«Nunca lo hago»: 3 errores al comer fuera que una experta en alimentos evita

Ingeniera en alimentos señalando latas y aderezos contaminados en un restaurante, mostrando riesgos al comer fuera

Comer fuera con seguridad: disfrutar de restaurantes o cafeterías es práctico, pero una ingeniera en alimentos revela qué hábitos comunes pueden poner en riesgo tu salud.

Salir a comer es sinónimo de conveniente diversión: desde reuniones sociales hasta probar platos imposibles de replicar en casa. Sin embargo, según Karen Cortez, ingeniera especializada en inocuidad alimentaria, hay tres prácticas cotidianas que ella nunca realiza al consumir alimentos fuera del hogar. Su experiencia, respaldada por estudios científicos, expone riesgos que muchos ignoran.

1. Abrir latas sin desinfectar la tapa: un error con consecuencias invisibles

Las latas de bebidas o conservas pasan por un largo viaje antes de llegar a tu mesa: bodegas, transporte, manipulación manual y exposición a ambientes no estériles. Durante este proceso, su superficie acumula polvo, suciedad y potenciales patógenos como E. coli o Salmonella.

El mecanismo de contaminación: al abrir la lata, la tapa se presiona hacia adentro, arrastrando consigo cualquier partícula adherida. Esto significa que lo que estaba fuera (en la superficie contaminada) termina dentro de tu bebida o comida.

  • Solución práctica: Usa una servilleta limpia con agua o alcohol para frotar la tapa antes de abrirla. Un gesto de 5 segundos reduce el riesgo en un 90%.
  • Dato clave: Un estudio de la FDA confirmó que el 20% de las latas sin lavar presentaba trazas de bacterias fecales.

'Nunca lo hago': 3 errores al comer fuera que una experta en alimentos evita

En restaurantes de autoservicio o buffets, este riesgo se multiplica: las latas suelen estar apiladas y manipuladas por múltiples personas.

2. Aderezos en mesas: el peligro oculto en cada gota

El ketchup, la mostaza o el ají que encuentras en las mesas rara vez se refrigeran. Permanecen expuestos a temperaturas ambientales durante horas, incluso días. Pero el problema no es solo la temperatura: cada vez que alguien usa el dispensador, introduce bacterias a través de:

  • Contacto directo: dedos que tocan la boquilla después de manipular alimentos crudos (como hamburguesas o pollo).
  • Utensilios contaminados: cucharas o cuchillos que se sumergen en el aderezo tras estar en contacto con platos usados.
  • Crecimiento microbiano: estos productos, al ser abiertos, pierden su acidez protectora. Bacterias como Listeria pueden proliferar en solo 24 horas a temperatura ambiente.

Cortez advierte: «Un frasco de salsa abandonado en una mesa a 25°C durante una semana puede albergar hasta 10,000 UFC/mL (unidades formadoras de colonias) de bacterias».

Alternativa segura: solicita aderezos en porciones individuales selladas o verifica que los dispensadores se refrigeran entre usos.

3. Secadores de aire en baños: ¿limpieza o dispersión de gérmenes?

Un estudio de la Universidad de Connecticut (2018) demostró que los secadores de manos de alta velocidad no solo no eliminan bacterias, sino que las esparcen. El problema radica en su mecanismo:

  • Aire no filtrado: aspiran microorganismos suspendidos en el ambiente del baño (incluyendo partículas de heces o orina en aerosol).
  • Efecto «tormenta bacteriana»: el flujo de aire a 600 km/h (en modelos industriales) dispersa bacterias hasta 3 metros de distancia, contaminando superficies y manos recién lavadas.
  • Comparativa: las toallas de papel reducen la carga bacteriana en un 77% gracias a la fricción, mientras que los secadores pueden aumentarla en un 25%.

«No se trata de paranoia, sino de probabilidades«, explica Cortez. «Si el baño tiene mal ventilación o alta afluencia, el riesgo de reinfectar tus manos con Staphylococcus o Enterococcus es real».

Recomendación: lleva toallas de papel desechables o usa tu ropa (como el dobladillo de la camisa) en emergencias.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí
Etiquetado: