Tensiones sin tregua: Las negociaciones entre Irán y EE.UU. vuelven a fracasar, sumando un nuevo capítulo a una década de intentos fallidos.
El jefe de la Asamblea Consultiva iraní y líder de la delegación en Islamabad, Mohammad Bagher Ghalibaf, responsabilizó directamente a Estados Unidos por el colapso del diálogo. Según su declaración, la «falta de confianza» fue el obstáculo central, un problema recurrente en las relaciones bilaterales desde hace años.
Ghalibaf detalló en su cuenta de X (antes Twitter) que Irán presentó «propuestas de largo alcance», pero criticó que la contraparte estadounidense no ofreció «garantías creíbles» para Teherán. Tras las intensas rondas de negociación, aseguró que la postura iraní quedó «totalmente clara» para Washington, aunque sin avances concretos.
«Ha llegado la hora de que EE.UU. decida si quiere ganar nuestra confianza o no», advirtió Ghalibaf, dirigiendo un mensaje directo al gobierno de Joe Biden, según recoge ABC News. El tono refleja la frustración acumulada tras 21 horas de reuniones maratonianas que terminaron sin acuerdo.
Ambas delegaciones atribuyeron el estancamiento a motivos opuestos: mientras Irán exigía compromisos verificables, EE.UU. habría condicionado cualquier avance a concesiones previas de Teherán, un patrón que se repite desde 2015, cuando se firmó el acuerdo nuclear (JCPOA), luego abandonado por la administración Trump en 2018.
Pakistán pide contener la escalada: ¿puede evitarse un nuevo conflicto?
El canciller pakistaní, Ishaq Dar, intervino para subrayar el papel de Islamabad como «facilitador neutral» en el proceso. Aunque reconoció el carácter «agotador» de las conversaciones, instó a ambas potencias a respetar el alto el fuego vigente y evitar acciones que profundicen la crisis.
«Es vital que ambas partes mantengan este cese de hostilidades», declaró Dar, quien reafirmó el compromiso de Pakistán para seguir promoviendo el «diálogo y el entendimiento». Su llamado incluye un objetivo ambicioso: «lograr una paz duradera y prosperidad para Asia Occidental», una región históricamente inestable por conflictos geopolíticos y disputas energéticas.
El fracaso en Islamabad se enmarca en un contexto más amplio: según registros diplomáticos, solo 2 de los últimos 10 intentos formales entre Irán y EE.UU. han derivado en acuerdos parciales. La desconfianza mutua, alimentada por sanciones económicas y declaraciones belicosas, convierte cada encuentro en un juego de poder más que en una negociación genuina. ¿Podrá Pakistán —o algún otro mediador— romper este ciclo?
Mientras Teherán insiste en que la pelota está en el tejado de Washington, analistas advierten: sin un cambio radical en el enfoque de ambas partes, el riesgo de una escalada militar en el Golfo Pérsico —clave para el suministro global de petróleo— sigue latente.








