Futuro autónomo, error humano: Los robotaxis de Waymo revolucionan el transporte, pero un simple despiste de los pasajeros los deja varados.
Lo que parecía sacado de una película de ciencia ficción ya circula por las calles: vehículos que se desplazan sin conductor. En ciudades como San Francisco, basta con pedir un robotaxi desde una app para que el coche llegue solo, identificando al pasajero con sus iniciales en una pantalla LED del techo. Una escena futurista que, sin embargo, choca con problemas cotidianos.
El talón de Aquiles de los robotaxis
Problema inesperado: No son los atascos por fallos técnicos ni los cláxones a las 4 a.m. lo que más preocupa a Waymo. El verdadero dolor de cabeza es algo tan básico como una puerta mal cerrada. Si un pasajero deja una puerta entreabierta al finalizar el viaje, el vehículo queda bloqueado, incapaz de reanudar su servicio hasta que alguien la cierre correctamente.
Waymo confirmó a medios como CNBC y TechCrunch que este detalle, aparentemente menor, se convierte en un obstáculo operativo. Un simple descuido humano paraliza toda la flota, obligando a la compañía a buscar soluciones rápidas para devolver los coches a la circulación.

Un repartidor de DoorDash recibió US$11,25 por cerrar una puerta de un robotaxi en Atlanta.
La solución low-tech: pagar a repartidores
Ante este problema, Waymo ha encontrado una solución tan ingeniosa como reveladora: contratar a repartidores de apps como DoorDash para que cierren las puertas. En Atlanta, la compañía está probando un sistema que alerta a repartidores cercanos cuando un vehículo queda inmovilizado. La tarea es sencilla: acercarse, cerrar la puerta y permitir que el robotaxi vuelva a operar.
Los pagos varían. Un repartidor recibió US$11,25 por el encargo, mientras que otro cobró US$6,25 por el desplazamiento y US$5 adicionales tras verificar el cierre. No es un caso aislado: en otras ciudades, Waymo ha recurrido a usuarios de Honk, una plataforma de asistencia en carretera, ofreciendo hasta US$24 por resolver el mismo problema.

En algunas ciudades, Waymo paga hasta US$24 a colaboradores externos por cerrar puertas de sus robotaxis.
¿Autonomía real o dependencia encubierta?
Hoy, la flota de Waymo está compuesta por vehículos eléctricos Jaguar I-PACE adaptados para conducción autónoma. Aunque estos coches son capaces de navegar por las calles sin intervención humana, siguen dependiendo de personas para resolver imprevistos tan simples como una puerta mal cerrada. La compañía, propiedad de Google, asegura que este problema tendrá solución: sus futuros robotaxis incluirán cierre automático de puertas. Pero, por ahora, el presente del coche autónomo muestra una paradoja: tecnología de vanguardia que tropieza con detalles domésticos.
Mientras tanto, los usuarios siguen viviendo esa doble cara de la movilidad autónoma: sofisticación en la conducción, pero con un recordatorio constante de que, en el fondo, la perfección aún depende de un gesto humano.
Lecturas relacionadas:
– Cuando San Francisco sufrió un apagón, sus calles se hundieron en el caos por un motivo: coches autónomos tirados








