Cuba 2024: 16 horas sin luz y hambre marcan el peor colapso en 30 años

Fila de autos bajo el sol en Cuba esperando gasolina durante apagón de 16 horas con edificios oscuros al fondo

Crisis sin precedentes: Cuba enfrenta su peor escenario desde los 90, con apagones récord y un racionamiento que ni siquiera cubre lo básico.

En la gasolinera Los Pinos —una de las 30 estaciones estatales que aún operan con electricidad en Matanzas—, los conductores aplauden exhaustos cuando las luces se encienden tras 24 horas de oscuridad. Más de 100 vehículos forman filas desde el amanecer en un sistema de colas informal donde perder el turno significa quedarse sin el bien más preciado: gasolina a 1,10 USD por litro, un lujo inalcanzable cuando el salario promedio estatal equivale a 15 dólares mensuales en el mercado paralelo.

Hoy, Los Pinos solo atiende a coches de alquiler, un negocio que floreció hasta que el gobierno cerró una laguna legal. Antes, alquilar un auto por 100 dólares diarios, llenar el depósito dos veces y revender el combustible en provincias era un negocio redondo. Ahora, solo los no residentes pueden repostar allí. Mientras, en el mercado negro, el litro de gasolina escaló de 2.000 a 6.000 pesos cubanos en semanas, un aumento del 200% que refleja el colapso de la oferta.

Apagones históricos y hambre: el código postal decide tu supervivencia

Los cortes de electricidad son ahora más largos e impredecibles, con una brecha abismal entre zonas. Cerca de hospitales o bases militares —como en Santiago de Cuba— hay luz casi permanente. Pero en barrios periféricos como San Justo (Guantánamo), las calles sin asfaltar se hunden en la oscuridad hasta 16 horas al día. Muchos han vuelto a cocinar con carbón, cuyo precio supera los 1.300 pesos por saco en el oriente del país, una región donde el salario medio no llega a los 5.000 pesos mensuales.

Pero cocinar exige alimentos. La tarjeta de racionamiento —símbolo de la Cuba revolucionaria— ahora solo garantiza 1 kg de arroz, 1 libra de azúcar, un panecillo diario y cuatro paquetes de cigarrillos sin filtro (que muchos revenden por 200 pesos cada uno). La carne y el pescado desaparecieron en 2023, y el aceite de cocina, antes subvencionado, cuesta 5 dólares el litro en zonas remotas —el mismo precio que la gasolina de contrabando—. «Antes al menos teníamos frijoles y huevos«, recuerda María, una jubilada de 72 años en Holguín. «Ahora ni eso».

La mendicidad y las personas durmiendo en las aceras —imágenes impensables hace una década— son ya cotidianas. La basura se acumula sin recoger durante semanas, y el transporte público ha colapsado: en La Habana, esperar un «guagua» (autobús) puede tomar 4 horas. Quienes vivieron el «período especial» de los 90, tras la caída de la URSS, insisten en que «esto es peor». «Entonces teníamos hambre, pero había esperanza», dice Roberto, un exobrero de 58 años. «Ahora no hay ni lo uno ni lo otro».

Remesas y dólares: la Cuba de dos velocidades

La isla se divide entre quienes reciben remesas del extranjero (principalmente desde EE.UU. y España) y quienes dependen del Estado. Los primeros pueden permitirse aceite a 5 dólares o carbón a 1.300 pesos; los segundos sobreviven con un salario mensual de 6.500 pesos (15 USD en el mercado informal). Mientras, los negocios privados —aunque altamente regulados— prosperan en la economía dolarizada. Muchos son más eficientes que las empresas estatales, lo que permite a sus dueños acceder a divisas en un contexto donde el dólar se revalúa diariamente.

Pero este sector también enfrenta obstáculos. Desde febrero de 2024, todas las importaciones deben pasar por la Zona Franca de Mariel, un puerto alejado que encarece los costos en un 30%. Además, el gobierno de EE.UU. autorizó a empresas privadas a importar combustible, pero con una condición clave: no puede venderse al Estado cubano. Analistas prevén un auge de empresas fantasma para eludir la norma, lo que podría generar un caos logístico en un país sin experiencia en gestión privada de hidrocarburos.

Guantánamo, capital de la provincia más pobre de Cuba, ejemplifica estas contradicciones. Los salarios estatales están un 20% por debajo del promedio nacional, y las oportunidades para emprender son escasas. Sin embargo, la agricultura local y las remesas —que representan el 40% de los ingresos familiares en la zona— mantienen a flote a parte de la población. En el centro de la ciudad, bares como el Downtown Bar ofrecen platos de cerdo y pollo por 3.500 pesos (unos 8 USD), mientras que a pocos kilómetros, en San Justo, los vecinos cocinan con carbón en calles sin pavimentar y sin alumbrado público desde hace meses.

¿Hacia dónde va Cuba?

«Esto es peor que el período especial«, repiten los cubanos mayores de 60 años, quienes recuerdan los 90 como una época de escasez, pero con redes de apoyo comunitarias que hoy brillan por su ausencia. La brecha entre quienes tienen acceso a dólares —ya sea por remesas, negocios o trabajo en el sector turístico— y quienes dependen del Estado se ensancha cada día. Mientras, el gobierno pierde el control de una economía que se dolariza a marchas forzadas: en mayo de 2024, un litro de aceite cuesta lo mismo que un salario mensual completo.

El colapso del sistema eléctrico, la hiperinflación y la falta de alimentos básicos pintan un escenario sin precedentes. «El Estado ya no puede garantizar ni lo mínimo», advierte un economista de la Universidad de La Habana, quien prefirió el anonimato. ¿Cuánto falta para que la presión social estalle?

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