Irán: Cómo desmantelar el régimen de los ayatolás sin guerra

Manifestantes en Irán portando pancartas contra el velayat-e faqih durante protestas masivas por reformas constitucionales y libertad

Claves del conflicto: El régimen iraní enfrenta su mayor crisis tras décadas de represión y protestas masivas.

Tras un levantamiento popular que ha dejado miles de muertos, heridos y encarcelados, Irán se encuentra en un punto de inflexión. La presencia militar estadounidense en el Golfo y las advertencias de Donald Trump sobre el programa nuclear iraní han intensificado la presión. Mientras, la destitución de Nicolás Maduro en Venezuela ha reavivado el debate sobre un «cambio de liderazgo» como alternativa a un costoso cambio de régimen.

La arquitectura del poder en Irán: un sistema en crisis

La República Islámica de Irán es un sistema único, dividido en dos subsistemas en constante conflicto: el Estado y el velayat-e faqih («tutela del jurista islámico»). Esta estructura, creada tras la revolución de 1979, otorga el poder supremo al líder religioso, actualmente Ali Khamenei, cuya autoridad prevalece sobre todas las instituciones estatales.

En 47 años, nueve administraciones estadounidenses han intentado contener al régimen con sanciones, incentivos económicos e incluso ataques militares. Sin embargo, cualquier flexibilidad ha sido táctica. El sistema se sustenta en mantras como «Muerte a Estados Unidos» y «Muerte a Israel», que refuerzan su legitimidad a través del conflicto permanente.

¿Por qué fracasan las reformas?

La incompatibilidad entre el Estado y el velayat-e faqih ha neutralizado a todos los líderes que intentaron reformar el sistema. Figuras como Mahmoud Ahmadinejad, Hassan Rouhani y Mir Hossain Moussavi fueron excluidos, encarcelados o eliminados. La lógica del régimen choca con cualquier intento de modernización, ya que su supervivencia depende de la confrontación externa y la represión interna.

La raíz del problema se remonta a 1979, cuando el clero chiita impuso una jerarquía paralela al Estado. A diferencia de la tradición chiita —descentralizada y no jerárquica—, el líder supremo se convirtió en una figura divina, por encima de las instituciones. La crisis de los rehenes en la embajada estadounidense consolidó este modelo, basado en la hostilidad hacia Occidente.

La solución: desmantelar el velayat-e faqih

El objetivo estratégico debe ser eliminar esta institución, lo que requeriría una nueva constitución. Un cambio de liderazgo implicaría un cambio de régimen, pero no puede lograrse solo con presión extranjera o maniobras de élite. Es necesario un proceso de reconciliación nacional y elecciones libres para una asamblea constitucional.

A pesar de la represión, la oposición está fragmentada. Para cambiar el equilibrio de poder, se necesita una coalición que una a antiguos adversarios bajo el lema «De Pahlavi a Moussavi». Reza Pahlavi, hijo del último shah, representa la oposición al velayat-e faqih, mientras que Moussavi, ex primer ministro encarcelado, ha renunciado públicamente a la figura del líder supremo.

Una alianza entre ambos símbolos podría generar confianza en las fuerzas de seguridad y en la comunidad internacional. Mientras Pahlavi garantizaría el fin del aventurerismo regional, Moussavi aseguraría una transición ordenada. Juntos, podrían impulsar un referéndum para redactar una nueva constitución y restaurar la soberanía popular.

El desafío es enorme, pero la historia demuestra que los regímenes basados en la represión y el conflicto externo no son eternos. La pregunta no es si caerá el velayat-e faqih, sino cuándo y cómo.

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