Avestruz de Yeferson Cossio: ¿activismo animal o capricho de lujo en Colombia?

Avestruz adolescente en finca de Guatapé, rodeado de perros y vegetación, bajo debate por tenencia de fauna exótica en Colombia

Influencer en la mira: Yeferson Cossio, defensor de animales, enfrenta críticas por comprar un avestruz adolescente en su finca de Guatapé, Antioquia.

El colombiano, conocido por promover esterilizaciones caninas y apoyar refugios, generó división al mostrar en redes su nueva mascota exótica. Mientras sus seguidores aplauden su amor por los animales, detractores lo acusan de fomentar un consumo irresponsable de fauna no doméstica. Comentarios como *»Los animales salvajes NO SON MASCOTAS»*, *»Quiere imitar el zoo de Pablo Escobar»* o *»Otro capricho de la cultura narco»* inundaron las publicaciones.

¿Un «hogar ideal» para un avestruz en Guatapé?

Cossio justifica su decisión alegando que su propiedad —donde ya conviven perros, serpientes y arañas— cumple los requisitos para albergar al ave. *»Ya llegó. ¿Qué nombre le ponemos al parcero? Es macho, adolescente»*, anunció en un video de Instagram, mostrando al animal con entusiasmo.

No es su primer avestruz: en 2024, reveló que sacrificó a un ejemplar anterior tras sufrir una caída con lesiones graves. Este antecedente reavivó el debate sobre la ética de mantener especies exóticas en cautiverio privado, incluso cuando no son nativas de Colombia. **¿Puede un influencer garantizar el bienestar de un animal que vive 50 años?**

Requisitos legales en Colombia: ¿cumple Cossio?

Aunque los avestruces son especies exóticas domésticas, su tenencia está regulada. Según la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, los dueños deben:

  • Obtener permiso de la autoridad ambiental regional y sanitaria.
  • Gestionar una licencia para manejo de especies exóticas.
  • Presentar certificado de procedencia de zoocriaderos legales.
  • Cumplir normas sanitarias para su comercialización.

El incumplimiento puede acarrear multas o la incautación del animal. Sin embargo, usuarios denuncian que muchos influencers evaden estos trámites, usando su visibilidad para normalizar prácticas cuestionables. **¿Están las autoridades fiscalizando estos casos?**

El costo oculto: $12,000 anuales por un avestruz

Mantener un avestruz va más allá del precio inicial. Según datos del sector, los gastos mensuales oscilan entre $500 y $1,000, sumando entre $6,000 y $12,000 al año. Este presupuesto incluye:

Concepto Costo estimado
Alimentación especializada $200-$400/mes
Cuidados veterinarios $150-$300/mes
Espacio adaptado (cerca, refugio) $1,000-$3,000 (inversión inicial)
Permisos y licencias $200-$500 (único)

Aunque algunos dueños monetizan estas mascotas con contenido en redes o turismo, expertos advierten: **los ingresos rara vez cubren los gastos a largo plazo**. Además, el mercado de avestruces en Colombia es reducido, lo que dificulta su reubicación si el propietario ya no puede costearlos. **¿Qué pasará con el avestruz si Cossio deja de generar ingresos?**

¿Moda peligrosa o conservación responsable?

El caso de Cossio refleja una tendencia al alza: la normalización de mascotas exóticas entre celebridades y personas adineradas. Organizaciones ambientalistas alertan sobre riesgos clave:

  • Fomento del tráfico ilegal de especies.
  • Posible abandono cuando los animales crecen o requieren más recursos.
  • Impacto en la biodiversidad local si los ejemplares escapan o son liberados.
  • Compromiso a largo plazo: un avestruz puede vivir hasta 50 años.
  • Falta de veterinarios especializados en aves exóticas en regiones como Antioquia.

*»¿Están preparados sus dueños para asumir responsabilidades de décadas?»*, cuestiona un biólogo consultado. Mientras Cossio recibe apoyo de sus seguidores, el debate ético persiste: **¿hasta dónde llega el derecho a tener una mascota exótica cuando su bienestar y el ecosistema podrían estar en riesgo?**

*»Si amas a los animales, déjalos en su hábitat»*, respondió un usuario en Twitter, resumiendo la postura de los críticos. **¿Logrará Cossio demostrar que su avestruz vive en condiciones óptimas, o este caso se sumará a los ejemplos de excentricidad irresponsable?**

El precedente de Escobar y el auge de zoológicos privados en Colombia: ¿un patrón de impunidad?

La comparación entre Yeferson Cossio y Pablo Escobar no es casual. Tras la caída del capo, su Hacienda Nápoles —con hipopótamos, jirafas y cebras— se convirtió en símbolo de cómo el poder económico permite burlar regulaciones ambientales. Aunque el caso de Cossio opera en otra escala, revela una dinámica recurrente: **la tenencia de fauna exótica como estatus social**, respaldada por lagunas legales y fiscalización laxa.

Según informes de la Contraloría General, entre 2010 y 2023, solo el 30% de los zoológicos privados registrados en Colombia cumplía al 100% con los permisos ambientales. La mayoría, como el de Cossio, opera bajo la figura de «especies exóticas domésticas», una categoría que —según ecólogos— «diluye la responsabilidad del Estado». El avestruz, al no ser nativo, cae en un vacío: no es prioridad para las autoridades de fauna silvestre, pero tampoco hay protocolos claros para su tenencia a largo plazo. En regiones como Antioquia, donde el turismo rural crece un 12% anual (datos de ProColombia), estos animales se usan como atractivo sin evaluar riesgos ecológicos.

El problema trasciende lo legal. Estudios de la Universidad Nacional señalan que el 80% de los avestruces en cautiverio privado muere antes de los 10 años por estrés, mala alimentación o espacios inadecuados. Cossio ya perdió un ejemplar en 2024, pero su caso no es aislado: en Caldas y Risaralda, granjas «educativas» con avestruces, ñus y hasta canguros han cerrado por denuncias de maltrato, dejando animales sin reubicación. La pregunta subyacente es si Colombia, con su frágil institucionalidad ambiental, está preparada para regular un mercado que mezcla vanidad, negocio y conservación.

El riesgo de normalizar lo excepcional

El verdadero peligro no es Cossio, sino el efecto dominó. Cuando un influencer con 2 millones de seguidores trivializa la tenencia de avestruces, se envía un mensaje: «Si él puede, yo también». En México, tras el auge de tigres como mascotas entre narcotraficantes, las incautaciones se dispararon un 400% en cinco años (datos de Profepa). Colombia podría repetir el patrón. La solución no es solo multar, sino cuestionar por qué la ley permite que un activista animal —con recursos y visibilidad— repita errores del pasado. Sin un debate serio sobre límite éticos (no solo legales), el avestruz de Cossio será otro eslabón en una cadena donde lo excepcional se vuelve rutina, y el bienestar animal, moneda de cambio.

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