo control chavista, impulsó una hiperinflación que alcanzó 130.000% en 2018 y 475% en 2025. La desconfianza en el bolívar llevó a una dolarización de facto, con más del 80% de las transacciones en dólares.
¿Por qué no bajar tasas en Colombia?
Petro insiste en reducir tasas para reactivar la economía, pero los expertos advierten: contener la inflación exige costos transitorios. La inflación elevada golpea más a los vulnerables, erosiona el ahorro y encarece el crédito para pymes.
José Ignacio López, presidente de Anif, aclaró que la autonomía del Banrep no depende solo de quién nombra a sus directivos, sino de su mandato antiinflacionario. Criticó que «cuestionar alzas de tasas no evidencia fallas, sino que el esquema funciona», pues actúa sin ceder a presiones políticas.
¿Podría Colombia repetir los errores de Turquía o Venezuela? La respuesta depende de si se preserva la independencia técnica del Emisor.








