Crisis de vivienda en Colombia: renuncias a compra suben 70% con Petro y golpean a familias pobres

Familia colombiana revisa papeles de compra de vivienda VIS con expresión de preocupación por el alza del 70% en renuncias

Sueño de casa propia: Más colombianos abandonan el trámite de compra bajo el gobierno actual.

El sector de la construcción en Colombia enfrenta una de sus peores crisis bajo el mandato de Gustavo Petro, y el impacto más doloroso recae sobre las familias de menores ingresos. Mientras el mercado inmobiliario registra caídas históricas en ventas y nuevos proyectos, el dato más alarmante es el aumento del 70 % en renuncias a compra de vivienda, según cifras de Camacol y Coordenada Urbana. Esto significa que miles de hogares, tras iniciar el proceso para adquirir su hogar, se ven obligados a desistir del sueño de la casa propia.

Durante el gobierno de Iván Duque (2019–2022), las renuncias sumaron 79.401 casos, una cifra ya preocupante en medio de la pandemia. Sin embargo, en el período de Petro (agosto 2022–febrero 2026), la cifra se disparó a 134.730, lo que evidencia un deterioro estructural en el acceso a vivienda formal. El problema no es solo económico: es un retroceso social que afecta especialmente a quienes más necesitan un techo digno.

VIS: el segmento más golpeado, con un alza del 130 % en renuncias

La Vivienda de Interés Social (VIS) —dirigida a hogares de bajos ingresos— es la más castigada. Las renuncias en este segmento se dispararon de 44.397 a 102.356, un incremento del 130,6 %. En contraste, la vivienda No VIS (para estratos medios y altos) registró una caída del 7,5 %, al pasar de 35.004 a 32.374 renuncias. La brecha revela una crisis de exclusión: mientras los más ricos mantienen cierta estabilidad, los más pobres quedan fuera del sistema.

El golpe definitivo llegó en diciembre de 2024, cuando el Gobierno suspendió el programa Mi Casa Ya, un mecanismo clave de subsidios para familias vulnerables. Los constructores advierten que los retrasos en subsidios y los cambios abruptos en las condiciones financieras han dejado a miles de hogares sin capacidad para cerrar la compra. Además, el aumento del salario mínimo (23,7 % en 2026) elevó el tope de precio de la VIS a $262 millones en ciudades principales —$49 millones más que en 2025—, excluyendo a miles de posibles compradores.

El panorama se agrava con el encarecimiento del crédito: el Banco de la República subió su tasa de interés del 9,25 % al 10,25 %, lo que se traduce en cuotas mensuales más altas y plazos extendidos hasta 25 años. Paralelamente, los costos de construcción crecieron del 3 % al 5,51 %, y la mano de obra —que representa más del 20 % del presupuesto— registra alzas del 13,3 %. Andrés Giraldo, gerente de Growth Lab, resume el problema: «Estas presiones se trasladan al precio final en un momento de demanda débil, ahogando a las familias».

Medellín lidera la caída: intención de compra de VIS se desploma 43 %

En Medellín, la disposición a comprar vivienda VIS cayó 43 puntos porcentuales a inicios de 2026, según Fedesarrollo, casi el doble del promedio nacional (22 puntos). Camacol alerta que, si la tendencia continúa, las renuncias podrían superar las 45.000 unidades adicionales en los próximos meses. El problema no es solo económico: es un colapso de confianza en el mercado.

El impacto se concentra en los hogares más vulnerables, que dependen de subsidios y créditos blandos. Guillermo Herrera, presidente de Camacol, lo confirmó en el Foro Económico Sectorial de Plaza Mayor: «Llevamos 33 meses de caídas continuas en iniciaciones de vivienda; nos retrocedimos más de una década». Hoy, Colombia construye apenas 115.000 viviendas anuales, muy lejos de las 200.000 que se iniciaban en 2022, mientras se forman 390.000 nuevos hogares cada año. La brecha es abismal: el país necesita el doble de viviendas de las que produce.

Alquileres en auge: por primera vez hay más hogares en arriendo que en vivienda propia

El colapso en la compra de vivienda ha disparado la demanda de arriendos. Mauricio Torres Romero, gerente de Ciencuadras.com, explica que miles de familias, al no poder comprar, quedan atrapadas en el mercado de alquiler, donde los precios también se disparan. En 2025, los arriendos subieron un 9,5 % en casas y un 7,5 % en apartamentos, mientras el canon mediano aumentó un 10,9 % en el primer semestre de 2026.

Por primera vez en la historia, hay más hogares en arriendo (7,3 millones) que en vivienda propia (7,1 millones). Además, la demanda de apartaestudios se duplicó, pasando de representar el 2,8 % al 5,7 % del mercado. La vacancia es casi nula: lo poco que sale al mercado se alquila en días. ¿El resultado? Una generación de colombianos condenada a pagar renta sin posibilidad de patrimonio.

Incertidumbre normativa: 132.000 viviendas VIS en riesgo por desindexación del salario mínimo

La crisis se profundiza con la incertidumbre legal. El proyecto de decreto que busca desindexar la VIS del salario mínimo ha generado pánico en el sector. Según Camacol, esta medida pondría en riesgo 132.000 unidades, con inversiones por 27 billones de pesos. En Antioquia, el golpe sería aún mayor: 15.000 viviendas (el 37 % de la oferta en desarrollo) podrían paralizarse.

El solo anuncio del decreto ya tuvo efectos devastadores: en los dos primeros meses de 2026, las ventas cayeron un 11 % y las iniciaciones de proyectos se desplomaron más del 40 %. Si la norma avanza, Camacol proyecta que las renuncias superarán las 45.000 unidades adicionales y las iniciaciones de vivienda caerán a 83.000 en 2026, la cifra más baja en una década.

El reto del próximo Gobierno: recuperar 3 programas clave para salvar la VIS

Con más de 134.000 renuncias en tres años y medio —y 102.000 solo en VISfracaso de política pública. Sandra Forero, concejal de Bogotá y expresidenta de Camacol, señala que la crisis responde a la falta de continuidad en los programas sociales. El próximo Gobierno deberá actuar en tres frentes urgentes:

  • Recuperar Mi Casa Ya y subsidios: Blindar programas como cobertura de tasa de interés, arriendo con opción a compra y los fondos de las cajas de compensación y el Fondo Nacional del Ahorro.
  • Disciplina fiscal: El desequilibrio en las cuentas públicas presiona las tasas de largo plazo, encareciendo los créditos hipotecarios.
  • Estabilidad macroeconómica: Los aumentos del salario mínimo sin mejoras en productividad generan inflación y tasas de interés más altas, mientras un mercado laboral débil restringe el acceso al crédito.
  • Simplificar trámites: Reducir los tiempos de aprobación de proyectos, que hoy pueden superar los 18 meses en algunas ciudades.

Sin estas medidas, el sueño de la casa propia seguirá siendo eso: un sueño inalcanzable para millones. ¿Podrá el próximo Gobierno revertir el daño, o Colombia se resignará a ser un país de arrendatarios?

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