Andy García en Cannes: «El cine se ahoga en franquicias y la IA no es arte»

Andy García con gesto serio en rueda de prensa en Cannes 2024, defendiendo el cine de autor frente a franquicias e IA

Crítico del sistema: Andy García desafía en Cannes la industria del cine con un discurso incómodo.

El actor y director Andy García llegó al 77º Festival de Cannes no solo para presentar su película Diamond, sino para encender un debate urgente: ¿hacia dónde va el cine cuando las franquicias ahogan la creatividad y la inteligencia artificial amenaza con reemplazar el alma humana de las películas? En una conversación con Deadline, el artista cubano-estadounidense desnudó sus preocupaciones sobre un sistema que, según él, «prioriza lo seguro sobre lo audaz».

Franquicias vs. cine de autor: «El público ya está harto»

García no ocultó su frustración con el modelo actual: «La industria apuesta cada vez más por franquicias y remakes. Eso no solo limita los papeles interesantes, sino que empobrece la experiencia del espectador». Su diagnóstico es contundente: «El público comienza a cansarse de propuestas recicladas», un síntoma que, advierte, podría derivar en un rechazo masivo a las salas.

El problema, según el actor, trasciende a la audiencia. Los actores de generaciones anteriores —aquellos que crecieron con el neorrealismo italiano o la Nouvelle Vague francesa— encuentran cada vez menos espacios para desarrollar personajes complejos. «Los mayores aún buscan historias que los conmuevan, pero el sistema les ofrece superhéroes en serie», lamentó. En este panorama desolador, solo unos pocos, como Christopher Nolan o Steven Spielberg, logran imponer sus visiones: «Ellos pueden decir «quiero hacer esto» y obtienen apoyo. Pero son la excepción, no la regla».

No todo es pesimismo. García reconoció un oasis creativo en la televisión, especialmente en colaboraciones con figuras como Taylor Sheridan (Yellowstone), donde aún se respeta el oficio actoral. Sin embargo, insistió: «El cine debería ser el faro de la innovación, no un parque temático».

Inteligencia artificial: «Prefiero a Cassavetes antes que a un algoritmo»

Ante la pregunta sobre si aceptaría ser recreado digitalmente con IA, García respondió con ironía: «Dependería de cuánto paguen», bromeó, antes de matizar: «Eso dirían mis nietos, pero yo pertenezco a otra escuela». Su postura es clara: el cine que lo formó —el de los 60 y 70, con su crudeza y humanidad— no tiene equivalente en la tecnología actual.

Aunque admitió que la IA podría ser útil en casos extremos (como completar escenas tras la muerte de un actor), su corazón late por el naturalismo: «Me atrae mucho más John Cassavetes que todo esto de la inteligencia artificial». Para García, el riesgo de normalizar estas herramientas es alto: «Si perdemos la autenticidad, el cine dejará de ser arte para convertirse en producto».

«Diamond»: El triunfo de la paciencia y el cine independiente

Su última película, Diamond, es un manifiesto en acción. Rodada con financiación privada y gestada durante casi una década, el proyecto demuestra que el cine de autor aún puede florecer fuera de los grandes estudios. «El primer borrador era de 2014, pero la idea nació cuatro o cinco años antes», reveló García. El largo camino valió la pena: «Ser invitados a una gala fuera de competencia en Cannes es un privilegio enorme».

A pesar de los recursos limitados —«no tenemos fondos para llevar a todo el equipo»—, el entusiasmo del equipo es inquebrantable: «Ahora la película tiene alas propias». Diamond no es solo un filme, sino una prueba de que, incluso en la era de los blockbusters, el cine íntimo y personal sigue teniendo un lugar.

Cuba: La herida abierta que inspira su cine

García no puede hablar de su carrera sin mencionar a Cuba, su tierra natal, que abandonó siendo un niño. Su ópera prima como director, La ciudad perdida (2005), exploró el convulso período entre la caída de Fulgencio Batista y el ascenso de Fidel Castro, basado en un texto de Guillermo Cabrera Infante. El filme no solo lo consolidó como cineasta, sino que expuso una dolorosa verdad: «Tengo un agujero en mi corazón».

Esa melancolía por una Cuba perdida sigue siendo el motor de su trabajo. ¿Puede el cine sanar heridas históricas? García parece responder con su filmografía: si no las cierra, al menos las visibiliza.

El declive del cine medio: cuando el riesgo desaparece de las salas

El diagnóstico de Andy García sobre la asfixia creativa del cine no es aislado: refleja una tendencia que analistas del sector vienen advirtiendo desde hace una década. El cine medio —aquellas películas con presupuestos modestos (entre 5 y 50 millones de dólares) pero sin el respaldo de una franquicia— ha desaparecido casi por completo de los circuitos comerciales. Según informes de la industria, en 2005 estas producciones representaban el 30% de los estrenos en EE.UU.; hoy, apenas superan el 5%. El vacío lo ocupan *blockbusters* con garantía de taquilla o *microbudgets* destinados a plataformas, dejando en tierra de nadie a directores que, como García, buscan equilibrar arte y alcance.

El fenómeno tiene raíces económicas: los estudios priorizan inversiones seguras tras el fiasco de películas como *The Flash* (2023) o *Indiana Jones and the Dial of Destiny* (2023), que, pese a sus presupuestos estratosféricos, no recuperaron costes. Pero hay un costo oculto: la pérdida de formación para nuevas generaciones. En los 90, actores como García podían alternar papeles en *El Padrino III* con proyectos independientes; hoy, los jóvenes talentos se ven obligados a elegir entre el circuito de superhéroes —con sus cláusulas de exclusividad— o el exilio en el *streaming*, donde los cachets son menores y la exposición, efímera.

  • Efecto dominó en festivales: Cannes, Venecia y Berlín han multiplicado sus secciones paralelas (como la *Quincena de Realizadores* o *Horizontes*) para dar cabida a un cine que los estudios ya no financian. En 2023, el 60% de las películas en competición en estos eventos carecían de distribuidor comercial confirmado.
  • La paradoja del *streaming*: Aunque plataformas como Netflix o Apple TV+ producen contenido de autor, sus algoritmos de recomendación favorecen el consumo masivo. Según un estudio de *Screen International*, el 85% de los usuarios no llega a ver el 1% del catálogo «de nicho» que estas empresas usan para burnir su imagen de prestigio.
  • El modelo europeo: Francia y España han implementado cuotas de pantalla para cine nacional (35% y 25%, respectivamente), pero incluso allí, el 70% de la recaudación sigue copada por producciones estadounidenses, según datos de la *European Audiovisual Observatory*.

¿Hacia un cine de gueto?

El riesgo no es solo artístico, sino cultural. Si el cine de autor queda relegado a festivales y circuitos marginales, perderemos su capacidad para generar debate público. Historias como *Parásitos* (2019) o *Nomadland* (2020) demostraron que el cine puede ser a la vez íntimo y masivo, pero son excepciones en un panorama donde lo «rentable» y lo «relevante» se divorcian. García apela a una tradición —la de Coppola, Scorsese o Almodóvar— que surgió cuando los estudios apostaban por voces disruptivas. Hoy, esa apuesta parece un lujo. La pregunta es si el público, harto de franquicias, estará dispuesto a pagar por algo distinto… o si el hábito de consumir cine como *contenido* (no como arte) ya es irreversible.

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