Centros de datos en México: comunidades en pie de lucha por agua y energía

Mujer con cubetas de agua en Querétaro, donde centros de datos consumen recursos vitales en zona semidesértica

Crisis hídrica: Residentes de Querétaro denuncian racionamiento de agua y cortes eléctricos por la llegada de centros de datos de gigantes tecnológicos.

Rita Zeferino, habitante del semidesértico estado de Querétaro, enfrenta un estricto racionamiento de agua y frecuentes cortes de energía desde que el gobierno impulsó la instalación de centros de datos en la región. Los lugareños aseguran que estas infraestructuras agravan la escasez de recursos en una zona ya propensa a la sequía.

Impacto en comunidades locales

Los residentes de comunidades cercanas a los centros de datos, como Viborillas y Ajuchitlán, reportan que la extracción de agua y la demanda energética de la industria están sobrecargando la red eléctrica y profundizando la crisis hídrica. «El agua a veces no llega, a veces sí llega», relata Zeferino, ama de casa de 48 años.

Félix Farfán, taxista de Ajuchitlán, ha visto cómo su recibo de luz aumentó de 800 pesos a 1,200 pesos mensuales desde 2024, pese a los constantes cortes de energía. «Pienso en mis nietos. Me preocupa el futuro. ¿Qué heredarán las nuevas generaciones?», cuestiona.

Testimonios de residentes afectados

Brenda Almaraz, madre de 36 años, describe la escasez de agua como impredecible: «Algunos reciben agua solo tres días a la semana; otros pasan hasta un mes sin acceso». Para ella, «hacemos fiesta el día que hay agua porque hasta se siente viva la casa».

Los afectados vinculan directamente estos problemas con la operación de centros de datos, aunque las autoridades lo niegan. «Empezamos a darnos cuenta que constantemente hay fallas eléctricas y que algunos transformadores se han quemado», señala Farfán.

Organización comunitaria

Ante la falta de transparencia, las comunidades se organizan para exigir rendición de cuentas. Zeferino y Almaraz forman parte del Movimiento Antorchista, que demanda al gobierno de Querétaro información sobre el consumo de agua de las industrias y el fin de la escasez.

Grupos como Voceras de la Madre Tierra han presentado solicitudes de acceso a la información, pero sus peticiones no han sido respondidas. Teresa Roldán, integrante del colectivo, denuncia amenazas de muerte y acoso digital por su activismo.

Contexto político y económico

El gobierno mexicano, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha impulsado la construcción de centros de datos como parte de la «nueva economía». Desde 2022, Querétaro ha recibido inversiones por 12,000 millones de dólares de empresas como Microsoft, Google y Amazon.

Actualmente operan una docena de centros de datos en el estado, con planes para construir al menos 10 más. CloudHQ anunció en 2025 un proyecto de 4,800 millones de dólares para un complejo con seis centros de datos, prometiendo 900 empleos permanentes.

Consumo de recursos

Los centros de datos, algunos del tamaño de estadios deportivos, albergan servidores que almacenan datos globales y herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT. Estos requieren energía constante y sistemas de refrigeración que consumen grandes volúmenes de agua.

Uso intensivo de recursos

Adriana Rivera, presidenta de la Asociación Mexicana de Data Centers, defiende que la mayoría de los centros usan sistemas de refrigeración eficientes. «En el tema del agua estamos prácticamente blindados por la tecnología», afirmó. Sin embargo, los residentes contradicen esta versión.

La red eléctrica nacional, con una capacidad instalada de 200 megavatios (MW) para centros de datos, planea expandirse a 1.5 gigavatios (GW) para 2030, lo que representaría el 5% de la nueva capacidad energética del país.

Escasez de agua en comunidades

Roldán advierte que los centros de datos se ubican en áreas clave para la recarga de mantos acuíferos, agricultura y ganadería. «Le han arrebatado a las familias esos ingresos», denuncia. Mientras, el secretario de Desarrollo Sustentable de Querétaro, Marco del Prete, atribuye la escasez a problemas preexistentes.

Problemas de energía

Expertos señalan que la red eléctrica mexicana es deficiente, presionada por la industria, el crecimiento poblacional y las olas de calor. CloudHQ invertirá 250 millones de dólares para construir infraestructura que alimente sus centros en Querétaro, con una demanda inicial de 200 MW.

Masheika Allgood, fundadora de AllAI Consulting, compara el consumo energético de un centro de datos con el de «una auténtica ciudad».

Promesas incumplidas

Microsoft prometió en 2020 crear 300,000 empleos en México con una inversión de 1,300 millones de dólares. Sin embargo, en 2025 solo empleaba a 64 personas en un centro de datos, con planes de sumar 2,200 empleos durante la construcción de dos nuevos proyectos.

Los empleos permanentes generados han sido mayoritariamente de bajo nivel, como guardias de seguridad y limpieza. «A menos que tengas grandes empresas tecnológicas construyendo centros de operaciones en México, esos empleos no van a llegar», explica Allgood.

En 2022, Microsoft y ONU-Hábitat anunciaron una inversión de 3.9 millones de dólares para 21 proyectos comunitarios en Colón y El Marqués. Context verificó en 2025 que solo dos estaban terminados. En La Esperanza, un centro de datos de Microsoft se alza junto a un gimnasio abandonado y una cancha de fútbol descuidada, parte de los proyectos prometidos.

«Esta canchita se está olvidando», lamenta Víctor Manuel Chávez, entrenador local. Mariana Lorena García, investigadora de la UNAM, califica el incumplimiento como «una forma de extractivismo».

Redes de resistencia

Comunidades y académicas, como Paola Ricaurte del Tecnológico de Monterrey, forman redes para exigir transparencia sobre el impacto de los centros de datos. «Hay evidencias tangibles que a lo mejor no están cuantificadas, pero ha sido tangible para la gente», señala Ricaurte.

Los residentes siguen organizándose, pese a la opacidad gubernamental y las amenazas. «Si comparas el daño que están haciendo con la cantidad de aparentes bondades, no las hay», concluye Roldán.

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