Fenómeno climático extremo: El Niño amenaza a Colombia con temperaturas récord y sequías prolongadas.
Colombia enfrenta una alerta climática sin precedentes. Según proyecciones del IDEAM, el fenómeno de El Niño podría consolidarse en los próximos meses como uno de los más intensos desde los años 90, con un impacto directo en el sistema eléctrico nacional y el consumo energético de millones de hogares. Las altas temperaturas y la escasez de lluvias no solo presionarán los embalses, sino que también dispararán la demanda de energía, poniendo en riesgo la estabilidad de la red y el bolsillo de las familias.
El escenario ya muestra señales críticas. Datos de XM, operador del sistema eléctrico colombiano, revelan un aumento alarmante en el uso de combustibles fósiles para garantizar el suministro. Entre enero y mayo de 2026, el consumo de carbón para generación eléctrica creció un 48%, mientras que el de gas se disparó más del 65%, según cifras de expertos del sector. Esta dependencia de fuentes no renovables refleja la vulnerabilidad del sistema ante la posible reducción de la generación hidroeléctrica, que históricamente ha sido la columna vertebral de la matriz energética del país.
A esto se suma que los niveles de los embalses, aunque aún por encima del promedio histórico, podrían caer drásticamente si las lluvias disminuyen durante varios meses consecutivos. Ante este panorama, especialistas insisten en que acciones cotidianas en el hogar —desde ajustar la temperatura del aire acondicionado hasta desconectar equipos en desuso— pueden marcar la diferencia, aliviando tanto la factura de la luz como la presión sobre la infraestructura nacional.
Estrategias clave para reducir el consumo energético en casa
El refrigerador, uno de los electrodomésticos que más energía demanda, requiere atención especial durante las olas de calor. Los expertos recomiendan:
- Evitar abrirlo constantemente y verificar que las puertas cierren herméticamente para mantener la temperatura interna.
- No introducir alimentos calientes, ya que esto fuerza al motor a trabajar más, aumentando el consumo.
- Organizar el interior para facilitar la circulación del aire y aprovechar funciones de ahorro energético si el modelo lo permite.
En el caso de las lavadoras, el ahorro pasa por dos prácticas simples pero efectivas: usar cargas completas y optar por ciclos cortos o con agua fría. Esta última medida no solo reduce el gasto de energía, sino que también contribuye a preservar el agua, un recurso que podría escasear en regiones afectadas por la sequía. Según estudios, una lavadora en ciclo frío consume hasta un 80% menos de energía que en modo caliente.
El aire acondicionado, cuyo uso se dispara con las altas temperaturas, puede convertirse en un villano para la factura de luz si no se usa con inteligencia. Técnicos sugieren:
- Programarlo entre 23°C y 24°C, una temperatura óptima para el confort sin derroche energético.
- Limpiar los filtros cada 15 días para mejorar la eficiencia.
- Mantener puertas y ventanas cerradas para evitar fugas de aire frío.
- Apagarlo cuando no sea necesario, especialmente en horas pico (entre 6:00 p.m. y 9:00 p.m.), cuando la tarifa eléctrica suele ser más alta.
Los electrodomésticos pequeños —como microondas, cafeteras o televisores— también suman al consumo fantasma. Desconectarlos cuando no estén en uso puede ahorrar hasta un 10% en la factura mensual. Además, se recomienda:
- Evitar conectar varios equipos de alto consumo simultáneamente.
- Revisar periódicamente cables y extensiones para prevenir sobrecargas.
- Priorizar el uso de regletas con interruptor para cortar la energía por completo.
Mantenimiento preventivo: la clave para evitar daños costosos
Las altas temperaturas no solo aumentan el consumo energético, sino que también aceleran el desgaste de motores, compresores y sistemas eléctricos, especialmente en equipos antiguos o mal mantenidos. Un informe de la Superintendencia de Industria y Comercio advierte que, durante fenómenos como El Niño, los reclamos por fallas en electrodomésticos pueden aumentar hasta en un 30%.
Para prevenir averías, los técnicos recomiendan:
- Limpiar filtros y bobinas de neveras y aires acondicionados cada dos meses.
- Verificar que los equipos tengan ventilación adecuada (al menos 10 cm de espacio alrededor).
- Revisar conexiones eléctricas en busca de cables pelados o envejecidos.
- Usar reguladores de voltaje en zonas con fluctuaciones frecuentes, como el Caribe o la región Andina.
Empresas como Haceb ya han lanzado campañas para promover el uso eficiente de electrodomésticos, destacando que la eficiencia energética no solo reduce costos, sino que también prolonga la vida útil de los equipos. Según la compañía, un refrigerador con mantenimiento adecuado puede durar hasta 5 años más que uno descuidado.
El IDEAM ha advertido que regiones como el Caribe, la Andina, la Pacífica y la Orinoquía podrían registrar incrementos de temperatura de hasta 4,4°C en los próximos meses. En este contexto, la Contraloría General ha exigido al Gobierno medidas urgentes para evitar una crisis de agua y energía, pero la responsabilidad también recae en los ciudadanos: «Cada kilovatio que ahorramos en casa es un aporte a la estabilidad del sistema nacional», señalaron desde el Ministerio de Minas y Energía.
¿Están los colombianos preparados para enfrentar este desafío climático sin precedentes?
El Niño y la matriz energética colombiana: ¿Por qué este fenómeno golpea más que en otros países?
Colombia es uno de los países más vulnerables a El Niño no solo por su geografía, sino por una particularidad crítica: su matriz energética depende en un 70% de la generación hidroeléctrica, según datos de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME). Esta dependencia, heredada de políticas energéticas de las décadas de 1970 y 1980 que priorizaron el bajo costo de las represas, hoy se convierte en un talón de Aquiles. Mientras países con diversificación —como Chile, que combina hidroeléctricas con solar y eólica, o México, con fuerte presencia de gas natural— logran amortiguar los impactos climáticos, Colombia enfrenta riesgos sistémicos cuando los embalses bajan.
El problema no es nuevo, pero se agrava. Durante El Niño de 1997-1998, el más intenso registrado hasta entonces, el país sufrió apagones rotativos y un racionamiento que redujo el PIB en 0,5 puntos porcentuales, según estimaciones del Banco de la República. Hoy, aunque la capacidad instalada es mayor, la demanda también ha crecido: entre 2010 y 2023, el consumo per cápita de electricidad aumentó un 40%, impulsado por la electrificación rural y el boom de electrodomésticos. Esto explica por qué, a diferencia de episodios anteriores, ahora el Gobierno no solo teme por la estabilidad del sistema, sino por un efecto dominó: si las termoeléctricas (que ya operan al límite) colapsan, el costo de importar energía de Ecuador o Venezuela —países con sus propias crisis— podría disparar las tarifas en un 30% o más, como ocurrió en Perú durante El Niño de 2016.
- Diversificación tardía: Aunque Colombia ha avanzado en energías renovables no convencionales (con proyectos solares y eólicos en La Guajira), estas aún representan menos del 10% de la matriz. La meta de llegar al 20% para 2030 podría acelerarse por necesidad, no por planificación.
- Costos ocultos: La sobredependencia de hidroeléctricas tiene un precio ambiental. Estudios de la Universidad Nacional señalan que, en sequías extremas, el Gobierno destina hasta $500.000 millones anuales (unos USD 125 millones) a subsidios para evitar alzas tarifarias, recursos que podrían invertirse en transición energética.
- Lección no aprendida: Tras el racionamiento de 1992, se prometió reducir la dependencia hídrica, pero los bajos precios de la energía en años lluviosos desincentivaron cambios estructurales. Hoy, el país paga esa postergación.
2025: ¿El año en que Colombia replantee su modelo energético?
El actual fenómeno de El Niño podría ser el detonante para una transformación que el sector lleva décadas evitando. Con proyectos como Hidroituango operando a plena capacidad (aunque con controversias ambientales) y parques solares en desarrollo, el país tiene herramientas, pero falta voluntad política para integrarlas. La clave estará en si el Gobierno logra aprovechar esta crisis para impulsar inversiones en almacenamiento con baterías (hoy casi inexistentes) y redes inteligentes que distribuyan mejor la carga. Sin esto, Colombia seguirá siendo rehén del clima, con ciudadanos pagando la factura de una transición que nunca llegó.








