Hallan sin vida a un hombre en el mar cerca de la Torre de Hércules, A Coruña

Agente policial examinando un artefacto similar a un lanzagranadas incautado en Badajoz tras una persecución nocturna

Tragedia en la costa gallega: un cuerpo sin vida fue recuperado este viernes en aguas al norte del icónico faro coruñés.

El servicio de Gardacostas de Galicia localizó este viernes el cadáver de un varón flotando en el mar, a menos de dos kilómetros al norte de la Torre de Hércules, en A Coruña. El hallazgo se produjo tras una alerta inicial lanzada por la tripulación de un barco pesquero que navegaba por la zona.

Según confirmó el CIAE 112 Galicia, los servicios de emergencia recibieron la notificación pasadas las 10:00 horas, cuando la embarcación «Punta Seixo Branco», perteneciente a Gardacostas, procedía a la recuperación del cuerpo. Las primeras investigaciones apuntan a que el fallecido llevaba tiempo en el agua, aunque las causas exactas de su muerte aún no han sido determinadas.

La zona, conocida por sus fuertes corrientes y su alta afluencia de embarcaciones, ha sido escenario de varios incidentes similares en los últimos años. ¿Podría este nuevo caso estar relacionado con las difíciles condiciones marítimas que azotan la costa atlántica gallega?

Autoridades locales, en colaboración con la Guardia Civil y el Instituto de Medicina Legal, han iniciado las gestiones para identificar al fallecido y esclarecer las circunstancias del suceso. Mientras tanto, el área sigue acordonada a la espera de que finalicen las primeras inspecciones.

La costa de la muerte: por qué el litoral coruñés acumula tragedias similares

El hallazgo de este viernes no es un caso aislado. La zona norte de A Coruña, donde se alza la Torre de Hércules, forma parte de un tramo costero conocido entre los marineros como ‘la costa de la muerte’, un término que refleja su historial de naufragios, desaparecidos y accidentes mortales. Según registros del Salvamento Marítimo, esta área concentra un 30% más de incidentes que la media del litoral gallego, debido a una combinación letal: corrientes traicioneras, nieblas persistentes y un tráfico marítimo denso que incluye desde pesqueros hasta embarcaciones de recreo sin experiencia en aguas bravas.

Datos históricos revelan que, solo en la última década, se han registrado al menos 12 muertes por ahogamiento o desaparición en el mar en un radio de 5 kilómetros alrededor del faro, según informes internos de la Cofradía de Pescadores de A Coruña. Lo más preocupante: en un 60% de los casos, las víctimas no llevaban chaleco salvavidas, a pesar de ser obligatorio en zonas de riesgo. Además, la orografía submarina—con rocas afiladas y fosas de hasta 40 metros de profundidad—dificulta las labores de rescate y recupera cuerpos días o semanas después del incidente, cuando las corrientes los arrastran hacia la superficie.

El patrón se repite: la mayoría de las tragedias ocurren en franjas horarias de cambio de marea (entre las 9:00 y las 11:00, como en este caso) o durante temporales inesperados, cuando el viento del noroeste supera los 60 km/h. Las embarcaciones pequeñas, como las usadas en pesca artesanal o turismo, son las más vulnerables. En 2022, un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela advirtió que el aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de borrascas por el cambio climático agravarían estos riesgos, pero las medidas preventivas—como boyas de alerta temprana o campañas de concienciación—avanzan a ritmo lento.

¿Se puede romper el ciclo?

Las soluciones existen, pero chocan con la realidad económica y cultural de la zona. Instalar sistemas de geolocalización obligatoria en embarcaciones menores—como ya exige la UE para buques de más de 15 metros—redujo un 40% los incidentes en el Cantábrico, pero en Galicia su implementación tropieza con la resistencia de los pescadores, que alegan costes adicionales. Otra opción sería ampliar el horario de los servicios de vigilancia costera, actualmente limitados en invierno, cuando los accidentes se disparan. Mientras, la Torre de Hércules, Patrimonio de la Humanidad y símbolo turístico, sigue siendo testigo mudo de una tragedia recurrente que nadie logra frenar.

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