Guerra en Ucrania: El conflicto supera en duración a la Segunda Guerra Mundial, sin señales de tregua.
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, reafirmó este martes que Washington mantiene su disposición para mediar en la guerra de Ucrania, tras una nueva ofensiva rusa contra Kiev y la advertencia de Moscú a las embajadas extranjeras en la capital. «Cada ataque masivo recuerda por qué esta guerra —que ya dura más que la Segunda Guerra Mundial— debe terminar«, declaró Rubio desde la India, donde realiza una visita oficial.
En sus declaraciones a la prensa, el diplomático subrayó: «No hay negociaciones activas ahora mismo, pero EE.UU. está listo para actuar como facilitador si surge la oportunidad». La postura llega en un contexto de escalada violenta, con bombardeos rusos que el fin de semana sacudieron Kiev y una advertencia explícita del Kremlin a las misiones internacionales para que abandonen la ciudad.
Kiev bajo fuego: la capital ucraniana en la mira
Los últimos ataques rusos se centraron en lo que Moscú define como «centros de toma de decisiones«, una estrategia que, según Rubio, refleja el patrón de la guerra: «Un bando lanza un gran ataque, el otro responde con otro más fuerte, y así el conflicto se arrastra sin fin«. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, transmitió a Rubio —en una llamada telefónica solicitada por Rusia— el mensaje de que Kiev «será un lugar muy peligroso» en las próximas semanas, instando a las delegaciones extranjeras a evacuarse.
Rubio confirmó que replicó esta advertencia directamente al presidente Donald Trump, tras la petición expresa de Lavrov: «Hablé con él ayer sobre esto y me pidió que le transmitiera el mensaje al presidente. Así lo hice«.
¿Escalada sin fin? El riesgo de una guerra prolongada
El secretario de Estado advirtió que, sin un alto al fuego, el conflicto podría profundizarse: «Estas guerras no se detienen solas. Cada acción genera una reacción más violenta, y el ciclo continúa». Su declaración subraya la urgencia de una solución diplomática, aunque —por ahora— ni Ucrania ni Rusia han mostrado voluntad de negociar.
Mientras tanto, la población civil en Kiev enfrenta no solo los bombardeos, sino también el dilema de quedarse o huir ante la amenaza de nuevos ataques. ¿Logrará la comunidad internacional evitar que el conflicto derive en una crisis humanitaria aún mayor?
El papel histórico de EE.UU. como mediador: ¿éxitos o fracasos que repiten el patrón?
La oferta de mediación de Washington en Ucrania revive un debate sobre su eficacia en conflictos prolongados. Aunque EE.UU. ha actuado como facilitador en crisis como los Acuerdos de Dayton (1995) para Bosnia o el proceso de paz en Irlanda del Norte, su historial en guerras con actores estatales con intereses geopolíticos opuestos —como Corea, Vietnam o Siria— muestra limitaciones estructurales. En estos casos, la mediación chocó contra la incompatibilidad de objetivos estratégicos (ej.: la reunificación coreana) o la falta de voluntad de ceder territorio (ej.: Siria con Bashar al-Asad). Ucrania comparte rasgos con estos precedentes: Moscú exige garantías de neutralidad ucraniana, mientras Kiev, respaldada por Occidente, rechaza cualquier concesión que implique pérdida de soberanía.
Analistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS) señalan que, desde 1945, el 78% de las mediaciones estadounidenses en conflictos interestatales fracasaron cuando una de las partes contaba con superioridad militar temporal. Rusia, pese a sus reveses iniciales, ha ajustado su estrategia hacia una guerra de desgaste, apostando por que el cansancio occidental —económico y político— debilite el apoyo a Ucrania. En este escenario, la mediación requeriría concesiones simbólicas de alto costo (ej.: levantamiento parcial de sanciones a cambio de un alto al fuego), algo que ni Biden ni el Congreso están dispuestos a plantear hoy. La paradoja: EE.UU. ofrece dialogar, pero su margen de maniobra real depende de variables que escapan a la diplomacia, como el precio del gas en Europa o las elecciones presidenciales de 2024.
- Patrón histórico: Mediaciones exitosas cuando hay equilibrio de poder (ej.: Egipto-Israel en 1978) vs. fracasos cuando una parte cree poder ganar militarmente (ej.: Rusia en Chechenia, 1999).
- Variable económica: El PIB de Ucrania cayó un 30% en 2022 (Banco Mundial), pero su resistencia depende de fondos occidentales. Si estos flaquean, la presión sobre Kiev para negociar aumentará.
- Factor interno ruso: Según informes de inteligencia abiertos, el Kremlin vincula la guerra a su legitimidad doméstica. Retirarse sin «victorias» podría desestabilizar a Putin.
2025: ¿El año de la encrucijada?
El conflicto podría entrar en una fase crítica en 12-18 meses, cuando converjan tres factores: el posible segundo mandato de Biden (o un nuevo presidente con otra estrategia), el agotamiento de los stocks de armamento europeo enviados a Ucrania, y la capacidad rusa de sostener su economía de guerra. Si para entonces no hay avances diplomáticos, el escenario más probable no será una tregua, sino una congelación del conflicto al estilo Corea: líneas del frente estáticas, sin paz formal pero con violencia esporádica. La pregunta clave no es si EE.UU. puede mediar, sino si querrá asumir el costo político de presionar a Kiev para ceder —algo que, hoy por hoy, ningún líder occidental se atreve a plantear públicamente.








