Crisis sin precedentes: El mercado de criptomonedas enfrenta su peor caída en años, con Bitcoin perdiendo casi la mitad de su valor en meses.
Los vientos helados que azotan la costa este de Estados Unidos palidecen frente al frío que congela a los inversores de criptoactivos. El valor de Bitcoin se desplomó de US$124.000 en octubre a US$70.000 hoy, arrastrando consigo más de US$2 billones del valor total del mercado. Aunque las criptomonedas ya han vivido desplomes similares, esta vez el desánimo es más profundo que nunca.
Un invierno más largo de lo esperado
La caída del 45% en el precio de Bitcoin no es la más brutal de su historia —en 2021 perdió un 77% desde su máximo—, pero el mercado bajista actual, con apenas cuatro meses, ya duele más. La razón: esta vez no hay consuelo en otros activos. Mientras el índice NASDAQ 100, dominado por tecnológicas, está a solo 4% de su récord histórico, los criptoentusiastas se sienten abandonados.
Las causas de este colapso son tan volátiles como el mercado mismo, pero dos factores destacan: el apalancamiento y las liquidaciones masivas. A finales de septiembre, los préstamos respaldados por criptoactivos superaban los US$74.000 millones, más del doble que un año antes. Desde el 10 de octubre, se liquidaron apuestas apalancadas por US$19.000 millones, desencadenando una cascada de ventas.
La situación de Strategy Inc., una empresa que usa deuda para comprar Bitcoin, ejemplifica el pánico. Sus acciones cayeron casi 70% desde julio, profundizando la desconfianza.
Los ETF: ¿salvavidas o lastre?
Los fondos cotizados en bolsa (ETF) de criptomonedas, lanzados en 2024, prometían ser el salvoconducto para nuevos inversores. Y lo fueron… por un tiempo. El iShares Bitcoin Trust (IBIT) batió récords al acumular US$100.000 millones en activos en octubre. Pero en los últimos 80 días, registró salidas por US$3.500 millones, su primera ola de ventas prolongada. La mayoría de sus inversores ahora enfrentan pérdidas.
El aura de las criptomonedas, su mayor activo intangible, se desvanece. Sin valor fundamental ni generación de ingresos, su atractivo dependía de la percepción de ser una alternativa rebelde al sistema financiero tradicional. Pero hoy, esa narrativa se derrumba.
Del contracultural al anticuado
Charles Hoskinson, cofundador de Ethereum, lo resumió sin rodeos: «Todos nos convertimos en parte del sistema, y ¿sabes qué hace el sistema cuando te integras? Te vuelve obsoleto». La institucionalización de las criptomonedas, lejos de legitimarlas, las ha dejado en un limbo: ni rebeldes ni adoptadas.
Mientras los bancos centrales acumulan oro como refugio contra la inflación y las sanciones, los activos digitales quedan marginados. El Banco Nacional Checo probó suerte con una compra experimental de Bitcoin por US$1 millón el año pasado, pero no ha repetido la apuesta. Los gestores de fondos, según una encuesta de Bank of America, apenas destinan el 0,4% de sus carteras a criptomonedas.
Las monedas estables, como Tether o USDC, son la excepción. Su utilidad en pagos digitales las ha salvado de la crisis de identidad que sufren Bitcoin y otros activos especulativos. Pero incluso ellas operan en un ecosistema que ya no despierta el mismo entusiasmo.
¿Sobrevivirá el invierno?
Las criptomonedas han desafiado una y otra vez a quienes pronosticaban su muerte. Pero este invierno es diferente: no hay consuelo en otros mercados, el apalancamiento se ha vuelto en su contra, y su narrativa rebelde se ha esfumado. Como dijo Hoskinson, el sistema las ha hecho anticuadas. A menos que algo cambie, el deshielo podría tardar más de lo esperado.
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