Control digital: Rusia intensifica su ofensiva contra Telegram con restricciones técnicas que ralentizan su funcionamiento y limitan herramientas clave.
La Agencia Federal de Supervisión de las Telecomunicaciones (Roskomnadzor) acusó a la plataforma de incumplir la legislación rusa contra fraudes, delitos y el uso de la app con «fines criminales y terroristas». Las medidas incluyen multas que superan los US$800.000 por negarse a retirar contenidos solicitados por el Kremlin.
Usuarios reportan fallas como descargas de video más lentas y dificultades para acceder a funciones esenciales. Roskomnadzor advirtió que «continuará introduciendo restricciones graduales» hasta que Telegram se ajuste a las normas locales.
Para críticos, la decisión forma parte de una estrategia más amplia del Kremlin para controlar internet y restringir la circulación de información, especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania y la represión a disidentes.
Pável Dúrov, fundador de Telegram, respondió con dureza: «Restringir la libertad de los ciudadanos nunca es la solución correcta. Telegram defiende la libertad de expresión y la privacidad, independientemente de las presiones». Dúrov acusó a Moscú de promover herramientas de vigilancia masiva y censura política.
La apuesta por una «súper app» estatal
Mientras bloquea Telegram, Rusia impulsa Max, una aplicación nacional que integra mensajería, servicios bancarios, almacenamiento de documentos y trámites gubernamentales. Su modelo recuerda a WeChat en China, pero con un detalle clave: el Kremlin niega que sea un mecanismo de monitoreo.
Expertos en ciberseguridad advierten que Max podría convertirse en una herramienta de rastreo estatal, facilitando el acceso a datos personales y comunicaciones privadas.
¿Por qué Telegram es un objetivo clave?
Las tensiones entre Rusia y Telegram no son nuevas. En 2025, el gobierno ya había limitado llamadas de voz y video en la app, además de aplicar restricciones similares a WhatsApp y bloquear FaceTime de Apple. Las autoridades justificaron estas medidas con el argumento de «aumentar la seguridad digital» ante el crecimiento de estafas en línea.
Sin embargo, organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y Amnistía Internacional señalan que el verdadero objetivo es silenciar voces críticas. Rusia ocupa uno de los últimos lugares en los índices globales de libertad de prensa, y Telegram era uno de los últimos espacios para la disidencia.
Telegram es vital en Rusia: medios de comunicación, figuras políticas e incluso dependencias oficiales del Kremlin lo usan para difundir información. Aunque en 2020 fracasó un intento de prohibición total, las nuevas restricciones representan el mayor endurecimiento contra la plataforma en años.
¿Logrará el Kremlin imponer su alternativa estatal, o los usuarios encontrarán formas de eludir el bloqueo? La batalla por el control digital en Rusia está lejos de terminar.








