Legado empresarial en Colombia: Un ejecutivo que transformó su trayectoria en sinónimo de aprendizaje continuo.
Jorge Mario Velásquez no mide su carrera en Grupo Argos por títulos o poder, sino por décadas de crecimiento personal y profesional. Tras 42 años en la compañía —desde sus inicios como asistente en una planta de mezclas hasta su presidencia—, se despide como el «eterno aprendiz«, un líder que priorizó la ética y la adaptación sobre el reconocimiento. Su salida, anunciada en la reciente asamblea de accionistas, marcó un hito emocional: una ovación prolongada que lo sorprendió. «Nunca busqué aplausos; ver a todos de pie me abrumó«, confesó al medio EL COLOMBIANO.
Velásquez deja el cargo con «paz interior«, asegurando que actuó «sin atajos». Bajo su liderazgo, el grupo redefinió su estructura: vendió activos, se internacionalizó y desmontó las participaciones cruzadas con el Grupo Empresarial Antioqueño, simplificando su modelo para inversionistas. «La compañía queda lista para un nuevo ciclo», afirmó, destacando logros como reducir la deuda neta de $13,3 billones (2016) a casi cero en 2026, y multiplicar la utilidad neta de $600.000 millones a $4,3 billones.
El primer día que lo marcó para siempre
El 19 de septiembre de 1983 cambió su vida. Como estudiante de Ingeniería Civil en la EIA, ingresó a Argos como asistente en la planta de mezclas Sur. «Fue un aterrizaje a la realidad«, recordó. Pasar de las aulas a generar sus primeros ingresos —y aplicar conocimientos técnicos— lo conectó con el «valor del trabajo ético«. «Aprendí que el éxito no justifica pisar a otros», subrayó, agradecido por haber encontrado una organización alineada con sus principios desde el primer día.
Familia: el «préstamo» de 42 años
En la asamblea, un accionista agradeció a su familia por «prestar» a Velásquez al grupo durante décadas. Él respondió que el verdadero sacrificio fue el tiempo, pero sin arrepentimientos: «Nunca me privé de ver crecer a mis hijos o nietos». Reconoció que el equilibrio fue posible gracias al apoyo de su esposa e hijos, quienes entendieron su dedicación. «Con los años, valoras más dos horas con un nieto que cualquier reunión», reflexionó, destacando que la empresa promovió un balance de vida desde sus raíces.
«Me llevo el cariño, dejo responsabilidades»
Al cerrar este capítulo, Velásquez prioriza dos legados: el afecto de miles de colegas y una compañía sólida. «Lo más valioso es el cariño; lo demás son responsabilidades que ahora corresponden a otros», dijo. Su sucesor, Juan Esteban Calle (quien asume el 1° de abril), heredará una organización con «bases robustas» en infraestructura, cemento y energía, y una cultura que, según él, es su «activo más importante». «Mi mayor éxito será que a Argos le vaya mejor de aquí en adelante», sentenció.
Rutina de un presidente: entre reuniones y madrugadas
Su día comenzaba a las 4:30 a.m., revisando medios y correos antes de llegar a la oficina a las 7:30. «La agenda era frenética», admitió: reuniones back-to-back, viajes internacionales por operaciones en 12 países, y el desafío de equilibrar su rol con compromisos externos, como la Universidad EIA o la Andi. Aunque reconoció dormir menos de lo necesario, su disciplina reflejó una carrera construida sobre constancia y adaptabilidad.
Navegando crisis: pandemia y tres gobiernos
Velásquez enfrentó tres administraciones nacionales y la pandemia, el «episodio más disruptivo» de su gestión. «No había visibilidad sobre cuánto duraría», recordó. Las decisiones clave fueron: 1) proteger vidas, 2) preservar empleos, 3) mantener la salud financiera y 4) apoyar comunidades. «Hoy sé que fueron las correctas», afirmó. Sobre los ciclos políticos, advirtió: «Las empresas con visión de largo plazo sobreviven a gobiernos buenos y malos, pero este último periodo ha sido especialmente difícil por una postura antiempresa que frena la inversión privada».
Criticó decisiones «ideológicas» en el sector energético, como importar gas a 15 dólares por millón de BTU (cuatro veces el precio en EE.UU.), lo que «destruye competitividad«. Urgió a corregir estas políticas para evitar daños irreversibles a la economía.
El «desenroque»: cómo se desmontó un sistema de 90 años
Uno de sus mayores desafíos fue resolver las participaciones cruzadas entre Argos y Grupo Sura, un legado del «Sindicato Antioqueño» que databa de 1934. Tras analizar ocho opciones, optaron por una absorción accionaria que beneficiara directamente a los inversionistas. «Debía ser equitativa, no debilitar las empresas y ser positiva para el país», explicó. La familia Arango, histórica gestora de este modelo, respaldó la decisión: «Las participaciones cruzadas cumplieron su propósito, pero hoy era correcto desmontarlas», citó Velásquez.
María Mercedes Arango, hija de Adolfo Arango (97 años), celebró que la estructura evolucionara para enfocarse en infraestructura, cemento y energía. «El grupo queda más claro para los mercados», concluyó el ejecutivo.
Elecciones 2024: «Un punto de inflexión para Colombia»
Velásquez alertó que las próximas elecciones son «decisivas» para el futuro nacional. Propuso tres pilares urgentes:
- Seguridad jurídica y física: «Un país sin condiciones para vivir e invertir se debilita».
- Alianza público-privada: «La inversión privada no es un enemigo; complementa al Estado en infraestructura, energía y servicios esenciales».
- Inclusión social: «Hay una población que siente que no tiene oportunidades. El próximo presidente debe darles esperanza y propósito común«.
Criticó la polarización y propuso mirar modelos que «funcionan hacia adelante«, como la inteligencia artificial o las energías renovables. «No podemos quedarnos en los años 80», advirtió, comparando la unidad nacional durante partidos de la selección de fútbol con la necesidad de un «proyecto país» que trascienda ideologías.
Vida después de Argos: perros, rock y arte
Al dejar la presidencia, Velásquez planea recuperar pasiones postergadas. Su esposa, Doña Paula, insiste en adoptar un perro para reemplazar a Kilo, su mascota fallecida hace dos años. «Me impactó mucho su pérdida», confesó. El nombre del perro tenía historia: en su juventud, lo apodaban «Kilométrico» por su estatura (1.90 m) y contextura delgada, mientras a su hermano lo llamaban «Milimétrico». «Alguien bautizó al perro como Kilo, y quedó», recordó entre risas.
Su playlist post-jubilación incluye rock clásico: Pink Floyd, Queen y Genesis. «Les dedicaré tiempo», prometió. También retoma lecturas pendientes, como la biografía de Winston Churchill, y planea explorar el arte contemporáneo colombiano, desde consagrados como Hugo Zapata hasta emergentes como Diego Díaz. Aunque confiesa que una serie sobre los Murdoch lo «impactó para mal», prefiere enfocarse en lo positivo: «Quiero redescubrir las galerías de Medellín y Bogotá».
Su mensaje final resonó como un llamado a la acción: «Colombia necesita un gobierno que proyecte hacia adelante, no hacia atrás. El mundo está lleno de oportunidades, y nosotros tenemos el talento para aprovecharlas».








