Lima se rinde a la cocina venezolana: arepas y cachapas conquistan Perú

Arepas doradas y cachapas con queso de mano servidas en un restaurante limeño, símbolo de la fusión gastronómica peruano-venezolana

Gastronomía en transformación: La capital peruana, epicentro culinario de Latinoamérica, vive una revolución de sabores gracias a la migración venezolana.

En el corazón de Lima, una cafetería de moda ha convertido las cachapas con queso, las arepas crujientes y el pan de guayaba en platos estrella. Estos íconos de la cocina venezolana ya no son exóticos: se han integrado a la gastronomía peruana, un fenómeno que refleja cómo las oleadas migratorias redefinen los paladares. Según datos oficiales, más de 1,6 millones de venezolanos residen hoy en Perú, y su legado culinario es innegable.

«La arepa es un lienzo en blanco: admite desde aguacate hasta carne mechada. Su versatilidad la hizo ganar el corazón de los peruanos», explica a EFE el chef Juan Luis Martínez, cerebro detrás de Mérito —puesto 26° en los 50 mejores restaurantes del mundo y 4° en Latinoamérica— y de Demo, una cafetería donde el 80% del equipo es venezolano y los platos típicos son protagonistas.

Del estante limeño a la mesa: productos que cruzan fronteras

Hace cinco años, conseguir harina de maíz precocida o queso de mano en Lima era casi misión imposible. Hoy, estos ingredientes —esenciales para arepas y cachapas— abundan en mercados y tiendas especializadas. Incluso productores peruanos han empezado a elaborar versiones locales del queso venezolano, similar a la mozzarella pero con un toque salado único. «Ahora encontramos todo, hasta paperón (un queso ahumado típico)», celebra Martínez.

La invasión venezolana no se limita a restaurantes. Puestos callejeros en distritos como Miraflores o Surquillo ofrecen tequeños y empanadas de pabellón, mientras que panaderías incorporan el golfeado (pan dulce con queso) a sus vitrinas. «Ver a peruanos, europeos o asiáticos pedir cachapas como plato principal es emocionante. Muchos repiten o piden para llevar; hay una conexión que va más allá del sabor», confiesa el chef.

Chefs que reconstruyen identidades

Juan Romero, jefe de cocina de Demo, llegó a Perú en 2018, cuando la cocina venezolana era aún un misterio para los limeños. «Empezamos con cachapas y arepas benedictinas (con huevo pochado y salsa holandesa), y la reacción fue inmediata: la gente quería probar más», recuerda. Hoy, el menú incluye cachitos (panecillos rellenos de jamón), «mini lunch» (masa semidulce con jamón y queso) y, en temporadas especiales, el codiciado pan de jamón.

Romero destaca un momento clave: la Navidad de 2023, cuando Demo vendió cientos de panes de jamón. «Fue increíble ver a familias venezolanas haciendo cola para llevarse tres o cuatro unidades. Muchos lloraban al probarlo; era un pedazo de casa», cuenta. El local se convirtió en punto de encuentro para migrantes que, entre bocado y bocado, compartían historias de Caracas, Maracaibo o Valencia.

La clientela es cada vez más diversa. «Al principio venían sobre todo peruanos curiosos, pero ahora el 70% son venezolanos que trabajan cerca y buscan reconectar con su cultura a través de la comida», añade Romero. Turistas —especialmente estadounidenses y españoles— también caen rendidos: según datos internos del restaurante, el 30% de las reservas en Demo son de extranjeros que llegan por recomendaciones en redes sociales.

Fusión con propósito: cuando la arepa encuentra al ceviche

En Mérito, Martínez lleva la integración un paso más allá. Allí, la arepa se rellena con ceviche de corvina o se acompaña de salsa guasacaca (similar al guacamole, pero con vinagre y mostaza), mientras que el pan con pejerrey —un clásico peruano— se sirven con tajadas de plátano maduro, un guiño a Venezuela. «No es solo mezclar ingredientes; es crear algo nuevo que represente esta nueva etapa del Perú, donde lo venezolano ya es parte de lo peruano», subraya.

El chef insiste en el impacto social de esta fusión. «La gastronomía peruana siempre se ha nutrito de migraciones: la salsa de soya llegó con los chinos, el arroz con pollo tiene raíces africanas, y el tiradito es heredero de la cocina japonesa. Ahora le toca a Venezuela aportar su grano de sal», reflexiona. Según el Ministerio de Cultura de Perú, el 60% de los restaurantes innovadores en Lima incluyen hoy platos con influencias migratorias recientes.

Martínez sueña con que su legado trascienda los fogones. «Quiero que dentro de 20 años, un niño peruano-venezolano vea una arepa y la sienta tan suya como el lomo saltado. Eso sería el verdadero éxito».

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