Crisis global de suministros: El conflicto en el Golfo no solo disparó el petróleo, sino que estrangula commodities clave.
La tercera guerra del Golfo, que cumple tres semanas, ha centrado la atención en el crudo: el Brent alcanzó 106 dólares el 16 de marzo, su nivel más alto desde julio de 2022. Aunque Donald Trump presionó a la OTAN y liberó reservas estratégicas, el mercado sigue en alerta. El problema persiste: el 10-15 % del petróleo mundial queda bloqueado tras el cierre del estrecho de Ormuz, la principal ruta de exportación.
El bloqueo no afecta solo al crudo. También paraliza el flujo de urea (22 % de la producción global), aluminio (24 %), helio (33 %) y azufre (45 %). Las plantas petroquímicas y refinerías del Golfo, estratégicamente ubicadas entre Asia y Europa, ven cortadas sus exportaciones. Sectores como el transporte, la manufactura y la agricultura ya enfrentan estrangulamientos que, según los expertos, empeorarán en las próximas semanas.
Refinerías en jaque: Asia reduce capacidad y los fletes se disparan
Las refinerías asiáticas, obligadas a procesar crudos más ligeros y bajos en azufre, operan con costos elevados y riesgo de daño en sus equipos. China, India, Japón y Tailandia recortaron entre el 5 % y el 15 % su capacidad de refinación; en otros países, la reducción es aún mayor. Las mega-refinerías del Golfo, que normalmente abastecen a la región, apenas exportan productos, y 125 buques cisterna (5 % de la flota global) permanecen varados, según datos de la consultora Vortexa.
La escasez ya tiene consecuencias directas: China suspendió sus exportaciones de productos refinados, lo que disparó los precios de gasolina, diésel y queroseno en mercados clave como Singapur. Europa, que el año pasado importó el 69 % de su queroseno desde el Golfo o Asia, también enfrenta un aumento en los costos de flete marítimo, agravando la crisis logística.
Un modelo predictivo desarrollado por Michelle Brouhard, analista de Kpler, advierte que, si el cierre del estrecho se mantiene, Oceanía agotará el 80 % de sus reservas de queroseno en 36 días. África, en cambio, llegaría a ese límite en solo 23 días, mientras que Asia (excluyendo a China, Japón y Corea del Sur) enfrentaría escasez de gasolina en 12 días. La situación ya es crítica: escuelas cierran en varios países pobres y se implementa racionamiento de combustible. Incluso si el estrecho se reabriera mañana, reactivar las refinerías y convencer a las navieras de retomar rutas tomaría meses.
Industria petroquímica al borde del colapso: desde plásticos hasta medicinas
El Golfo Pérsico concentra casi el 45 % de la producción global de nafta marítima y entre el 23 % y 30 % del estireno y el polietileno, materias primas esenciales para plásticos y envases. Ante la imposibilidad de exportar, fabricantes asiáticos han declarado fuerza mayor, un recurso legal que les permite incumplir contratos sin penalizaciones. Pero el problema va más allá: principios activos para aspirinas y antibióticos, así como diamantes industriales (26 % del mercado), glicol (26 %) y metanol (30 %), también escasean. China e India, grandes importadoras de estos insumos farmacéuticos, enfrentan cuellos de botella que podrían afectar la producción de medicamentos en los próximos meses.
El aluminio lidera la lista de commodities en crisis. La planta de Qatar, una de las mayores del mundo, no opera por falta de gas. Las refinerías de Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, aunque técnicas están activas, no exportan debido a la escasez de insumos. Solo Omán logra despachar aluminio desde un puerto fuera del estrecho de Ormuz, pero bajo constantes ataques y con fletes marítimos desbordados. En la Bolsa de Metales de Londres, el aluminio a tres meses subió 300 dólares, alcanzando 3.440 dólares por tonelada, un nivel cercano a sus máximos de los últimos cuatro años. Las primas de entrega en Europa (que importa el 14 % de su aluminio) y América (21 %) marcan récords históricos.
Irán, por su parte, es un clave exportador de acero semielaborado a Asia. Con el bloqueo, sus envíos se redujeron drásticamente, alterando los mercados: por primera vez en décadas, el precio de las planchas de acero supera al de la bobina laminada en caliente, un fenómeno que, según Laura Stoyanova, analista de Argus Media, «no tiene precedentes en la historia reciente».
Helio y fertilizantes: los commodities invisibles que paralizan al mundo
Entre los efectos más inesperados destaca la escasez de helio, un subproducto del gas natural licuado (GNL). Qatar, responsable del 33 % de la producción mundial, operaba el complejo de Ras Laffan, ahora clausurado. Sin alternativas viables a corto plazo, industrias como la de semiconductores, resonancias magnéticas y globos meteorológicos enfrentan parálisis parcial.
Pero el golpe más duro podría llegar desde los fertilizantes. Un tercio del comercio marítimo global de estos productos pasa por el estrecho de Ormuz, y dos tercios corresponden a urea. Países como Kenia, Pakistán, Somalia, Sri Lanka y Tanzania dependen del Golfo para más de un cuarto de sus importaciones de fertilizantes; en el caso de Sudán, la dependencia supera el 50 %. Los precios de la urea ya se dispararon un 35 %, y en Estados Unidos el aumento alcanza el 70 % en solo tres meses. El azufre, otro insumo crítico, subió un 40 %, y su mercado spot regional está paralizado. Mineras de Indonesia y África buscan desesperadamente ácido sulfúrico para mantener la producción de cobre y níquel.
Svein Tore Holsether, CEO de Yara (uno de los mayores productores de fertilizantes del mundo), advirtió que un cierre prolongado del estrecho sería «catastrófico para la seguridad alimentaria global«. Con la siembra de primavera en puerta, los agricultores se ven obligados a elegir entre pagar precios récord por fertilizantes, reducir las dosis —arriesgando cosechas más pobres— o sembrar menos maíz y trigo. El 13 de marzo, Brooke Rollins, secretaria de Agricultura de EE.UU., calificó la situación como un tema de «seguridad nacional» y anunció ayudas financieras de emergencia para el sector.
Efectos a largo plazo: ¿hasta 2027 sin recuperación?
Los expertos coinciden en que los retrasos acumulados en semanas invalidarán fertilizantes para la cosecha de 2026. En el caso de la metalurgia, los efectos podrían extenderse hasta 2027. Reiniciar refinerías, fundiciones y plantas químicas no es cuestión de días: tomará meses, incluso si el conflicto terminara mañana. El mundo, en plena crisis, descubre ahora su vulnerabilidad ante un canal de apenas 54 kilómetros de ancho, controlado por Irán y clave para el comercio global.
Mientras las potencias debaten sanciones y contraataques, la pregunta que resuena es inevitable: ¿Cuánto está dispuesto a pagar el mundo por depender de un solo estrecho?







