Díaz-Canel desmiente planes de ataque a EE.UU. tras informe sobre drones en Cuba

Vista aérea de drones militares en territorio cubano durante ejercicios de defensa, con enfoque en tecnología no tripulada y contexto geopolítico

Tensiones Cuba-EE.UU.: El presidente cubano rechaza acusaciones de agresión tras revelaciones sobre armamento no convencional.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró este martes que «Cuba no representa ninguna amenaza» para Estados Unidos y desmintió tener intenciones hostiles contra otras naciones. Sus declaraciones llegan tras la publicación de un informe de Axios que alertaba sobre la presencia de cientos de drones militares en la isla y posibles discusiones sobre ataques a la base de Guantánamo o incluso a Key West, Florida.

Según CBS News, Díaz-Canel evitó referirse directamente a los supuestos planes ofensivos, pero defendió el derecho de Cuba a prepararse ante una eventual agresión externa. «Las amenazas de agresión militar contra Cuba por parte de la mayor potencia mundial son bien conocidas«, escribió el mandatario en sus redes sociales, calificando estas advertencias como un «crimen internacional» con consecuencias «incalculables» para la región.

El líder cubano insistió en que «Cuba no tiene planes ni intenciones agresivas contra ningún país, ni contra Estados Unidos», y aseguró que las agencias de inteligencia estadounidenses «saben perfectamente» que esta postura ha sido constante. Sin embargo, no negó la existencia de drones de uso militar en el territorio, como señalaba el reporte de Axios, que cifraba en alrededor de 300 los aparatos desplegados.

Díaz-Canel reafirmó el «derecho absoluto y legítimo» de Cuba a defenderse, aunque advirtió que este argumento no debe servir de pretexto para justificar un conflicto. «La amenaza en sí misma ya es un crimen«, recalcó, subrayando el riesgo de un «baño de sangre» si las tensiones escalan.

Contexto: ¿Por qué aumentan las tensiones ahora?

Las declaraciones surgen en un momento de máxima tensión bilateral, agravada por dos factores clave:

  • La reciente operación militar estadounidense en Venezuela, percibida por La Habana como una amenaza indirecta.
  • El endurecimiento de sanciones contra Cuba impulsado por la administración de Donald Trump, quien en enero pasado declaró que «Cuba es la siguiente» tras la captura de Nicolás Maduro, y en marzo afirmó que tendría el «honor» de «tomar Cuba de alguna forma«.

El informe de Axios detalla que los drones cubanos podrían estar distribuidos en zonas estratégicas, aunque no especifica capacidades técnicas ni alcance. Mientras tanto, el gobierno de EE.UU. no ha emitido una respuesta oficial al respecto, aunque analistas señalan que este tipo de revelaciones suele preceder a nuevas rondas de sanciones o movimientos diplomáticos.

¿Podría este informe ser el detonante de una nueva crisis en el Caribe? La historia reciente sugiere que, en un contexto de polarización extrema, hasta los rumores adquieren peso geopolítico.

El precedente de los drones en conflictos asimétricos: ¿Qué enseña la historia reciente?

La mera presencia de drones militares en Cuba —independientemente de su uso ofensivo— reactiva un patrón visto en otros escenarios de tensión: la militarización acelerada de tecnologías no tripuladas en contextos de asimetría de poder. No es la primera vez que un país bajo embargo o amenaza externa recurre a sistemas aéreos no convencionales para disuadir o equilibrar fuerzas. El caso más cercano es Venezuela, donde en 2018 y 2019 se documentó el despliegue de drones de fabricación iraní (como el Mohajer-6) tras las sanciones estadounidenses. Pero hay ejemplos más reveladores: en el conflicto de Nagorno-Karabaj (2020), Azerbaiyán usó drones turcos Bayraktar TB2 para neutralizar defensas armenias, demostrando cómo estos sistemas pueden alterar el balance militar con costos relativamente bajos.

Para Cuba, la apuesta por drones —si el informe de Axios es preciso— podría responder a una lógica de disuasión por denegación: no se trata de atacar, sino de complicar un eventual asalto. Según informes de la industria de defensa, los drones cubanos mencionados (sin detalles técnicos) podrían ser modelos de vigilancia o ataque ligero, similares a los Shahed-136 usados por Rusia en Ucrania. La diferencia clave es la escala: mientras Irán y Rusia despliegan miles, 300 unidades en Cuba serían un número simbólico, pero suficiente para aumentar el costo político de una intervención. Analistas del International Institute for Strategic Studies (IISS) señalan que, en conflictos asimétricos, incluso capacidades limitadas obligan a potencias como EE.UU. a recalcular riesgos, como ocurrió con los misiles soviéticos en 1962.

  • Coste-beneficio: Los drones son más baratos que aviones tripulados (un Bayraktar cuesta ~$5M vs. $100M de un F-35), lo que los hace atractivos para economías bajo sanciones.
  • Plausible deniability: Su uso permite acciones sin atribuibilidad clara, como demostró el ataque con drones al oleoducto saudí en 2019 (reclamado por los hutíes, pero con tecnología iraní).
  • Efecto psicológico: La sola mención de drones en zonas estratégicas (ej. cerca de Guantánamo) fuerza a EE.UU. a destinar recursos a contramedidas, como sistemas anti-UAV.

¿Hacia un nuevo «equilibrio del terror» en el Caribe?

El riesgo no es una guerra abierta, sino la normalización de la disuasión tecnológica de bajo umbral. Si Cuba consolida esta capacidad —aunque sea defensiva—, podría inspirar a otros Estados bajo presión (Nicaragua, Irán, Corea del Norte) a replicar el modelo, llevando a una proliferación silenciosa de drones en regiones inestables. La lección de Ucrania es clara: cuando las potencias subestiman estas herramientas, los conflictos se alargan. Para EE.UU., el dilema será si responde con más sanciones (que históricamente fortalecen a los regímenes sancionados) o si opta por una contención táctica, aceptando que la era de la intervención sin costes terminó. La pregunta no es si Cuba usará estos drones, sino cómo redefinirán las reglas del juego en el patio trasero de Washington.

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