Guerra en el Golfo: Pakistán logró lo imposible: un alto el fuego entre EE.UU. e Irán en abril de 2026.
El 8 de abril de 2026, el presidente Donald Trump anunció un alto el fuego de dos semanas con Irán, tras intensas negociaciones con Pakistán. La tregua, mediada por el primer ministro Shehbaz Sharif y el mariscal Asim Munir, se tambaleó horas después por desacuerdos sobre los combates en Líbano. Sin embargo, el papel de Pakistán como puente diplomático quedó consolidado: Irán y EE.UU. aceptaron reunirse cara a cara el 11 de abril en Islamabad, un hito tras cinco semanas de guerra que sacudieron la economía global.
De la crisis económica a la diplomacia de alto riesgo
Pakistán, un país al borde del colapso financiero en 2022 por inundaciones y la inflación del combustible, evitó la cesación de pagos gracias a 25 préstamos del FMI (récord mundial), además de fondos de China y los países del Golfo. En 2025, libró una guerra aérea de cuatro días con India y combatió a los talibanes afganos, acusados de atentados como el de Islamabad en noviembre de 2025. Pese a todo, en 2026 emergió como actor clave para la paz.
La elección no fue casual. Irán descartó a Turquía y Egipto por su cercanía a Washington, mientras que EE.UU. confió en Pakistán por dos razones: comparte 900 km de frontera con Irán y ha representado sus intereses en Washington desde 1979 (cuando Irán rompió relaciones con EE.UU.).
La confianza se forjó en meses recientes. En 2024, Irán y Pakistán intercambiaron ataques con misiles contra grupos insurgentes en sus fronteras. Pero el mariscal Munir restableció el diálogo con la Guardia Revolucionaria iraní, y Sharif recibió en Islamabad al entonces presidente iraní, Ebrahim Raisi. Tras los bombardeos de EE.UU. e Israel a Irán en junio de 2025, Pakistán respaldó públicamente a su «hermano musulmán», un gesto que, según la exembajadora Maleeha Lodhi, fue «clave para reconstruir la confianza».
La estrategia de Munir: de «mentirosos» a «aliados estratégicos»
En 2018, Trump tachó a Pakistán de dar «nada más que mentiras y engaños» a cambio de miles de millones en ayuda. Pero su relación con los militares pakistaníes cambió radicalmente. Munir, apodado por Trump como su «mariscal de campo favorito«, logró que Pakistán nominara al expresidente para el Premio Nobel de la Paz en 2025, tras mediar (sin éxito) en su conflicto con India.
En las semanas previas al alto el fuego, Munir mantuvo llamadas nocturnas con Trump y su vicepresidente, JD Vance, según el ejército pakistaní. Mientras, el servicio de inteligencia del país coordinó el contacto con Irán, actuando como traductores políticos: explicaron a la Casa Blanca las posturas iraníes, malinterpretadas en Washington. Paralelamente, el canciller Ishaq Dar recibió a sus homólogos de Arabia Saudita, Turquía y Egipto, y viajó a China. Pero el liderazgo fue de Munir.
El costo de la paz: préstamos perdidos y equilibrios imposibles
Pakistán tiene un interés urgente en detener la guerra: es uno de los países más vulnerables al alza de precios de la energía. Un conflicto prolongado amenazaba su frágil recuperación económica. Sin embargo, su mediación tuvo un precio. El 4 de abril de 2026, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) cancelaron un préstamo de US$3.500 millones, molestos por el acercamiento de Pakistán a Irán. El Ministerio de Finanzas debió buscar fondos alternativos en menos de 72 horas.
El equilibrio es delicado. Pakistán firmó un pacto de defensa con Arabia Saudita en 2025, pero Munir instó a Riad a «actuar con moderación» tras los ataques iraníes con misiles. Según la analista Khurram Husain, mantener relaciones con EE.UU., China, Arabia Saudita e Irán genera «tensiones internas» en Pakistán. Pero, por ahora, el país ha logrado lo imposible: tender puentes entre enemigos.
La propuesta pakistaní para consolidar la tregua incluye un proceso en dos fases:
- Un alto el fuego inmediato.
- Conversaciones directas entre Irán y EE.UU. en Islamabad.
La delegación iraní estará liderada por Mohammad-Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, mientras que EE.UU. enviará a JD Vance. Pese a las seis semanas de guerra y la desconfianza mutua, los diplomáticos en Pakistán perciben «voluntad de acuerdo«, según el excanciller Jalil Abbas Jilani. El mundo observa, pero el resultado depende de un país que, hasta hace poco, luchaba por evitar su propio colapso.







